17/02/2005 | 887

Mejor no hablar de ciertas cosas

Por Hernán

Debido a que nos llega la prensa el día sábado, solicito que se publique esta carta en el número 887.


 


Ni liviano ni chistoso, la carta que envié en el número 885, por oposición, es pesada y trágica.


 


La xenofobia antipiquetera, la violencia y el abuso sobre la mujer son realidades a las cuales el partido no es inmune, todo lo contrario.


 


Las desviaciones pequeñoburguesas no son un enunciado que sólo figura en los clásicos del marxismo. Las presiones contrarrevolucionarias se reflejan en la vida cotidiana y pueden hacer carne en nuestra intervención en la lucha de clases si en vez de llevarlas a la discusión política se las oculta.


 


Hay cosas que pueden demostrarse fácilmente, como es el hecho de que en base a encontrar “un error”, cualquiera sea, lo utilicemos para denostar contra el partido o capitular y a la vez sentirnos más marxistas que Engels, más leninistas que Trotsky, más trotskistas que Lenin.


 


Pero mucho más difícil es cuando estas desviaciones se plantean en la violencia sobre la mujer, sobre todo cuando media un pacto de silencio y la negativa absoluta de reconocerlo, tanto de la víctima como del victimario.


 


Cuando por falta de pruebas se corre el riesgo de caer en la calumnia (tampoco puedo probar que la Tierra se mueve, al menos con los elementos de que dispongo) la ironía sirve, a veces, para impedir que se esconda la basura bajo la alfombra.


 


No se trata de iniciar una caza de brujas, sino de evitar que un rasguño se transforme en gangrena. (…)


 


Después de esto, que la compañera C. Consiglio diga que he perdido la razón, justificadamente por supuesto, suena como una palmadita en el hombro…


 


Pero no todo está mal en nuestra regional, ya que tenemos la virtud de dar un paso atrás pero dos grandes hacia adelante, como lo demuestran las alternativas que presentamos para las elecciones, donde con el reparto de las horas disponibles de trabajo, ¡¡¡terminamos con la desocupación!!! y como somos muy pícaros, para no asustar a la clase media, no hablamos de una alternativa obrera y socialista, sino de una nueva salida social.


 


Me despido rápidamente porque tengo que compartir con mi compañera las tareas hogareñas; hoy me toca lavar y planchar.

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