21/11/1996 | 520

¿Qué pasa con «El Rancho”?

Desde hace algunos meses pre­ocupa a toda la comunidad educa­tiva de San Martín la situación de la EET N° 3, “Prefectura Naval Argentina”, entre nosotros, “El Rancho”, como es conocida cariñosamente.


El edificio que actualmente ocupa esta escuela, se encuentra comprometido y en peligro de ser utilizado para otros fines; según fuentes confiables, será absorbido por una cadena de hipermercados y, como esto ya es parte del particu­lar folclore del actual gobierno, los esfuerzos que se hacen en contra­rio chocan irremediablemente con­tra la pared duhaldista.


Lo que nos sorprende de esta situación no es el descuido guberna­mental por la escuela pública, ni la rapiña de los hipermercados, ni aun la posición de los dueños, que cobran 11.500 dólares mensuales en con­cepto de alquiler, y que prefieren el precio ofrecido por la multinacional al valor fiscal irrisorio que ofrece la provincia (quizá con este propósito) y que asciende a 400.000 pesos; sino la posición de los directivos y gran parte del cuerpo docente que se en­cuentra inmerso en una suerte de “dancing en el Titanic”, con la ilusión de que nada va a pasar. Y es que están centrando su esfuerzo en que, ya sea la provincia o la munici­palidad (lo que significaría un paso a la municipalización de la escuela pública para la posterior privatiza­ción), se hagan cargo del pago de la suma necesaria para la firma del boleto de compra-venta antes de fe­brero, mes en el cual vence el plazo previsto en la Ley de Expropiación que afecta al inmueble. Así, entre reuniones con secretarios del muni­cipio, con los dueños (que no se pre­sentan, obstaculizando el trámite) y con funcionarios de mediana gra­duación, los responsables de la es­cuela siguen comprando vidrios de colores, rechazando las reiteradas ofertas de ayuda para la moviliza­ción popular en contra de este atro­pello a la escuela pública, con la excusa de que, hacer pública esta verdad, que ya es un secreto a voces, lesiona la ya escasa inscripción (que en realidad es producto de la nefasta Ley de Educación, que tenemos la desgracia de sufrir). Lo que no dicen es que este argumento tiende a ocul­tar las rencillas domésticas que ocu­pan la mayor parte del tiempo de loe directivos, que no dejan de desacre­ditarse mutuamente, engordando el caldo de la Gianettassio.


Otro aspecto no menos alar­mante de esta situación lo consti­tuye la politización del conflicto, producida por la infiltración frepasista en la escuela a través de la cooperadora, cuyos miembros bus­can réditos para sí mismos, con miras al Consejo Escotar en las próximas elecciones. Estos, sin abandonar su posición servil ante la Ley Federal, típica del “pero­nismo de salón” que represen­tan, obstaculizan toda expresión que no les sea políticamente favo­rable, o que desnude sus verdade­ras intenciones.


En medio de semejantes inte­reses en conflicto, la escuela no es más que un campo de batalla en el cual se dirimen cuestiones total­mente ajenas a la problemática educativa.


Ante la ciertísima posibilidad de que el año que viene no esté entre nosotros esta tradicional y querida escuela, se impone el abandono de intereses personales en favor de los más de mil alumnos que allí concurren. Basta de una vez de la hipocresía, de esconder la cabeza: movilicémonos para que “El Rancho” siga allí, de pie, como un símbolo de la escuela pública, especie en peligro de extinción.

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