05/12/1996 | 522

Sarmiento denunció a Roca

Respuesta al artículo de Hernán Díaz

En el nº 517, en un artículo de contratapa a propósito de la acción de sectores sociales de Bariloche que taparon un monumento a Roca, se hacen ciertas derivaciones y amalgamas de pensamiento que quiero criticar (en forma general y con lógicas insuficiencias debido al escaso espacio disponible en la sección de Cartas de PO). La crítica es ante todo en términos metodológicos de abordaje del tema tratado. En un apartado de la misma página se titula: “La oligarquía opina a través de la bocota de un sanjuanino”.


En ese sub-artículo se cita un escrito de Sarmiento publicado en 1844: es verdad que en 1844 Sarmiento opinaba que la “civilización” debía aplastar a los “salvajes”, pero 1844 no es 1880. Cuando sobrevino la conquista del desierto por los latifundistas, Sarmiento criticó la “Expedición al Río Negro” y la calificó de “crimen, derrochando toda tierra pública y regalando a cada oficial y comandante para comprarles el voto” (Crítica al Latifundio. La apropiación de la tierra detiene la colonización).


Esta crítica de Sarmiento se liga a su visión de construcción de una Nación capitalista independiente y desarrollada: “el error fatal de la colonización española en la América del Sur, la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a la movilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las tierras” (Estados Unidos); su modelo de desarrollo capitalista era el estadounidense. Por lo tanto, Sarmiento siempre defendió la acción “civilizadora” del capitalismo productivo ligado al desarrollo de una Nación capitalista no dependiente; por eso criticó la acción de Roca, porque no lo era, y por eso en 1840 defendió contra Rosas el derecho chileno a ocupar el Estrecho de Magallanes e impedir la colonización por parte del imperialismo inglés, ya que opinaba que la oligarquía era estructuralmente incapaz de avanzar en un desarrollo capitalista y no quería ligar los intereses “nacionales” a los del colonialismo europeo.


De ahí, entonces, que la amalgama que hace el articulista de vuestro periódico devenga historicista, utilizando el método revisionista a lo Fermín Chávez. Sarmiento combatió a la oligarquía estancieril, “aristocracia con olor a bosta de vacas cuya respetabilidad la debe a la procreación espontánea de los toros alzados de sus estancias (…), el estanciero criollo no tiene iniciativas, se nos preguntará por qué no exponen los capitales excedentes de los ganaderos muy ricos (…) porque nuestros hacendados no entienden ni jota del asunto, y prefieren hacerse un palacio en la Avenida Alvear que meterse en negocios que los llenarán de aflicciones”: queda claro que Sarmiento no es Roca.


En un argumento central del articulista (similar al expuesto en su época por Sarmiento) coincido: que la Conquista del Desierto “sirvió para la formación de la Argentina oligárquica y cipaya, es decir, que impidió su desarrollo nacional”.


Para que mi posición no sea confundida con la de una defensa crítica de Sarmiento, quiero dejar señalado que el sanjuanino se reclamaba como parte de la oligarquía y pertenecía estructuralmente a la oligarquía (virtualmente la única clase dominante); por eso, el resultado de su gobierno y el del mitrismo (por ejemplo) fue similar: la conservación de la estructura ganadero-exportadora.


Pero sí es importante rescatar en su marco histórico específico el papel ideológico progresivo cumplido por Sarmiento: su intención de industrializar el país, lo que hubiese acelerado el desarrollo de las bases materiales del capitalismo, posibilitando la emergencia del proletariado. Y en esta exaltación crítica de Sarmiento no hago sino seguir el criterio defendido por Marx: “Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión: una destructora, la otra regeneradora; la aniquilación de la vieja sociedad asiática y la colocación de los fundamentos materiales de la sociedad occidental en Asia” (New York Daily Tribune, 8/8/1853).


Una última cuestión: en esa amalgama Sarmiento = Roca, ustedes no hacen otra cosa que capitularle a la presión milenarista-romanticista de esos sectores movilizados, quedando vuestra posición en el terreno del oportunismo. Como marxistas debemos explicar pacientemente que por la dinámica propia del desarrollo capitalista, la onda expansiva de las relaciones sociales de producción capitalistas irrumpió tal como la conocemos en la Patagonia y, por el contexto histórico concreto, que es contingente, no había otra forma de imponerse; de lo contrario, sería caer en el idealismo utopista-reaccionario al que nos tienen acostumbrados los “progres” (por ejemplo: “volvamos al capitalismo humanizado”). A esos sectores movilizados hay que decirles: sí, es despreciable y condenable la matanza de indígenas, pero los impulsores de la “expedición” al Sur no fueron los marxistas revolucionarios, los tiempos eran manejados por la oligarquía y éstos (imbuidos de conciencia positivista), por ser el sector dominante y para satisfacer sus ganancias cortoplacistas, llevaron a cabo la acción; porque si no, condenar la misión “civilizadora” en forma a-histórica es demagogia pura, es someterse a la espontaneidad de las masas y contamina las conciencias (ya influenciadas por los “nuevos Movimientos Sociales”).