16/10/2003 | 821

¡Sí, me resulta indigesto!

En vísperas de las elecciones de Salta, el frente IU+PS me resulta indigesto.


Esta indigestión ya fue detectada sagazmente por el diario Ambito Financiero. En su edición del 13/8, transcribe un artículo de Andrés Roldán, publicado en Prensa Obrera (N° 810), titulándolo «Trotskistas furiosos contra centroizquierda», omitiendo el título original: «Carlos Heller lo hizo». Previamente explica al lector «la intolerancia del Partido Obrero, animada por Altamira. (…) En la última entrega de Prensa Obrera denuncia a Carlos Heller por alimentar un proyecto partidario de centroizquierda que les resulta indigesto a los trotskistas porque suma a Izquierda Unida y a fracciones del Partido Socialista».


Un párrafo aparte merece la defensa altruista que el diario hace para rescatar del ensañamiento a nuestra víctima: «(…) se ceban ahora nada menos que con Carlos Heller, un hombre que sostiene ideas junto a su tarea ÿriesgosa para un hombre de izquierdaÿ en la banca capitalista» (Ambito Financiero, ídem).


Este frente, con Heller a la cabeza, la derecha lo digiere muy bien, porque es como en el proceso natural de la digestión humana: el objeto final es la asimilación.


Y me resulta indigesto porque en una provincia atravesada por luchas heroicas, esa Alianza parece parida para embarrar la cancha donde se enfrentarán, de un lado, los que defienden el actual régimen de miseria y opresión, y del otro, la oposición de clase.


Según Leo Juárez, dirigente comunista salteño y candidato a primer concejal, en Sa lta «(…) ha venido la recomposición de las luchas (…), desde Soledad Morales, pasando por Cutral-Có, Tartagal, Ledesma y una cantidad de luchas que instalaron los desocupados» (Propuesta, Nº 652).


Pero parece que, como les falta presencia en el conflicto social y mayor representatividad política, «es correcto plantear lo que dice el PC: construir un bloque político-social, un nuevo movimiento histórico que articule a una cantidad de sectores y que avance en un proceso dialéctico entre reforma y revolución». A esto lo llaman «política moderna» (¿¡!?), y «este frente sería un hecho de reparación histórica en la izquierda argentina» (Propuesta, Nº 652).


¿Acaso el fracaso de los frentes populares y de más de una revolución no se nutrió en esa política? Por ejemplo: «Trotsky (…) rápidamente advirtió a los revolucionarios franceses acerca de las limitaciones del frente único de los partidos obreros, porque así como es un arma práctica en la lucha inmediata contra el fascismo (…), también despierta en los obreros las ilusiones de que las tareas revolucionarias, la construcción y el desarrollo de un partido revolucionario, la lucha por el poder, la insurrección armada, pueden ser salvados por la fuerza de la unidad de los partidos obreros. (…). Pero, poco a poco, este frente único, particularmente por la influencia del PC, comenzó a sufrir un cambio significativo, (…) el frente único debía ser más amplio y no únicamente proletario, o sea, que tenía que ser unfrente popular». Pero «la historia del frente popular es una historia de traición a la clase obrera» (artículo de Jorge Altamira: «Sobre la cuestión del Frente Popular», publicado por En defensa del Marxismo Nº 7, julio de 1995).


Para Leo Juárez, como no han crecido lo suficiente para el nivel de conflictividad que hay, y como no pueden erigirse en alternativa política, prefieren las salidas reformistas antes que la construcción de una alternativa de poder (tal como lucharon las bases en Neuquén y en Chaco).


¡En qué provincia la izquierda tiene las posibilidades que tiene en Salta! El propio Juárez lo refiere como un dato al pasar: «En Salta la izquierda sacó un veinte por ciento de los votos en las últimas elecciones, y la mayor parte fueron para el PO». Claro que a renglón seguido aclara: «A ellos los habíamos convocado a la unidad, pero decidieron ir solos» (Propuesta, Nº 652).


Pero el Partido Obrero no goza detectando adversarios en la propia izquierda, como sugirió Ambito Financiero, sino que no pacta, sobre la base de la aritmética electoral, un frentismo sin principios.


Estamos cansados de «autocríticas», «maniobras políticas». ¡Es cierto!, es hora de una verdadera reparación histórica en la izquierda argentina.


Por eso, abocado en esta tarea de delimitación política, el Partido Obrero hace su aporte.

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