06/01/2011 | 1162

Sobre el problema de la música revolucionaria

Por Correo de lectores Gabriel Falzetti

He leído con detenimiento el debate surgido a raíz del comentario hecho por los compañeros del PO Lucas Poy y Esteban Pérez Torres sobre el disco El salmón de Calamaro. Ante todo, voy a aclarar que no escuché el disco ni voy a hacerlo, porque está fuera de mi interés. A pesar de esto, me resulta interesante el debate y la cuestión relacionada con la música revolucionaria. Creo que el gran problema de RyR radica en la intención, un tanto pretenciosa, de arribar a una música revolucionaria (ellos dirán piquetera). Dicho problema se agrava al implementar un método absolutamente simplista para lograr tal fin. El orden de las canciones de un disco no es un elemento suficiente para hacer una obra revolucionaria. Tampoco lo es elegir poetas revolucionarios. Ni siquiera ejecutar distintos estilos musicales hace a un disco revolucionario. Porque un disco revolucionario no puede serlo por uno o dos aspectos, sino por el todo. Es decir que, a pesar de proclamarlo, RyR no ha editado aún algo parecido a un disco revolucionario. Porque no hay nada en los discos puramente musical que cambie (revolucione) el trayecto de la música. Las obras musicales de RyR plantean la revolución desde un lenguaje absolutamente ajeno al de la música. Tomar poemas de escritores revolucionarios y hacerlos una chacarera tradicional, para dar un ejemplo, no tiene nada de revolucionario en términos musicales. Porque no hay nada propio del lenguaje musical en una chacarera tradicional que sea revolucionario.

En este sentido, es interesante tomar el ejemplo tantas veces citado por Sartelli de la Novena Sinfonía de Beethoven. Sartelli como historiador intelectual, pero con un gran déficit en su formación musical, afirma que ésta es una obra revolucionaria, ya que responde al sentir de esa burguesía en ascenso de fines del siglo XVIII. Pero lo hace pensando sólo en el texto, que no es de Beethoven, sino de Schiller. Acierta al señalar su carácter revolucionario, pero este carácter está dado no sólo por el texto, sino por la osadía musical que representó fundamentalmente en la época. Desde la duración de la obra, pasando por la incorporación de la voz humana a una sinfonía, hasta la ruptura con la tradicional «forma sonata» entre otros aspectos, nos encontramos frente a una obra que trasciende todos los límites y concepciones musicales existentes hasta ese momento. Por eso es revolucionaria. No sólo por reivindicar la fraternidad de los hombres.

Por eso creo que RyR «dice pero no hace». Los dos discos de RyR -y lo digo con conocimientos de causa ya que participé activamente en uno de ellos- son, en términos musicales, conservadores. Los motivos son principalmente dos:

1) es difícil la creación musical cuando es regenteada por un comisario político sin ningún tipo de conocimiento musical.

2) RyR no investiga ni estudia seriamente en el campo musical.

Esto nos da como resultado una actitud de excesiva e injustificada soberbia, que genera toda serie de disparates y agresiones innecesarias a compañeros valiosos. Pero RyR se envalentona porque, nos guste o no y mal o bien, son los únicos que intentan decir algo sobre el tema. Reconozco que es porque, en general, los músicos que tomamos en serio nuestro oficio dedicamos extensas horas al estudio propiamente musical y obviamos otros aspectos intelectuales. Este es un grave error.

Creo que RyR debe cambiar un objetivo inalcanzable (hacer música revolucionaria) y reconocer, que hacen música de protesta o de agitación. Que no hacen más que retomar el camino trazado por los grupos identificados con el PC durante los ‘60 y ‘70.

En tanto Sartelli tenga la primera y la última palabra, los compañeros de Río/Rojo no van a poder avanzar hacia una música verdaderamente revolucionaria.

Si, por el contrario, quieren seguir intentándolo, estudien mucho. Le recomiendo a Tabas que siga estudiando y no se quede con el título de maestro de grado, ya que todos los que estamos en este ambiente sabemos que no sirve más que para cantar «Rasguña las piedras» en los colegios. Respeten el pasado y retomen realmente lo mejor que nos dio hasta ahora la cultura burguesa. No pueden desconocer los aportes de Bach, Mozart, Beethoven, Debussy, Ravel, Schöenberg, Stravinsky, Nono, Stockhausen, Piazzolla y tantos etcéteras como se les ocurra. Esto es imposible si pierden el tiempo discutiendo con un compañero que manifiesta su opinión sobre un disco. Estudien, fórmense y ejerzan la humildad, tan necesaria en ésta y en otras tareas, ya que les falta demostrar aún más.

Para terminar, compañeros del PO: les pido por favor que no perdamos más el tiempo hablando de Calamaro o cualquier otro de estos mediocres a los que se les da manija desde los medios. Recorran los conservatorios del país, subtes, bares y peñas, porque allí van a encontrar cientos de artistas millones de veces más talentosos.

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