14/09/1993 | 401

Sobre la cuestión de la mujer y el VIII Encuentro Nacional de Mujeres

La carta que envié a Prensa Obrera informando acerca del VIIII Encuentro Nacional de Mujeres generó res puestas do otros compañeros plan toando distintas opiniones y criticas Pienso que corresponde hacer algunas aclaraciones y comentaros relaciona­dos a las mismas.


En primer lugar, pienso que es nece­sario distinguir ayunos aspectos: distin­guir «Encuentro» de «movimiento de mujeres». El primero sería tan sólo una Instancia del segundo —éste más difícil de definir y abarcar dada la variedad de corrientes y formas que lo integran, entre las cuales se encuentran también aquellas que si cuestionan el Estado burgués. Hacer osta distinción nos plantearla dos discusiones: a) la validez o no del movi­miento de mujeres ¿Tiene sentido intervenir en él?; b) la validez o no del En­cuentro. ¿Tiene sentido intervenir en él?


Ames de entrar en estas cuestiones me parece oportuno recordar algunos análisis sobre la situación de la mujer. En una do las cartas quo respondían a la mía, el autor reflexiona, luego de trans­cribir un pasaje de Trotsky, que este “no se refiere a lo mujer, dedica su pre­ocupación a la mujer trabajadora». Y más adelanto plantea que “el problema de la opresión de la mujer no es un problema quo puedo resolverse con preceptos sobre su condición do oprimida. Eso puede llevar a enfren­tar hombres y mujeres de la misma clase social, cuando ambos son víctimas del mismo régimen de explota­ción». Aquí también conviene hacer una distinción: un nivel do análisis que revela la condición de la opresión del sexo femenino en general, bastante bien de­sarrollado en el trabajo de Engels. “El Origen de la Familia…”, en donde ex­plica cómo el acrecentamiento de las riquezas, convertidas en propiedad privada de las familias en el límite entre la barbarie y la civilización, provocó la abolición del derecho materno, sustitu­yéndolo por el derecho hereditario pa­terno. (“Esa revolución -una de las más profundas que la humanidad ha conocido…”) Y más adelante «El de­rrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombro empuñó también las riendas en la casa, la mujer so vio degradado, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento do reproducción. Esta baja condición de la mujer, quo se manifiesta sobro todo entre los griegos do los tiempos heroicos, y más aún en los tiempos clásicos, ha sido gradualmente rotocada, disimu­lada y, en ciertos sitios, hasta revesti­da do formas más suaves, pero no. ni mucho menos, abolida”. En otro tra­mo “…el primer antagonismo de cla­ses que apareció en la historia coinci­do con el desarrollo del antagonismo del hombro y la mujer en la monoga­mia, y la primera opresión de clase, con la del sexo femenino por el mas­culino».


Estos pasajes yo solo los transcribo a Ululo de recordar que hablar de antago­nismo entre los sexos —que no son naturales, sino responden a determina­das condiciones históricas objetivas— no es para nada extraño al marxismo ni debe ser evitado, negado o disimulado en nombre de la no confrontación entre los sexos. Según estos análisis no hace falta plantear el problema do la opresión do la mujer desde su condición de opri­mida para Enfrentar a hombres y mujeres, dado que éstos ya están enfrenta­dos históricamente (aunque en el caso do la familia proletaria son monos las razones económicas — estabilidad, bienes, herencia— y más la fuerza de la tradición lo quo Je sirve tío sustento). Do hecho este conflicto os una rea dad social y como tal debo ser señalado y discutido. Precisamente debería sor tarea de todo revolucionara revelar los antagonismos reprimidos y solapados, para quo de la discusión tranca y profunda de los mismos se abra la posibilidad do su resolución y pueda nacer desde ya la posibilidad de relaciones de calidad superior He conocido a vanos militantes de izquierda, Verdaderos Revolucionarios, quo. bajo el pretexto de su “imprescin­dible» tarea revolucionaria, se hacían acompañar de mujeres abnegadas que terminaban por hacerse cargo de tedas las tareas «vulgares» y «mundanas», quo son Imprescindibles para el sosteni­miento do una familia, y que por eso mismo estas mujeres terminaban ale­jándose precisamente de las tareas… revolucionarias. Hablar de la opresión de las mujeres desde su condición de oprimidas no debe llevar a un enfrenta­miento entre hombres y mujeres, sepa­rándolos frente a la lucha contra la explotación, sino…, todo lo contrario (Cabe señalar que la única carta que manifestó una preocupación acerca del enfrentamiento entro hombros y mujeres fue la única que ha sido escrita por un hombro. Es un dalo interesante y merece ser pensado).


El otro nivel de análisis es aquel que responde a la estrategia política para el movimiento obrero. En este aspecto estoy absolutamente de acuerdo de que este no tiene por qué esperar el apoyo del conjunto de las mujeres, dado que un sector de ellas comparte los privilegios de la clase capitalista. Defenderán este sistema a pesar de ser relativamente oprimidas en su condición de mujer.


A partir de aquí vuelvo a la discusión que se refiere al movimiento de mujeres y al Encuentro Nacional de Mujeres. ¿Es válido el movimiento de mujeres? Siempre señale que el camino de la  verdadera liberación de la mujer (que en muchos sentidos también es la del hombre) está en el camino de la revolución social, yo opino que sí. Argumentar que por ser una contradicción secundaria es distraccionista no es coherente con el espíritu revolucionario de encarar de forma abierta y consecuente a todas las formas do opresión. La contradicción que tiene la juventud con la sociedad capitalista es tenida en gran considera­ción por los partidos de izquierda y sin embargo no es la contradicción principal.


Yo también podría argumentar, si quisie­ra, que promover el movimiento de la juventud podría provocar un enfrenta­miento entre los jóvenes y hombres y mujeres maduros (sus padres) que están ya insertados en los medios de pro­ducción. Pero si el partido no les da una orientación do lucha do tipo generacio­nal a los jóvenes (o en el caso do las mujeres, sexista), sino que tos hace con­verger con ¡a lucha histórica del movi­miento obrero, e! movimiento tiene pleno sentido y razón,


Pero, ¿qué sería un movimiento do mujeres? Tal vez un movimiento donde las mujeres plantean sus reivindicaciones específicas para cambiar sus condi­ciones de vida, y las reivindicaciones comunes a todos los trabajadores, apuntando a la salida revolucionaria como la única capaz de lograr la satisfacción de todas esas reivindicaciones Un movi­miento que difúndala idea de que existe un antagonismo entre hombres y mujeres (basado en la supremacía del hombre) que nada tiene de natural, sino que es producto de condiciones históricas objetivas, y que sólo desaparecerá cuando desaparezcan las condiciones materiales que lo sostienen.


Ahora bien, ¿es válido el Encuentro Nacional de Mujeres? El Encuentro con­voca abiertamente a las mujeres sin hacer discriminaciones de ningún tipo. Se debe señalar que éste es más que nada un espacio de discusión (no vota un programa, no elige una dirección). En este sentido creo que estaría demás hacer discriminaciones como, por ejem­plo, convocar a «mujeres trabajado­ras” o, peor aún, a «mujeres por el socialismo» o “de izquierda «, etc. Cual­quier definición estaría quitándole a las mujeres que no se encajan en la misma —pero que no obstante inician un cuestionamiento de la sociedad en que viven y desean orientarse en su enfrentamiento con ésta— a posibilidad tío ampliar sus conocimientos,  ideas, discutir los problemas de los trabajadores y ensayar posibles acciones. Un párrafo del folleto do convocatoria al Encuentro dice: «Este aprender y transmitir nuestras viven­cias se vuelca en forma creativa en la lucha diaria por transformar las con­diciones concretas que hoy vivimos en el trabajo cotidiano en nuestro hogar, en la fábrica, en los hospitales, en las escuelas, en el campo, en el barrio y en cualquier lugar en el que nos toque actuar». Efectivamente, el Encuentro, en sus distintos talleres, discutió en qué sentido deben actuar las mujeres en los problemas que son co­munes a la c-‘ase trabajadora y. como relató en mi primera carta, se pronuncia­ron sobre los mismos en una posición contraria al gobierno. El Encuentro tiene el efecto saludable do hacer notar a las mujeres que concurren allí que ollas pueden y deben actuar activamente tanto frente a sus problemas específicos como frente a los problemas comunes a los trabajadores.


Ahora bien, dado que dicho Encuen­tro sólo se propone la discusión, no se le puede culpar por las definiciones que no hizo (si sostiene o no al sistema capitalis­ta o la causa última del sometimiento de la mujer). Si en el Encuentro se plantea o no la cuestión crucial del poder, os algo que corre exclusivamente por cuenta de las mujeres que en él participan (al me­nos aparentemente es así; si existo algu­na censura solapada. es algo que yo no tuve ocasión de observar) Los talleres son abiertos, todos pueden opinar e in­cluso hay un taller referido específica­mente a la cuestión del poder.


Por todo lo dicho anteriormente, no creo que sea justo caracterizarlo como distraccionista, y mucho menos burgués. Y también creo que para algo sirve. Quo el Encuentro no es clasista ni revolucionario, eso lo sabemos desde o «vamos». Pero como ni todos los colores se resu­men en blanco y negro, no todos los encuentros son obreros o burgueses. Como dice Caetano Veloso en una can­ción. «Narciso acha feio o que nao é espelho» (a Narciso le padece feo ¡o que no es espejo). Si todos los encuentros y movimientos fueran el espejo del partido obrero, entonces hacer la revolución seria casi una pavada, ¿o no? Si me presentan una buena fundamentación de por qué es disiraccionista, o por qué es bur­gués, entonces yo sabré entender y cambiar de opinión.


Como último punió quiero referirme a un tema por el cual recibí otros comenta­rios adversos. Es respecto de la pregun­ta que tiré: «me pregunto si la supre­sión de la propiedad privada y de las clases sociales pondrán fin a las dis­criminaciones entro los sexos…”


Yo apuntaba a dos cosas: 1) Hacer una crítica a cierta mentalidad do mu­chos militantes, que consiste en pensar en la revolución como una entelequia, algo capaz de resolver todo por la fuerza de su propia acción, olvidando que la revolución la hacen hombres y mujeres concretos, llenos do defectos y virtudes, y que si no luchamos de forma concierne contra todas las formas de opresión, bien podríamos llevarnos grandes y des­agradables sorpresas; 2) plantear la im­portancia de desarrollar la lucha en el plano moral y cultural, además do ¡o económico y político, propagando el “debe ser” de una nueva sociedad. La historia nos muestra ejemplos de procesos revolucionarios detenidos o revertidos, y las situaciones cultu­rales y morales no son poco importantes en estos procesos.

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