30/05/1996 | 496

Sobre “Tierra y libertad”

Todo indica que el impacto que ha causado en nuestro país la exhibición del film de Ken Loach, no es menor que el que provocó en la misma España.


Por otro lado, tenemos una nueva manifestación de esa “nueva estética” de la que nos habla Hernán Díaz en la última Prensa Obrera, y de la que Loach es un verdadero cultor. A esto se le suma que Argentina fue durante los años de la “guerra civil” española la “segunda” patria en la que se jugó el porvenir de los explotados de la península. Y esto vale, especialmente, respecto al rol del stalinismo criollo, que con Codovilla al frente, se transformó en la cabeza de playa de la represión y el asesinato contra trotskistas, poumistas y anarcosindicalistas. Es esta nueva manifestación de la sífilis staliniana lo que ha llenado las páginas de los diarios con comentarios y “cartas de lectores” atacando la extraordinaria película de Loach. ¿No es ésta la evidencia de que también nosotros estamos recuperando nuestra historia?


El valioso y emotivo comentario de Hernán ha dejado, sin embargo, un punto oscuro que me parece un deber corregir. Hernán se refiere tangencialmente a “las grandes estrategias que (en España, en 1936/9) dividen aguas: avanzar hacia la revolución socialista o consolidar el Estado democrático-burgués”. Se trata de un error, o más precisamente de una ‘concesión’ al stalinismo, que usó el falso dilema “guerra o revolución” como un estandarte ideológico para ocultar sus fines contrarrevolucionarios, importándole poco “la consolidación del Estado democrático-burgués”. Las ‘memorias’ del presidente de la República, Miguel Azaña, publicadas en 1968 en México, 28 años después de su muerte, confirmaron —si faltaba algún testimonio— la extraordinaria justeza de todos los análisis de León Trotsky acerca del “freno” staliniano a la revolución, demostrando su carácter de lápida, no sólo a la perspectiva del socialismo, sino aun de la democracia (es decir, a la posibilidad de un régimen democrático-burgués en las condiciones del ascenso fascista en Europa). La defensa de la democracia y la República planteaban obligadamente la lucha por las tareas socialistas y la instauración de un régimen proletario.


Azaña dejó en sus ‘memorias’ el testimonio directo e irrefutable de hasta dónde estaba dispuesto a llegar el régimen democrático-burgués apoyado por Stalin. Después del desplazamiento del gobierno de Largo Caballero, la troika Azaña-Negrín-Prieto, cuenta el primero, abrió “conversaciones” con las potencias capitalistas para garantizar en España que “no habrá dictadura ni bolchevismo. Conservándose las instituciones republicanas, en lo esencial, son posibles muchas concesiones”(a los generales franquistas patrocinados por esas potencias). El 30/9/1937, Azaña informa que, en una reunión de ministros, “les he dicho que vayan a las Cortes sabiendo que este gobierno, por la política que representa, tiene detrás al presidente de la República. El gobierno significa, para mí, que se ha concluido la anarquía, que a todo el mundo se le hará entrar en razón, primeramente con razones, y si no bastan, con la fuerza de la ley. El único defecto que pongo a la política general del gobierno, es que no va tan a prisa como fuera de desear. He insistido en la necesidad de proseguir sin descanso el rescate de las atribuciones, servicios, etcétera, usurpados al Estado…” (¡adviértase el lenguaje del ‘demócrata’!). (Los destacados son del original; todas las citas han sido tomadas de “La crisis del movimiento comunista”, de F. Claudín, editorial Ruedo Ibérico, 1970). El stalinismo aceptó de buen grado ejercer toda su autoridad, apoyándose en el emblema de la Revolución de Octubre, para aparecer como el responsabe del desplazamiento del gobierno de Largo Caballero, que a los ojos de la burguesía republicana aparecía permeable a la presión de las masas.


El PCE llamó al nuevo régimen que lo reemplazó el “gobierno de la victoria”. Fue en este período que el bloque Negrín-Azaña-Prieto, junto al stalinismo, va a desenvolver la política de “resistir” pero de “no vencer”; es decir … a preparar la desmoralización de las masas, la derrota de la revolución y el ascenso del fascismo (éste es el período que nos describe crudamente “Tierra y Libertad”),


Esta es la verdad histórica. Así se abortó una de las más grandes gestas revolucionarias de este siglo, que la cámara de Ken Loach nos permite hoy reconstruir para las nuevas generaciones.

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