Correo de lectores
23/7/2003|810
Un aporte desde el psicoanálisis para profundizar acerca de las ilusiones
La sociedad no habrá de apresurarse a concedernos autoridad, tiene que oponernos resistencia, pues la sometemos a nuestra crítica y la acusamos de tener gran parte de responsabilidad en la causación de las neurosis.
Del mismo modo que nos atraemos la hostilidad del individuo al descubrir lo reprimido, la sociedad no puede pagarnos con simpatía la revelación de sus daños y de sus imperfecciones, y nos acusa de socavar los ideales, porque destruimos algunas ilusiones.
Parece, que la condición de la cual esperamos tan considerable incremento de nuestras posibilidades analíticas no ha de llegar jamás a cumplirse. Sin embargo, la situación no es tan desconsoladora como ahora pudiera creerse. Por muy poderosos que sean los afectos y los intereses de los hombres, lo intelectual también es un poder. No precisamente de aquéllos que se imponen desde un principio, pero sí de los que acaban por vencer a la larga. Las verdades más espinosas acaban por ser escuchadas una vez que los intereses heridos y los afectos por ellos despertados han desahogado su violencia. Siempre ha pasado así y las verdades indecibles que nosotros, los psicoanalistas, tenemos que decir al mundo correrán la misma suerte. Pero hemos de saber esperar.
Fragmento de la Conferencia del 2° Congreso Psicoanalítico privado, Nuremberg, marzo 30 y 31 de 1910, pronunciada por Sigmund Freud.

