15/11/2002 | 729

Un momento histórico, del cual las elecciones sólo fueron un reflejo

Por Mauricio

(Extractos)


Voto bronca


No puede hacerse una lectura simplista del fenómeno, ya que se trata de una mezcla de derechistas, centroizquierdistas, peronistas y radicales desencantados. Lo notable es que -a diferencia de todas las demás elecciones- los desencantados de un bando no han optado por el otro (el River-Boca de siempre). Se trata de un hecho progresivo. Sin embargo, es incierto qué va a pasar con esa masa de votos.


Si la lucha de clases se profundiza es probable que la izquierda tenga chances de capitalizar a un sector de los «bronquistas». Pero si la burguesía logra recomponerse aunque sea parcialmente, el fenómeno habrá sido pasajero y estos votos volverán al lugar de donde vinieron.


La izquierda debe dar la pelea para dar una salida por la positiva a la mayor porción posible de desencantados.


La izquierda es la única que «le ganó» al voto bronca


Dicho de otro modo: la «bronca» no fue contra la izquierda. Es más, una parte, pequeña pero significativa, canalizó su bronca rompiendo el cerco y votándola. Lógico, otra lectura podría decir que no capturamos la «bronca» y que, en el momento en que millones dejan de votar a los partidos tradicionales, prefieren anular el voto antes que votar a la izquierda.


Pero lo cierto es que un millón y medio de votos para la izquierda es un capital importante. Hemos superado el 10% de los votos positivos. De aquí en más, habrá que ver cómo actúan los distintos grupos en la lucha de clases y en los parlamentos.


Zamora e IU


El vertiginoso crecimiento de Zamora tiene que ver con la canalización del voto frepasista porteño. Es un voto chachista cien por cien. Lo que no quiere decir que no tenga su costado progresivo. Pero la realidad es que Zamora estuvo ausente, no digamos de las luchas libradas en los últimos años, en especial de la de los piqueteros: Zamora estuvo ausente de la vida política.


Su futuro es incierto.


IU hizo una elección muy buena, que no pudo ser mejor en Capital por el efecto Zamora. IU capitalizó parte de ese voto de clase media «enojado», que vota a la «izquierda», y que considera que las diferencias entre los distintos partidos son minucias, «que deberían estar todos juntos», etc. Es cierto, no obstante, que IU ha logrado penetrar también en sectores obreros, especialmente en el Gran Buenos Aires. Electoralmente, la estrategia del PC y el Mst de no presentarse como tales, ha sido exitosa.


De todas formas, la radicalización de la situación social y política pondrá a prueba a los planteos de izquierda «difusos» (es decir, no contundentemente clasistas), y obligará a este sector a definirse por los piqueteros o por la conciliación de clases con la CTA, la Apyme y demás. El fracaso rotundo del chachismo (serpiente nacida del huevo del Frente Grande, donde el PC tuvo un rol muy importante) no deja mucho margen para nuevos intentos de «izquierda-centro».


Compañeros, ¿por qué esas caruchas?


La prensa que salió luego de las elecciones de 1997 titulaba «¡Vamos PO!» Habíamos logrado 150 mil votos. Caímos a 115 mil en el ‘99. Y casi llegamos a 250 mil ahora. ¿Esperábamos más? Es cierto que no haber logrado la banca para Altamira fue un golpe. Pero era bien difícil lograrlo. En todo caso, no podemos hablar de fracaso, cuando de menos de 80 mil votos en la mejor elección en la provincia, pasamos a 145 mil ahora. Y a superar el 3% en todo el GBA, con picos del 5%, como en Hurlingham. Sí fue una sorpresa el retroceso en Capital, de 35 mil a 25 mil votos. Algunos factores: el efecto Zamora, el hecho de que no fuera Altamira el candidato. Pero en todo caso, habrá que explicar más a fondo un retroceso a contramano del resto del país. El elemento más importante de las elecciones es que han ratificado que el voto al PO es un voto conciente, de la vanguardia de la clase obrera. Allí donde el Partido libró luchas, organizó, movilizó, cortó rutas y concientizó, nuestras votaciones dan un salto enorme: 10% en Mercedes, 9% en Caleta Olivia, casi 7% entre los mineros del Turbio, 10,5% en Salta Capital, y desde ya el voto piquetero, con el 8% en Tartagal y el 12% en General Mosconi.


Deberíamos estar orgullosos de esto: el voto del PO no tiene su origen en modas, «éticas», slogans de campaña o rótulos determinados. El voto al PO es el voto a un partido (no a un individuo honesto, no a un grupo de partidos difuminados tras las banderas de la «izquierda») y a un partido obrero (¿alguien puede negar que es un voto prole?).


Todo esto para levantar el ánimo alicaído de la militancia y juntar fuerzas para lo que se viene. El Partido se debe preparar para protagonizar la lucha de clases de los próximos años. Debemos utilizar las bancas conquistadas para impulsar las luchas. Debemos apoyar las bancas de la izquierda cuando esas bancas potencien con su accionar esas luchas. Debemos buscar la unidad de la izquierda, pero con las condiciones indispensables: unidad de la clase obrera y no de cooperativas meramente electorales, unidad programática mínima. Debemos prepararnos para la lucha por el poder. Estamos menos lejos.

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