12/06/2003 | 804

Posición de los trabajadores sobre las «industrias culturales»

LuchArte - Artistas y Trabajadores de la Cultura en el Polo Obrero

La semana pasada se desarrolló el Foro sobre Industrias Culturales, patrocinado por la Secretaría de Cultura del GCBA, con participantes internacionales. Este Foro, pensado centralmente para impedir que los «bienes culturales» sean incluidos en los tratados de libre comercio que planea la Organización Mundial de Comercio, nos ha permitido desentrañar otra madeja que se hila en el Plan Estratégico Buenos Aires Crea, de la Secretaría de Cultura del GCBA.

 

¿De qué estamos hablando?

 

El secretario de Cultura de la Ciudad, Telerman (Clarín, 28-29/5), dice que «las industrias culturales ocupan un espacio importante en la economía argentina y dan ocupación a un 15% de trabajadores» (se incluye en industrias culturales a cines, teatros, editoriales, librerías, video, etc.).

 

En las últimas décadas se produjo un boom de las «industrias culturales», sobre todo por la llamada industria del «entretenimiento» (música, teatro, video, espectáculos masivos). El capitalismo empezó a ver en la cultura una fuente de beneficios cada vez más importante y la masa de artistas y trabajadores vinculados a esta industria creció enormemente. Así se desnuda el mecanismo capitalista de la industria de la cultura. Con su aparición, se exacerban los antagonismos entre los que producen o crean y la apropiación de ese producto, convertido en ganancia, por parte de los capitalistas de la cultura. Los foros demuestran que los capitalistas llevan la ventaja de saber claramente qué quieren.

 

El entrelazamiento del poder político y económico se manifiesta en que los dueños de «empresas culturales» son los funcionarios de la cultura o sus representantes directos.

 

Lo que se debatió en el Foro de Industrias Culturales es cómo los patrones nacionales sacan una mayor tajada de la explotación de los artistas, bajo el pretexto de cuestionar el monopolio de los capitales internacionales. Esto queda expuesto, negro sobre blanco, en el Plan Estratégico Buenos Aires Crea: señalan como su aspecto central «el criterio prioritario de estimular la producción» y se le da especial importancia a la «comisión de industrias culturales». Este plan, pensado para diseñar la política cultural de los próximos 10 años, habla de «crear mecanismos de financiación», «crear leyes de estímulo y exención fiscal a las inversiones privadas», «proteger y fomentar a las Pymes culturales de origen nacional», «impulsar un régimen de coproducciones con el sector privado», establecer una «línea de créditos para Pymes culturales» y «favorecer la instalación en la ciudad de las sedes de empresas culturales existentes en el ámbito internacional» (¿en qué quedamos?; cuando hay negocios y plata de por medio se olvidan de la demagogia nacionalista).

 

El objetivo del Plan Cultural es utilizar los fondos públicos para negocios privados. Pero los trabajadores de la cultura y los artistas también son mencionados en el Plan, que los «invita» a participar activamente del mismo: «Aumento del 4% al 10% del porcentaje de personas ocupadas en el sector de la actividad cultural privada». Con una verborragia de promesas de estímulo en general y trabajo para los artistas, en realidad la esencia del Plan es conseguir que el Estado provea mano de obra barata y superexplotada para la industria privada.

 

Así como son detalladas puntillosamente las leyes que beneficiarán a la industria capitalista, no se dice nada, absolutamente nada, de las condiciones de explotación en que los artistas y trabajadores de la cultura nos encontramos hoy en día: contratos-basura, no pago en término de contratos, decreto 601 de presentación de antecedentes penales para poder trabajar, pasaje de relación de dependencia a monotributistas, jornadas extenuantes, pago en negro, carencia de obras sociales y jubilaciones, desocupación galopante; cuando no las lastimosas colas para conseguir un trabajo mal pago en la Secretaría, donde siempre están primero los amigos de los funcionarios.

 

Pero lo más importante es un aspecto de tipo ideológico: mientras ellos sacan su tajada de ganancia y para esto elaboran sus propias leyes, nos quieren hacer creer que no hay plata para la cultura y que si queremos desarrollar nuestras creaciones debemos trabajar gratis o muy mal pagos, porque «el arte», según ellos, no es algo de lo que podamos o debamos vivir.

 

LuchArte viene librando una batalla por trabajo genuino para los artistas, por condiciones laborales dignas y bien pagas, y para que el presupuesto de Cultura esté bajo control de los artistas y trabajadores, que somos los únicos que podemos darle un destino social a nuestra producción, independiente de los pulpos imperialistas y de los empresarios nacionales que nos chupan la sangre. Llamamos al conjunto del movimiento artístico a tomar conciencia de esta situación, a ponernos de pie, y a reconquistar nuestros sindicatos para llevar adelante esta lucha imprescindible.

 

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