26/12/2002 | 773

¿Psicoanálisis de la sociedad o payasadas pseudoizquierdistas?

En el suplemento de Psicología de Página/12 del pasado 5 de septiembre, Yago Franco (uno de los redactores de Topía, una revista de psicoanálisis que pretende ubicarse en el campo de la izquierda) comienza su artículo con la siguiente caracterización de la situación social y política del país: «El lobo saltó sobre la inmensa mayoría de los argentinos, abrió sus fauces y desde hace ocho meses se pasea intimidatoriamente por las calles», generando «la imposibilidad de toda idea de futuro, a nivel individual y colectivo».


Esto tendría su expresión en la clínica, en la supuesta posibilidad de fechar «el origen de ciertos padecimientos a partir de los eventos de fines del 2001», padecimientos cuyo rasgo clínico común sería «la afánisis (desaparición) del deseo».


Aparte de las barbaridades de orden específicamente psicoanalítico que dice Yago Franco (como, por ejemplo, la pretensión de poder desprender un «hecho clínico» común para varios pacientes a partir de una etiología única y directa, o las burradas relativas al debate entre Jones y Lacan sobre «la afánisis (desaparición) del deseo», barbaridades que para cualquiera implicarían la reprobación de los exámenes de al menos media docena de materias de grado en la Facultad de Psicología), el gran absurdo del artículo es la pretensión de editorializar la situación social y política desde la práctica o las concepciones psicoanalíticas (pretensión explícita de la revista Topía, e implícita y habitual en muchos psicoanalistas de todas las orientaciones).


Yago Franco nos relata la situación de un paciente que por el miedo a los asaltos va directamente del trabajo a su casa para ahí quedarse mirando las noticias de violencia en la TV, al tiempo que reflexiona: «Decíamos ‘que se vayan todos’ y al final nos hacen ir a nosotros a nuestras casas». Y pretende que ése sea un caso prototípico de «las consecuencias psíquicas de la desestructuración social».


Después de dejar asentado que eso no es una viñeta clínica sino una anécdota cualquiera, más propia de algún programa de Moria Casán o de Mariano Grondona, que de un diván de psicoanalista, sólo puedo pensar que la función de esa anécdota es la de confirmar los prejuicios políticos explicitados en el comienzo de la nota encubriéndolos con el barniz de una «teorización» psicopolítica. En efecto, me parece que la situación política actual argentina está marcada más bien por el fracaso sistemático de lo que Yago Franco presenta como supuesta reflexión de su paciente («nos hacen ir a nosotros a nuestras casas»), es decir, por el fracaso de todas las maniobras del gobierno para imponer un régimen de fuerza (el «lobo» de Yago Franco) que pudiera asustar a la gente y encerrarla en sus casas, para así aplicar «libremente» los planes del FMI. Las movilizaciones de las jornadas de los días 26 y 27 de junio (y sucesivas) han marcado el mismo fracaso que el gobierno de De la Rúa en separar a la clase media del movimiento obrero piquetero. Y si la convocatoria a elecciones hace agua por todos lados, en parte es por la propia división del frente patronal, pero en parte también por la intensa movilización y maduración política de las organizaciones de lucha (organizaciones piqueteras, asambleas populares, empresas ocupadas, sindicatos combativos, etc.).


Si en términos generales es siempre catastrófico confundir el sujeto del inconciente con el sujeto de la lucha de clases, doblemente catastrófico es pretender traficar concepciones políticas (¡y para colmo, derrotistas!) bajo el manto mentiroso de la supuesta «objetividad» o «extraterritorialidad» de alguna práctica profesional. Si de psicoanálisis se trata, más valdría atenernos a lo que decía René Kaes en un reportaje al diario Clarín de hace unos meses: «No hace falta psicopatologizar estas problemáticas. El tratamiento psíquico no debe desviar la movilización de los obreros de la toma de conciencia de los problemas sociales y políticos (…) No podemos tratar psíquicamente problemas políticos y sociales. Creo que cambia el nivel de análisis (…) Me pregunto si el desarrollo de la cultura psicoanalítica en Argentina no ha sido un factor de disminución en la elaboración de propuestas políticas y sociales, de poner el acento en otra parte, de desviar la fuerza a esos campos».

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