17/06/2010 | 1133

13 de junio: día del escritor

-Exclusivo de internet

En la Argentina, el día del escritor conmemora el nacimiento de un autor suicida, Leopoldo Lugones. Suicidio que implicó un gran error sintáctico dentro del discurso que liga la moral católica al Estado nacional, con la consecuente interdicción de que, en esos casos, siquiera se recuerde la fecha de fallecimiento. Lugones siempre fue polémico, si no por sus posturas políticas derechistas, por su moral sexual y hasta por suicidarse en la década del treinta, cuando las libertades individuales se hallaban directamente coartadas no importando cuán prestigioso fuera el ciudadano en cuestión.

Ese tipo de coacción casi ha sido desechada por una sociedad que, paso a paso, va inclinándose hacia el lado opuesto: la exhibición abrumadora de la vida sexual de los ciudadanos. Hoy ,Lugones no se suicidaría por enamorarse de una joven. Pero, ¿se trata de un innegable ejercicio de la libertad? Disponer del propio cuerpo significa administrar su vigencia, mas también su decrepitud o su finitud, tener soberanía sobre los propios actos en cualquier etapa de la vida. Entonces, ¿puede ejercer ese dominio un escritor si su actividad literaria está directamente determinada por las condiciones económicas que le imponen el Estado y la política comercial de las grandes editoriales, además de los dictámenes ideológicos de las corporaciones más poderosas, como las iglesias, las universidades?

Se puede sólo en la medida en que los escritores asuman el sacrificio como respuesta a las determinaciones que se le imponen. Arriesgando la vida, la seguridad, la libertad física, la salud y, ni qué hablemos, el bienestar. Pero hay una amenaza a la libertad personal e intelectual de los escritores que es más sorda y sórdida que ninguna: la pobreza. Dijo el mexicano José Emilio Pacheco al recibir el premio consagratorio de la literatura hispanoamericana: «Me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo» (…) «No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos» (…). «La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial, sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica», dijo el mexicano.

La reivindicación de los derechos sociales del escritor, en el marco de la privatización de la cultura impuesta en todo el mundo capitalista, es cada vez más urgente. Es imprescindible para desarrollar la libertad de los creadores -y de los lectores- literarios la pensión a su vejez por los servicios culturales prestados gratuitamente a la sociedad -que pueden equipararse al aporte pecuniario del trabajador asalariado-; la obra social que cubra su salud y la de sus familiares a cargo, y el derecho a la edición y difusión de sus obras a cargo del Estado, en el caso de quienes produzcan obras de carácter no comercial aunque de comprobable calidad estética. Por cierto, ésta sería la forma certera de garantizar que no se ejerza censura sobre la producción literaria, ni por medio del olvido de las obras, ni de las acciones coercitivas sobre su libertad de expresión, ni de las carencias materiales que restrinjan su capacidad de acción.

Y a aquellos que opinan que éstos son privilegios y no derechos, les sugiero que piensen en que un escritor nunca falta a su trabajo; en la creación no hay manera de «chupinear». O se escribe o no se escribe, se producen los textos o no se los produce. Mucho menos existen los escritores «ñoquis», que sólo van el 29 de cada mes a cobrar, pues no hay nada que cobrar si no se ha escrito la obra y se ha conseguido de cualquier modo publicarla. Y de horas extras, ni soñar: cada vez que nos piden que «colaboremos» con algún proyecto oficial o privado es porque no se nos paga ni el transporte; a lo sumo, nos invitan sándwich de miga y gaseosa.

Por eso, cada 13 de junio debemos brindar por seguir cultivando la planta que da lectores y escritores, pues la literatura no es solamente una de las formas del arte, de la belleza, sino fundamentalmente de la libertad, el bien más preciado para cualquier pueblo y cualquier nación.

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