19/09/2020

A 47 años del asesinato de Víctor Jara

Su voz y su guitarra aún siguen sonando en la música y rebelión latinoamericana.

El 16 de Septiembre de 1973 el cantautor Víctor Jara fue brutalmente asesinado por la dictadura pinochetista en el centro clandestino de detención montado en el Estadio Chile, que actualmente se llama Estadio Víctor Jara. El mismo donde había obtenido en 1969 el primer lugar en el Festival de la Nueva Canción Chilena, con la canción “Plegaria a un labrador”.

De familia de origen rural, Víctor Jara a temprana edad se relacionó con la música a través de su madre Amanda, quien era cantora popular. Este nombre y el de su padre, Manuel, están presentes en la canción “Te recuerdo Amanda”, que compuso mientras se encontraba de gira en Inglaterra junto a una delegación del Instituto de Teatro de la Universidad de Chile.

En paralelo a la música Víctor Jara realizó teatro. Mientras era estudiante de dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumen y posteriormente trabajó con los reconocidos músicos de Quilapayún, Inti Illimani, Violeta Parra, Patricio Manns, entre otros.

Tuvo una prolífica carrera, editando ocho discos de estudio, tres en vivo y una gran cantidad de canciones que hoy en día siguen sonando en la voz de artistas como Serrat, Gondwana, Silvio Rodríguez o sampleado por raperos como Inmortal Technique, Guerrillerokulto o DJ Cydtronik.

Su asesinato

El 11 de septiembre Víctor Jara se encontraba en la Universidad Técnica del Estado, lugar donde trabajaba en el área de extensión como director teatral de la Universidad. Previamente, en 1971, había sido designado embajador cultural por el gobierno de Salvador Allende, tras haber participado activamente de la campaña de la Unidad Popular.

A raíz del golpe de Estado, la comunidad de la UTE realiza asambleas por facultad donde resuelven permanecer en la sede universitaria para resistir al golpe. Al día siguiente los militares instalan un cañón frente a la universidad, disparan a la rectoría y rompen puertas y cerrojos para ingresar al edificio donde se encontraban 600 estudiantes y profesores, para luego llevarlos al centro clandestino de detención y tortura en el Estadio Chile.

Durante dos días el cantautor es brutalmente torturado por los militares. Horas previas a su muerte, escribe su último poema-canción titulado “Somos cinco mil” en una libreta de un compañero de la UTE, quien logra conservarlo y posteriormente copiarlo para su difusión.

Víctor Jara se convertiría en una de las miles de víctimas del golpe de Pinochet. Salvador Allende había trabajado en la contención del alza obrera de esos años y en el desarme del pueblo, y designado a Pinochet como comandante en jefe del Ejército semanas antes del golpe, el propio Allende moriría víctima de su política, rechazando el salvoconducto ofrecido por los golpistas y resistiendo armado el bombardeo al Palacio de la Moneda.

El asesino de Jara sería condenado recién en 2016, como resultado de una larga lucha y tras más de 40 años de una impunidad garantizada tanto por los gobiernos «progresistas» como de la derecha.

El derecho de vivir en paz

La música de Víctor Jara sigue vigente en todas las luchas del pueblo trabajador y particularmente se ha vuelto a escuchar y versionar durante la rebelión del pueblo chileno, que hasta el día de hoy se sigue manifestando. Sus canciones más reconocidas han sido reversionadas durante la rebelión latinoamericana y se han constituido como banda sonora de la misma.

Sin embargo en las últimas semanas hubo una polémica en torno a la canción “El derecho de vivir en paz”, ya que esta frase ha sido tomada por el partido de derecha UDI (Unión Demócrata Independiente) para ser usada como parte de su campaña de rechazo a la nueva constitución de cara al Plebiscito Nacional de Octubre. La tergiversación de la frase generó un gran rechazo de otros artistas como Nano Stern y de la propia Fundación Víctor Jara, quienes en un comunicado expusieron que “Quienes hoy la usan deben responder ellos por sus intenciones. Que el pueblo juzgue”.

La figura de Víctor Jara como músico y artista comprometido con las causas del pueblo trabajador es necesario tenerla presente en un momento donde avanzan las rebeliones en Estados Unidos, Latinoamérica y el resto del mundo y donde los artistas y trabajadores de la cultura se organizan frente a la falta de ingresos durante la cuarentena.

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