25/01/2021

“Alejandro Sokol. El cazador”: del barrio a la eternidad

Reseña del fabuloso y sólido libro de Isaac Castro: una enorme investigación sobre la vida del “Bocha”.

A fines del fatídico 2020, precisamente en diciembre, se terminó de imprimir, bajo el sello editorial Sudestada, Alejandro Sokol. El cazador, extraordinaria obra de Isaac Castro.

El libro constituye una pieza clave para conocer a fondo al icónico “Bocha”, fundador de Sumo y Las Pelotas y líder de esta última banda. Y cuenta con un trabajo de investigación periodística sumamente serio, con alrededor de 50 entrevistados -amigxs del Bocha, familiares, musicxs, representantes, managers-, una importante bibliografía consultada y decenas de citas extraídas de fuentes periodísticas.

La trama del libro prioriza el enfoque artístico de la vida del Bocha, analiza su contexto e intenta dar cuenta del fenómeno, la leyenda, en la que se convirtió mucho antes de su temprana muerte. Por supuesto que no solo se queda en eso. Sin ser el punto central, Castro aborda de costado la parte oscura del “cazador”: sus altibajos emocionales, su enfermedad, las adicciones, su tendencia a la autodestrucción. Pero la enorme virtud del enfoque que desarrolla Castro es que jamás se convierte en un relato amarillista. El arte y lo que generaba Sokol siempre están por delante en toda la obra.

Isaac nos permite conocer algo de la infancia de nuestro “antihéroe”: hijo de inmigrantes que provenían de la Unión Soviética regida por el estalinismo, escapando del cuadro de posguerra. Su familia se instaló en el oeste del conurbano bonaerense: en Hurlingham.

Según reconstruye Isaac, ya de pequeño la personalidad inquieta y caótica del Bocha se dejaba ver. Influenciado por los Beatles, ingresó de lleno al mundo de la música, del cual no se despegará jamás.

La familia Sokol no ostentaba una posición acomodada, pero sí tenía lo elemental para que a sus hijes no le falte nada y puedan tener tiempo para la recreación. La adolescencia del bocha fue bajo las garras de la dictadura genocida de Videla y compañía. Fuertemente regimentada y oprimida. Como podía, se las ingeniaba para rockearla en la casa de sus amigos.

Saltando en el tiempo, un capítulo fundamental de la obra de Isaac surge en el encuentro entre Sokol y Luca Prodan. Un encuentro fortuito, producto de tener conocidos en común. Luca llegaba a la Argentina buscando recuperarse -“limpiarse”- de su peligrosas adicción a la heroína. No cumplió con su objetivo.

En 1981, en Córdoba,  se constituye la primera formación de Sumo, con Luca Prodan en la voz, Germán Daffunchio y Ricardo Curtet en guitarras, Sthepanie Nuttal en batería, y Alejandro Sokol en bajo. La banda emigró a Buenos Aires, se instalaron en el Oeste, y allí vino su “boom”. Al calor de la vuelta a la democracia, la esencia de Sumo, su innovación musical, la pose provocadora y transgresora de Luca, la magia que poseían encarnaría en una juventud que buscaba poder sacar hacia afuera la tremenda represión que habían sufrido bajo el denominado “proceso”. Pero seguir el ritmo de Luca no era fácil. Los excesos sistemáticos, llevar la vida al límite con la muerte casi como condición para vivirla, fue algo que el Bocha en aquel momento decidió no continuar transitando. Priorizando la vida familiar (ya era padre) en 1984 abandonó la banda.

De Sumo al Libro de Mormón

Su nueva forma de vida encontró refugio en la iglesia mormona. Sin dudas, este aporte (desconocido) sobre la vida de Sokol es un mérito enorme de la investigación.

De sumo a la iglesia, sin escalas, el Bocha pasó largos años llevando adelante una vida espiritual, ligada a su familia y a obrar para el bien común. Lo hacía sin pedir nada a cambio. Fiel a sí mismo. Aseveramos que esa personalidad no fue producto de la iglesia. Pero para el Bocha, según nos cuenta Isaac,  nada es eterno. Su espíritu inquieto, rebelde, contestatario no podría continuar sujeto a una vida de este estilo, aunque nunca abandonaría su fe.

Las Pelo

Tras la muerte de Luca, Germán Daffunchio lo busca y le propone armar Las Pelotas. El Bocha, aunque alejado de Sumo, no lo había hecho de la música, y aún estando en la iglesia impulsó la formación de una banda llamada S.O.K.O.L.

La propuesta de Daffunchio hizo mella y constituyeron una de las bandas más grandes del rock nacional contemporáneo. Como se narra en el libro, “la primavera alfonsinista llegaba a su fin (…) Todo fue incertidumbre. En ese contexto, el 5 de noviembre de 1988, Las Pelotas debutó en un pequeño local de Villa Luro (…) Esa noche arrancó otra historia”.

Las Pelotas nacen de abajo: que sean ex Sumo no les garantiza prensa, ni guita, ni llenar estadios ni nada. No los banca nadie. Ellos mismos ponen el cuerpo, pegatinan sus propias fechas, arman sus merchandising, recaudan lo que pueden, se las ingenian. Nunca abandonan su forma independiente, su poca prensa, su actividad genuina, militante, a pulmón. Lanzan Corderos en la noche, arrollador. Avanzan despacio pero seguros. La masividad no llegará hasta bastante más adelante.

“Ascenso a Primera”

El 3 de junio de 1994 logran el “ascenso a primera”: llegan a tocar en el “templo del rock” el mítico Obras sanitarias.

Las Pelotas con un Sokol descomunal, showman, compositor, etcétera, irá ganando cada vez más espacio en la escena del rock. Elegidos por los Rolling Stone para ser teloneros en su primer visita a nuestro país, empezaban ya a ser cosa seria. Isaac nos deleita con divertidas anécdotas sobre esa fecha. Sokol junto a su familia deciden irse a vivir a la sierra Cordobesa.

El libro brinda un extraordinario trabajo de crítico sobre los distintos CDs, trabajos musicales, recitales de Las Pelotas y del Bocha. El autor, además de ser escritor, docente, periodista, graduado en Letras de la UBA, es músico, batero de La Difusa. Analiza ritmos, estilos musicales, influencias y contenido de las letras. Además de los dotes únicos de Sokol y su conexión con el público.

Desenlace

La relación de Sokol con las pelotas se irá desgastando. Sus excesos, su enfermedad, todos sus demonios indomables terminarán en una ruptura con la banda, que seguirá adelante sin él. Algunos fanáticos leyeron en esta ruptura una traición por parte de sus excompañeros y sobre todo de su amigo Germán Daffunchio. Castro prefiere no adentrarse en ese terreno -y nosotros también.

De nuevo en Buenos Aires, y tras la ruptura con Las Pelotas, el Bocha vivirá de forma descontrolada, intensa. Sin puntos medios. Isaac relata que era muy difícil dar con su paradero: desaparecía y aparecía como si nada. Fiel a su estilo independiente y contestatario, crearía una nueva formación -El vuelto S.A- que cautivó a seguidores de Las pelotas devotos al músico.

En el año 2009, semanas antes de cumplir 49 años, y en una estación de Ómnibus en Río Cuarto (Córdoba), su cuerpo diría basta.

A lo largo de todo el libro lo que una y otra vez resalta es la personalidad de Alejandro Sokol, su forma pura, su autenticidad, sus bondades, su desinterés material. Su humildad, no como pose sino como auténtica forma de vida. Su capacidad de conmover arriba y abajo del escenario. Un tipo de barrio, que llegó a los estratos más altos del rock y la cultura nacional y nunca se la creyó. Quizá por eso, su música y su prosa fueron carne viva en miles de pibes de los suburbios, que encontraron en su poesía una identificación contestataria frente a tanta podredumbre que el capitalismo genera alrededor de las vidas humanas.

Alejandro Sokol. El cazador es, además de todo, un logrado homenaje. Fundamentalmente porque produce en el lector algo para nada fácil: conmoverlo. La escritura de Isaac nos teletransporta. Nos vamos de las páginas y viajamos hacia aquel Obras en el que “ascendieron a primera”, y también a alguna casa de algún amigo en la que aparece el Bocha y toca unos acústicos hasta las 4 de la mañana. La prosa conmueve -el mejor homenaje a un tipo que tuvo como principal don, precisamente, acelerar emociones, conmover hasta lo más profundo.

En las páginas finales, Isaac se guarda una reflexión potente, sobria, con la que coincidimos en su conjunto: “Que Sokol y Luca hayan muerto jóvenes, solos y delante de los ojos del mundo, es una tragedia irreparable, que no tiene nada de heroico y que, si en todo caso alguien le atribuye un aura de romanticismo anacrónico, es una apreciación tan cobarde como egoísta, que enmascara ciertas aristas de una cultura donde se alentaron- y en ciertos casos aún se alientan- los comportamientos autodestructivos del músico, acaso como si este fuera un objeto desechable”.

Nosotros agregamos que esa cultura es moldeada por un régimen donde las cosas cobran vida, y los humanos se vuelven cosas. Donde lo irracional predomina sobre lo racional. Una cultura a imagen y semejanza del régimen capitalista que defenestra la vida, la apaga, la envicia y la fagocita exprimiendo toda su potencia.

Valga para concluir el recuerdo de aquella respuesta de Sokol a un periodista que le pidió su opinión sobre el Argentinazo: “Estoy del lado de la masa. Siempre dijimos cosas que nos pasan a todos. Tenemos una trayectoria que pesa en ese sentido. Y no podemos pasar desapercibidos frente a eso”. Nunca pasaste desapercibido ante la juventud que fue parte de aquella gesta.

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