Cultura
13/8/2026
"Anastasia, el musical": cómo una obra familiar perpetúa la demonización del comunismo
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En la calle Corrientes, en el teatro Astral, está en cartel la obra musical oriunda de Broadway “Anastasia el musical”. El libreto escrito por Terrence McNally, un reconocido dramaturgo estadounidense, adaptó la película animada de 1997 despojándola de todo elemento fantástico y convirtiendo a la Unión Soviética y a los bolcheviques en los villanos de dicha obra.
La puesta en escena nos muestra lo maravillosa y unida que era la familia Romanov y lo cariñoso que era su patriarca, el zar Nicolas II, especialmente con la pequeña duquesa Anastasia. Entre un vals de ensueño y vestidos pomposos, se oyen estruendos de bombas y disparos cerca del palacio montado por los efectos del teatro. En escena aparecen las figuras de soldados bolcheviques con su bandera roja, vienen a matar a los Romanov. Más tarde, nos enteramos que el soldado que tenía el encargo de asesinar a toda la familia real se detuvo ante la mirada de la protagonista y no pudo apretar el gatillo. Presa del trauma, Anastasia ahora llamada Anya, pierde la memoria y dedica su vida adulta a intentar descubrir quién es. Esta tarea la hará de la mano de dos estafadores, Dimitri y Vlad, que se encargan toda la obra de exclamar que con el zar estaban mucho mejor porque, por lo menos, comían.
El escenario que muestra a la ciudad Leningrado es oscuro y tenebroso con gente deambulando vestida con harapos queriendo escapar de Rusia, porque nunca mencionan a la Unión Soviética, ni siquiera explican qué fue lo que pasó. En esta escena cantan: “Pueden llamarla Leningrado, pero siempre será San Petersburgo. Nuevo nombre, mismo hambre”.
El antagonista es un soldado de la URSS, Gleb, hijo del ejecutor de los Romanov. Este personaje atormentado, serio y amargado, oye los rumores de que la duquesa sigue viva, ya que la abuela que vive en París ofrece una cuantiosa recompensa. Los estafadores mencionados ni lentos ni perezosos, buscan a una joven que pueda interpretar a Anastasia para cobrar la pequeña fortuna ofrecida, sin saber que el destino los va a cruzar con la verdadera Romanov. Juntos huyen de la URSS hacia la ciudad de París, a la cual retratan como una cosmopolita esplendorosa donde la gente sabe divertirse, no como en la nueva Rusia tétrica y triste. Allí, se reúne la familia después de idas y venidas, y Gleb se arrepiente de su deber negando la existencia de Anastasia, ya que esta decide abandonar su título para emparejarse con Dimitri, el estafador.
Un poco de historia
En 1997, el estudio de Hollywood 20th Century Fox estrenó la película animada "Anastasia" dirigida por Don Bluth y Gary Goldman que recibió el favor, tanto de la crítica de cine como de la audiencia. En esta versión el villano era Rasputín que conjura magia oscura para vengarse del zar Nicolás II y de la familia Romanov, produciendo como consecuencia -siempre en la película- la revolución rusa.
En el 2016, esta película tuvo su adaptación al teatro musical de la mano de Terrence McNally que escribió el libreto, Stephen Flaherty que compuso la música y Lynn Ahrens que escribió las letras de las canciones. McNally quería realizar una versión más adulta, lo que lo llevó a tomar la decisión de reemplazar a Rasputín por un soldado bolchevique en crisis.
En cuanto al origen de la leyenda en torno a la duquesa Anastasia Romanov, durante décadas se ha especulado con que había escapado de la Unión Soviética y los periódicos dedicaron varias páginas a alentar este rumor. Varias mujeres se hicieron pasar por ella siendo el caso de Anna Anderson el más famoso y en el que se inspiraron indirectamente para crear la versión animada, ya que Anna no recordaba su identidad ni nada de su pasado.
La ejecución de la familia Romanov fue una carta que se ha utilizado siempre desde la clase dominante para amedrentar y desalentar la revolución. La foto familiar, un truco que también se retrata en la obra musical, es una forma de mostrar cómo “el comunismo rompe los lazos parentales” que no son otra cosa que una analogía de las cadenas de clase que nos oprimen.
¿Licencias creativas o propaganda anticomunista?
Este musical apto para todo público es vendido como un cuento de hadas. Incluso, en el hall del teatro Astral, venden las coronas de Anastasia para las niñas que sueñan con ser princesas. Más allá de seguir perpetuando los roles de género binarios, está el hecho de que posicionan deliberadamente a la audiencia del lado de los Romanov demonizando la revolución rusa y a los bolcheviques. Cuando se produce una ficción basada en hechos históricos se toman licencias creativas para redondear la obra o para que el desarrollo de la trama sea más orgánico. Acá se eligió evadir los motivos reales que llevaron al pueblo ruso a alzarse en contra de su gobernante e idealizar el zarismo, montando un producto infantil que es lisa y llanamente propaganda anticomunista. Si esto hubiese sido a la inversa y se hubiera hecho un musical familiar con los bolcheviques siendo retratados como héroes, ya habría una catarata de quejas expresando el adoctrinamiento ideológico.
Es importante señalar este tipo de obras, no para censurarlas sino para entender cómo en pleno siglo XXI se continúa manipulando a la audiencia buscando instalar discursos de odio. ¿Es coincidencia o es deliberado que hayan estrenado esta adaptación durante el gobierno de Milei que expresa a viva voz su desprecio por la izquierda y busca ganar la batalla cultural? No es el único mandatario actual que demoniza el comunismo y, esta palabra, despojada de su verdadero valor en boca de quienes defienden a la burguesía, es empleada como descalificativo y, por lo tanto, como insulto. Se vuelve a instalar la demonización.
Una reflexión final
En el último tiempo, vimos cómo la bandera “Las Malvinas son argentinas” que hicieron los hinchas y que desplegó la selección argentina ante el triunfo futbolístico con Inglaterra en el último mundial, desató una ola de defensa de la tierra. Incluso muchos artistas y otras figuras que se mantienen ajenos a las luchas populares, alzaron la voz contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada e incentivaron la movilización en las calles. Cuando en dicha manifestación, entrevistaron a la directora de cine consagrada Lucrecia Martel, sobre el rol que juegan los artistas y la cultura, ella respondió con seguridad: "Si nuestro trabajo no sirve para generar ese amor de comunidad y de querer nuestro bienestar y nuestras cosas. No sé para qué sirve nuestro trabajo."
Siguiendo este ejemplo, las trabajadoras y los trabajadores del arte y la cultura tenemos que prestar especial atención a la hora de construir ficciones que sigan perpetuando prejuicios y persecuciones que, hoy sabemos, pasan de la violencia simbólica a la violencia física muy rápido. ¿Qué buscamos transmitir con nuestro trabajo? ¿Qué discursos queremos reproducir con nuestras obras? Impulsemos un arte que aliente la independencia de clase y la organización colectiva.



