Cultura

15/10/2020

Andrés Mangone: “el teatro como fenómeno de toma, de ocupación, de intervención, de brecha”

El director y actor participó del ciclo de diálogos en vivo de Prensa Obrera, entrevistado por Santiago Gándara.

“El teatro le discute a la realidad su carácter unívoco, definitivo, incluso de ‘realidad’ misma, con su grado de ficcionalidad, de absurdo, de hipócrita, de limitada, agotada, degenerada, atrasada”.

Así define Andrés Mangone este arte -en el que cuenta con una destacada trayectoria como actor y director- en el diálogo con el docente universitario y referente de la Asociación Gremial Docente de la UBA, Santiago Gándara, realizado este jueves 8 de octubre.

Los primeros pininos de Andrés en el teatro llegaron como “algo que apareció bastante tarde”. Sin antecedentes familiares directos, una prima segunda, María del Carmen Mangone, que había abierto un centro cultural, “me invitó -tenía 18 años en ese momento-, para que participara de lo que quisiese. Yo tenía una tendencia mayor hacia las ciencias exactas, de hecho curse después en Exactas; pero bien, había un taller de teatro en el que faltaba gente y al que me invitó, y dije ‘bueno…’”, relata, para luego afirmar que “en esa liviandad de la elección sin embargo hay algo contundente: cuando se dice SÍ. Me lleva a pensar que el teatro tiene algo de folclórico. Tengo actrices, alumnos que llegaron de ese modo: ‘¿por qué no vas a hacer teatro?’. Y lo interesante es que la persona lo haga. Y es ‘sí’ porque tiene una suerte de respaldo, aparece una corriente cultural, del orden de estar en algo que nos pertenece. Tal vez de un modo subterráneo, de napa, pero está ahí, y se hace cierto”.

Entrenó después por tres años con Isaúl Ferreyra, aún como una actividad secundaria. “Me había pasado a Sociología, pensaba en mi carrera universitaria fundamentalmente”, pero algo discutía con esa afirmación, con su responsabilidad a la hora del SI, con abrazar los compromisos con una responsabilidad y vocación que no entiende de hobbies. Casi por casualidad, relata, el 24 de Marzo de 1996, en la marcha por los veinte años del golpe cívico militar “yo estaba en la columna del Partido Obrero, era una marcha muy numerosa, grande. Cerca de la Casa Rosada –no había vallas en ese momento-, nos vimos con Pompeyo Audivert. Sin más le dije que quería estudiar con él. Desde ahí, al incorporarme a El Cuervo (el teatro estudio de Pompeyo Audivert) sentí una pertenencia distinta, me identifiqué muy rápidamente, nos unimos, me empezó a dar mucho lugar”.

Una sociedad artística que lleva mas de 25 años, donde Andrés desarrolla distintos roles: docente en los cursos de El Cuervo, donde se hace cargo del mostrar fuera de ese laboratorio, las indagaciones y resultados de una búsqueda e investigación intensa; actor, director y codirector junto a Audivert en distintas obras. Santiago recordó algunos de esos trabajos: La farsa de los ausentes (una versión sobre El desierto entra en la ciudad, la última obra, inconclusa, de Roberto Arlt), que estuvo en el Teatro Municipal General San Martín en 2017): El Farmer, sobre la novela homónima de Andrés Rivera (2015, TMGSM), Muñeca de Armando Discépolo (2014, C.C. de la Cooperación) o Museo Ezeiza, instalación teatral que se mantiene desde hace diez años y por la que han pasado alrededor de 400 actrices y actores. Todas ellas, sin excepción, con excelentes críticas de público y prensa.

Respecto de la situación de la actividad y sus hacedores en pandemia, se interesó Santiago. Andrés señaló que “la realidad del sector, absolutamente afectada por la clausura desde hace prácticamente siete meses, profundiza la precariedad preexistente, generando una doble situación: por un lado esa inestabilidad permanente muestra que es un sector -el artístico- acostumbrado a resolver su economía en distintas combinaciones. Y el Estado también toma nota de que los artistas resuelven su economía por fuera de la actividad artística… por lo que desentenderse o “atender” la problemática de una manera más que insuficiente es la resultante. Desde otra perspectiva, entonces, queda flotando la idea de si somos artistas quienes podemos resolver la economía en otro lado” o es al revés; “ambas son ciertas”. Agregó que, desde una perspectiva socialista, “la actividad artística es absolutamente para cualquiera, para –que la desarrollen- todos; entonces estos reclamos de trabajo, salario bajo este régimen social es una coyuntura transicional. En este contexto, por fuera de la actividad artística lo que impera es la precarización laboral, los despidos, los cierres y suspensiones, un cóctel desesperante”.

Comentó después el importante desarrollo de la Asamblea Nacional de Actrices y Actores en Emergencia, que tuvo instancias de reunión el 4 y 11 de este mes, donde más de 200 compañeres de todo el país resolvieron una medida de acción directa para el miércoles 14 –que en CABA consistirá en una concentración performática frente al Ministerio de Cultura de la Nación, en tanto que cada ciudad y provincia se llevarán a cabo frente a las representaciones políticas oficiales. Tal evento tuvo por origen la cerrada negativa de la conducción de la Asociación Argentina de Actores -“por hoy sumida en una parálisis, funcionando como un apéndice del gobierno”, destacó-; al pedido de miles de compañeres que reclaman Asamblea Extraordinaria para discutir alternativas de sobrevivencia ante esta situación donde no se avizora una salida sino a largo plazo. El entrevistador, a su vez docente universitario y dirigente gremial, no pudo ocultar su asombro a la ausencia de cualquier tipo de instancia asamblearia oficial en todos estos meses. Ello en un cuadro que Mangone describió de esta manera: “existen compañeros que están por quedar o quedaron en la calle sin poder pagar alquileres o mantener a sus familias, luchando entonces por el reconocimiento de que este sector existe. Reclamar (nosotros desde Actuemos planteamos un ingreso similar al costo de la canasta familiar), que cuando eso no está el Estado debe hacerse cargo de una compensación salarial similar, ahora y siempre”.

El creador teatral se refirió luego a Insomnio Pizarnik (dirección de Mangone e Ivana Zacharski, Silencio de Negras, 2019) como una de las experiencias que mas lo apasionan de lo mucho producido. El presente año esperaba por la segunda temporada que, Covid mediante, no pudo ser. Pero esa ausencia de convivio dio lugar a una nueva experiencia: producir un libro que de cuenta del proceso creativo: “realizado por las actrices y actores, será un respaldo mas sólido para cuando podamos volver a hacerla. Esa dramaturgia de actrices y actores es la que más me interesa, la que surge de la asociación de quien actúa y que sabe incluso cómo estar en un escritorio en una posición de actuación, que remite mentalmente al momento de la presencia física en el espacio (de actuación), en el tiempo, y que tiene una verosimilitud inequívoca, la del territorio que no es otra cosa que el cuerpo en el espacio (en función dramática)”.

“Restos históricos, ruinas, énfasis en lo territorial, conceptos como instalación, construcción, escenas muy fuertes que uno ve; han sido destacados por la prensa como una suerte de sello en tus producciones”, afirma e inquiere Santiago. La respuesta de Mangone se refiere al “teatro como fenómeno de toma”, que ”le discute a la realidad”. En ese sentido, marca que “la actividad artística nos caracteriza como especie, es lo más preciso que hay: el lenguaje poético, el lenguaje de creación; y que históricamente está relegado a necesidades utilitarias de las clases dominantes, y por lo tanto la alienación es la que nos distancia fuertemente de aquello que habrá sido pura función social. El teatro y el arte seguramente han nacido en circunstancias muy propias, muy plenas, asociadas a ciertos grados de conciencia, de conciencia de la muerte, de enterrar a los muertos, de ciertos rituales, de cierta necesidad de expresar algún gesto transido, dramático o alterado. Y ahí ya está la teatralidad en juego. Después, claro, están los fenómenos de conciencia de ello como para generar desarrollos”.

Junto a ello, el entrevistado destacó que “me importa particularmente la ‘toma’ del cuerpo, la intervención sobre ese cuerpo del actor/actriz como territorio central de la operación teatral. Tratando de hacer una diferencia con ese cuerpo social, histórico, repetitivo (de lo cotidiano); se trata de tomar el control de esa operación de tiempo y espacio de modo tal que aparezca una conciencia más lúcida, hay una ralentización de la operación para poder ejecutar con mayor precisión, y en esa ejecución, con ese otro aire aparecen los lenguajes, un fenómeno escandaloso, antisocial, político también. Una suerte de ‘zona liberada’ construida en contra de esa ‘condena’ a cumplir una determinada función social. Dejamos aparecer algo que está relegado, suspendido, esperando un tiempo donde se desate, salir de las capturas de las necesidades alienantes que no nos pertenecen, y que entonces la operación físico-expresiva, artística, pase a parecerse más a la sociedad en que queremos vivir. Es una toma de poder, el teatro primero nos pone a crear mundos (…) es muy elevado lo que pasa en las operaciones teatrales, muy superior al estándar social: los lazos solidarios, la capacidad de crear, de resolver (…) se nota ahí que somos mejores que la organización social (actual) que es una verdadera catástrofe”.

Finalmente Andrés hizo referencia a Intervención Ferreyra, un dispositivo escénico que el próximo sábado 17 recorrerá y ocupará de manera itinerante parques y plazas de la Ciudad de Buenos Aires, Santa Cruz, La Plata, Rosario y hasta Berlín. Como “testimonio y asunción de la trascendencia popular del dolor por su ausencia y la vigencia de su lucha” a diez años del asesinato de Mariano y de la que participarán más de 40 actrices y actores. Toda la actividad, incluso los ensayos, son registrados por el Ojo Obrero para la realización de un documental.

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