31/07/2014 | 1325

Después de la caída

ESTRENO DE LA PELICULA «LORE»

Alemania, primavera de 1945. La Segunda Guerra Mundial concluyó en Europa. Hitler y Goebbels, principales jerarcas nazis, se quitan la vida en su búnker y el «imperio de los mil años» no pasa de los doce. El Reich es ocupado y repartido en zonas de influencia entre los nuevos vencedores. Poco de esto sabe Hannelore (a quien llaman Lore), una joven de 17 años que vive en el campo germano. Una tarde, sus padres (él, un jefe de las SS vinculado con los campos de exterminio; ella, una ferviente nazi) regresan a casa presurosos, malhumorados. Queman papeles. Poco después, el padre desaparece y la madre le dice a Lore que tiene que llevar a sus cuatro hermanos menores a la casa de la abuela, a 900 kilómetros de distancia.

Así comienza un viaje de pesadilla, donde Lore descubrirá el horror que dejó a su paso todo en lo que fue educada y había creído como lo más sagrado. Cuando los hermanos están por ser arrestados por soldados norteamericanos, un joven misterioso, que dice ser un judío liberado de Buchenwald, los salva. Ella, formada en un feroz antisemitismo, se debatirá entre el resentimiento y la atracción sexual. Lore (gran interpretación de Saskia Rosendahl) es una muchacha madurando en una de las peores circunstancias.

Lore (dirigida por Cate Shortland, Alemania -Australia- Reino Unido, 2012) podría haber caído en el lugar común o el golpe sensiblero bajo: la hija de nazis rescatada por un judío que supera sus prejuicios. Pero la realizadora australiana no hace concesiones y escapa a los lugares comunes. De hecho, a diferencia de la mayor parte de los films sobre el hundimiento nazi, desde Alemania año cero, de Rossellini, hasta La caída y Anónima, no transcurre en una Berlín bombardeada, sino en el interior alemán, lleno de bosques, ríos y la vida silvestre de la mejor estación. En otras circunstancias sería un panorama hermoso, pero ahora representa el marco para una situación de terror, donde una amenaza se puede esconder detrás de cada árbol o sombra, de día o de noche.

Antes de envenenar a sus seis hijos, Magda Goebbels le dijo a una secretaria: «Es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la vergüenza y el oprobio. Nuestros hijos no tienen sitio en una Alemania como la que habrá después de la guerra». Este largometraje, tal vez, se puede entender como el relato de lo que hubiera pasado si esos niños sobrevivían. Son los hijos de un imperio macabro en ruinas, que huyen tanto de esa herencia del pasado y los mandatos paternos interiorizados como del presente caótico.

Pero para poder superar lo que pasó y reconstruir una sociedad, primero hay que entenderlo y es aquí donde Lore más se resiste y donde el largometraje muestra sus limitaciones. La película focaliza en la estructura familiar la matriz del nazismo. En las breves palabras que la madre de Lore dirige a su hija al comienzo del film o por pequeños diálogos entre los niños, entendemos que se tratan de familias atravesadas por valores autoritarios y sádicos. Se olvida cualquier otro aspecto (social, político o económico), prefiriéndose un enfoque muy acotado para desnudar el proceso más devastador del siglo pasado.


Nicolas Rijman

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