14/09/2020

«El derecho de estar contigo compartiendo el tambor»: Germán Castillo, Luciana Harreguy y Santiago Vázquez

Lxs percusionistxs dialogaron con Ana Clara Moltoni en la 16ª edición de la radio de Músicxs Organizadxs.
Por Silvia Martinez Músicxs Organizadxs

El pasado viernes la agrupación Músicxs Organizadxs (MO) emitió su 16° programa online de entrevistas con compositores/as e intérpretes, en esta ocasión dedicado a la percusión argentina.

Ana Clara Moltoni, referente de la agrupación, entrevistó al mendocino Germán Castillo, la rosarina Luciana Harreguy y Santiago Vázquez, oriundo de Buenos Aires.

La emisión de la entrevista tuvo lugar en momentos en que MO está organizando un Festival de Tango online con los reclamos del sector, para este domingo 20 de septiembre a las 20 h, que se verá desde su página de Facebook.

Defender el agua

German Castillo es de Maipú, Mendoza, y nos contó que en referencia a la actividad musical en la provincia, en este contexto, ha mantenido labores en algunos festivales, no tan bien pagas, y encuentros de teatro. Él y la mayoría de sus colegas trabajan en escuelas, lo cual alivia la parte económica.

Allí existe un festival de jazz, folklore y rock. El presupuesto de esos festivales depende de cada grupo, se efectúan por streaming con un protocolo y se transmiten a través de una plataforma.

Su actividad musical está centrada en sus dos grupos. Con Flug, presentó el disco Alquimia a fines del año pasado, con una gira por las provincias que debió ser cancelada ante la pandemia. El otro grupo es Canta la Lata, con el que lanzó un disco en forma gratuita por YouTube, dice, «para tirarle una onda a las maestras que iban a necesitar un poco de material en medio de la cuarentena. Añadió que tuvo «una repercusión importante, varias maestras usaron las canciones del disco para las tareas», y que piensan lanzar una canción con video. Explicó que con Canta la lata fabrican sus propios instrumentos en forma casera, los llamados cotidiáfonos; y usan la percusión corporal y el canto, sin instrumentos tradicionales. Otra actividad es la elaboración de tutoriales de percusión con objetos, subidos a YouTube para que lxs niñxs y sus familias puedan divertirse y tocar desde sus casas.

Si bien allí está permitido ensayar, es complicado porque se aplican las limitaciones según la finalización del DNI, y por ello no se pueden juntar todxs lxs integrantes del grupo.

Germán señala que situación de lxs músicxs es «medio tensa», y que «todxs estamos más o menos en la misma con ingresos de la docencia, y el estado de ánimo sube y baja. Va todo como día a día, y con respecto a otros trabajos, si hay más contagios se cierran las salidas y otras semanas se vuelve a normalizar .

Con respecto a la organización de lxs músicxs declaró que hay un sindicato, el MiMM. Que algunxs lo respetan, pero «no estamos fuertes en el sindicato». También hay otro sindicato que viene del folklore, más antiguo.

Se refirió a que «cuando hubo el problema del agua [con el intento de avanzada de la megaminería contaminante] nos juntamos 10 percusionistas con nuestros alumnxs, dialogamos e hicimos una movida uniéndonos a la inmensa marcha que venía de San Carlos, grupos de batucada, candombe, salimos a defender el agua con instrumentos, nos movilizamos».

Para Germán, en medio de la pandemia la tarea es dar clases y seguir formándose en un taller de percusión.

La cultura no es un ruido molesto

Luciana Harreguy es percusionista de Rosario. Con su grupo de cumbia Chiquita Machado sacaron a fines del año pasado su segundo disco, Té Verde, con aires balcánicos y otras influencias de las mujeres que lo conforman. Otros proyectos en donde participa son Mirá Que Quema, integrado por mujeres, de ritmos caribeños; y Fieras Samba Reggae y La Pegada.

«La movida de la percusión arrancó en Rosario hace años con una asociación,  ‘Tocolobombo’, que no está más pero generó un semillero de percusionistas. Hoy hay varios blocos de Maracatú, Samba Enredo, Cuerda de Candombe, grupos afrocubanos…», contó.

Y agregó que «en el marco de la pandemia nos organizamos con Afro Malinke y pedimos permiso para ensayar en los parques, ya que los grupos son numerosos entre percusionistas y bailarinas, soportando varias denuncias por ruidos molestos de parte de lxs vecinxs. Esto sirvió para organizarnos y encontrarnos con otros colectivos de percusión, que se van ampliando». En ese sentido, organizaron asambleas y establecieron que «la cultura no es un ruido molesto». Explicó que en la municipalidad hay galpones en desuso y pueden ser utilizados en los ensayos, y por otro lado la municipalidad llama para participar en los carnavales y la gente disfruta, «lo cual es contradictorio». También están reclamando que se actualicen los pagos por parte de la municipalidad, puesto que el retraso ya lleva un año en el caso de una de las agrupaciones que integra.

En relación con ese punto, la entrevistadora recordó que «desde MO dimos una lucha contra el código contravencional de Horacio Rodríguez Larreta, donde existe la figura de denuncia anónima, por lo que no se sabe si hay una denuncia fehaciente y la policía puede intervenir». «Acá también», dijo Luciana, y se refirió a la agresión sufrida por parte de una vecina que les tiró con una botella mientras ensayaban: «no hay conciencia de que es arte y parte de la identidad».

Cuando arrancó hace más de 10 años, no había muchas mujeres en la percusión. Empezó en el candombe uruguayo y en la cuerda de tambores eran 3 mujeres, en el taller de «Toco lo bombo»; hoy son muchas la que se están formando. Las mujeres fueron ocupando espacios y a partir del 2018 se creó el colectivo de mujeres músicas, a partir de ahí lograron la paridad de género en los jurados de los festivales de la municipalidad y la paridad de géneros en los escenarios. Estamos mejor posicionadas para decir: ‘tengo el derecho de estar contigo acá compartiendo el tambor’, que hace a una cuestión colectiva de sentirnos más seguras a la hora de hacer música y es un proceso de años y de formación», reflexiona.

Antes de la pandemia, había comenzado a dar un ciclo de mujeres al tambor con influencias de Vivi Pozzebon, percusionista de Córdoba: «18 pibas que querían aprender, habilitar esos espacios ha llevado tiempo». Y señaló que el posicionarse a enseñar tambor como mujer a otras mujeres costó y era cosa de varones. En la actualidad hay muchos grupos de percusión de mujeres : Fana Freak, Las Fieras, Mirá que quema. El 9 de marzo, por el 8 de marzo, marchó el primer bloco de Samba Reggae de mujeres, con gran repercusíon en Rosario.

Sacerdotes de una ceremonia pagana

El último entrevistado fue Santiago Vázquez, quien contó que con su banda La Grande está sacando de a uno los temas grabados en un disco. Es un grupo que tiene más de 10 años y venían tocando todos los martes, con muchos shows encima, «oficiando de sacerdotes de una ceremonia pagana entre personas que se encuentran a bailar».

Según Santiago, «es bueno compartir la música que uno va generando, pero el sistema no está preparado para que subsistan las personas que producen ese material y que gratamente han compartido». Y agregó: «siento que tarde o temprano se llegará a una forma de sostén de base porque el sistema no dará para más. Si hacer un disco nos lleva mil horas de trabajo, y eso no tiene valor de mercado, tendremos que ir a tocar en vivo, lo que es muy especial y es el rol del músico: brindar un espacio de conexión entre todos y con el presente, pasado y futuro. A eso se dedicaba La Grande, La Bomba de Tiempo» (su formación anterior).

Contó que la grabación del disco de La Grande decidieron hacerla todos juntos, preocupándose más por la energía que por la prolijidad sonora. Luego se seleccionaron tomas que se fueron mezclando, sin edición y con invitados. En octubre saldrá el disco completo.

Aparte, en la cuarentena está abocado a escribir un libro de entrenamiento rítmico y otro de teoría rítmica, que son para músicxs. Él ya ha editado Manual de Ritmo y Percusión con Señas, para músicxs pero también para el público en general, la gente que quiere divertirse y jugar con el ritmo, pues «tocar música hace bien».

Consultado sobre cómo ve la transformación de la industria musical o del trabajo, respondió que «son dos cosas distintas». Con respecto a la parte artísticas ve que están pasando cosas interesantes y gracias a las redes hay acceso a una «biblioteca de música» de diversas culturas y lugares, lo que produce mezclas y nuevos conceptos, existen los géneros como nombres para designar cosas, pero las fronteras se desdibujan. En gran parte el trabajo del músico es la enseñanza, y no necesariamente a personas que serán músicxs. Piensa que «las personas que son músicxs, dedicando su vida a ello, compiten contra un mar inconmensurable de sonido que se dice música que a veces es bueno y otras no».  «Para hacernos oír entre esa maraña», explicó que el músico debe manejar redes, hacer tareas que antes hacían en las discográficas, los ingenieros de sonido, productores y encargados del marketing. Señaló que los sellos discográficos apuestan a fenómenos ya cocinados, que pueden ser un gran negocio, y no a un artista talentoso que no conoce nadie. Los que llegan a buen puerto no son los que tienen la mejor música sino que aparte de esto son los que pueden manejar los lenguajes de promoción en las redes. «Yo vengo de otra generación y tengo menos tiempo para hacer música que lo que esta merece (aparte de la familia)», reflexionó.

Finalmente, la entrevistadora le consultó su opinión sobre el planteo de los sectores en lucha en la cultura, de un impuesto a las plataformas digitales (OTT). «No suelo mezclar mi vida musical con la política», respondió Vázquez, marcando que le «gusta pensar que la música a pesar de ser un trabajo es un puente espiritual que me conecta con otro nivel, con un plano que no es el de las miserias humanas, en donde somos parte de algo y creo que desde ese plano están las soluciones a las cosas donde habitamos diariamente». Pero agregó que «ahora en la cuarentena hay personas que están ganando como nunca no por mérito propio, sino porque apareció un virus. El Estado tiene que contenernos como conjunto y el esfuerzo de países, comunidades, grupos e individuos tiene que valorarse».

 

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