11/09/2020

“El dilema de las redes sociales”: algoritmos y fake news

El nuevo híbrido docuficción de Netflix que habla sobre la manipulación de la propaganda y la publicidad.
Por Beita De

Analizar cómo las redes sociales intervienen en nuestros hábitos, costumbres y consumo es algo saludable y necesario. Sobre todo cuando pasamos muchas horas de nuestras vidas en ellas y esa utilización se ha acrecentado aún más con la pandemia.

Es el tema que aborda la nueva docuficción de Netflix, El dilema de las redes sociales, con el mérito de hacerlo sin caer en teorías conspiranoicas y de constatar -aunque con importantes límites- la manipulación capitalista inserta en las redes.

La parte ficcional está centrada en una familia y el mal uso de redes sociales. Pero lo más interesante es el tramo documental, donde entrevistan a quienes formaron parte en altos mandos de compañías como Google, Facebook, Twitter, Pinterest, etc.  Tim Kendall, ex-director de monetización de Facebook; Jeff Seibert, ex-jefe de producto de consumo de Twitter; Justin Rosenstein, coinventor de las páginas de Facebook, son algunos de los que hablan. Muchos de ellos son ideólogos de los famosos “algoritmos” y hasta de los “likes”. Todos tienen en común haber abandonado dichas empresas, alarmados por el rumbo que tomaron sus propios desarrollos. Otres son expertes en ‘growth hacking’,  disciplina que literalmente definen como “hackear la psicología de la gente” para conseguir más interacciones y generar más usuarios.

Los famosos “algoritmos”

El film se concentra en la cuestión de cómo las plataformas generan, en función de intereses privados, las necesidades no solo de consumo sino también ideológicas de los usuarios. Poniendo la alerta en esta manipulación, en más de una ocasión se apunta explícitamente contra el capitalismo, en cómo lo nocivo es el sistema manejando las redes sociales, generando los mecanismos de adicción y dependencia. “Los algoritmos (de las redes) intentan que vuelvas y pases más tiempo ahí. Es tan similar a una adicción como creo que sea posible”, aseguraba recientemente su director Jeff Orlowski en una entrevista concedida a  Efe.

El film se refiere a que las estrategias de persuasión cada vez son más invasivas y que ya los algoritmos han llegado a un nivel de complejidad que son casi incontrolables por los humanos. La inteligencia de las máquinas estaría elaborando cada vez más estímulos y estos estarían dando muestras de ser nocivos para la salud.

Los algoritmos fueron diseñados por empresas con sujetos consumidores ideales. Por lo tanto su desarrollo favorece a la construcción y al estímulo de esos sujetos basados en una lógica de consumo dictada por las necesidades del capital. La película se esfuerza en marcar que los algoritmos no tienen “valores ni ética”, por si mismos, sino que responden a las necesidades de venta de las empresas.

Un mundo de fakes news y likes

La relación entre la búsqueda constante de “likes” y de aceptación social se incrementan al tiempo que las plataformas ofrecen cada día más accesorios y servicios, potenciadores de esos “likes”. La preocupación de este documental está puesto sobre todo en la “generación Z”. Esta juventud es la primera que convivió toda su vida con la existencia de las redes sociales. El consumo de información es el más grande de toda la historia. El film habla de ansiedades y depresión creciente en los usuarios.

A su turno, la docuficción cuenta cómo en la lógica cuya prioridad es el “clickbait” (los anzuelos para el click) la difusión de fake news se viraliza aceleradamente, gracias a titulares de alto impacto. Se reseña, en esta línea, cómo esta dinámica ha contribuido al desarrollo de movimientos fascistoides, que encuentran aquí un terreno fértil para desplegar sus discursos. Pero al omitir las causas sociales y políticas de fondo del avance de esos sectores, se termina sobreestimando el papel de las redes en el mismo.

Lo que subyace es una mirada cándida de la democracia, que es la que se señala como «amenazada» y la que se busca defender en oposición a este estado de cosas, sin reparar en que esa democracia es la forma política que asume la explotación capitalista, y en que su crisis aparece ligada a la propia dinámica de crisis crecientes del capital. En esta línea, se coloca como base para una mejora una legislación que regule en materia de redes sociales, en lugar de la transformación social integral que sería necesaria para hacer frente a tales manipulaciones. Esta visión es afín a la presentada por otro documental de Netflix, Nada es privado, que se centraba en el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica -si bien en aquel el eje era la venta de datos de usuarios y su utilización para la manipulación de elecciones, algo que aparece minimizado en El dilema de las redes.

Por su parte, la docuficción omite cómo las redes están derivando también en lo opuesto. En masas que no solo se informan (o desinforman) a través de ellas, sino que también se organizan y se levantan en luchas. Fue a través de las redes sociales que dieron pasos clave movimientos como #LaMarchaMasGrandeDeChile, los “chalecos amarillos” franceses y hasta fenómenos como el del #MeToo o #ClimateStrike. En las redes sociales también sucede todo este gran abanico de interacciones positivas que el documental no registra. También omite el detalle de que los algoritmos tan polémicos que critica son con los que se manejan -y con los que guían en importante medida su producción y oferta- las plataformas de streaming, como Spotify, Disney Plus, Amazon ¡y Netflix!

¿Qué hacemos con las redes?

Deberíamos preguntarnos sobre su destino, sí. Es necesario discutir sobre la necesidad de su regulación y en definitiva en beneficio de quienes estarán funcionando los algoritmos, que en sí no serían los malos de la historia.

Si los desarrollos comunicacionales redundan, bajo el dominio del capital, en perjuicios contra la psiquis y en el espacio de mayores manipulaciones, es preciso oponer su utilización con fines revolucionarios, para cuestionar el mundo, organizarse y cambiarlo. Esos lazos infinitos que podemos tejer a través de este gran enjambre que es internet también deben ser la herramienta con la que luchemos por un destino socialista.

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