10/04/2020

“El llamado salvaje”: una vívida adaptación del clásico libro de Jack London

El llamado salvaje, lanzada este año, dirigida por Chris Sanders y protagonizada por Harrison Ford, no es la primera de las adaptaciones cinematográficas de The call of the wild. Y no es por nada. La hermosa novela del socialista norteamericano Jack London, publicada en 1903, perdura como una obra potente y con varios sentidos, en la que la historia de un hombre y su perro en “plena fiebre de oro” opera a su vez como toda una radiografía social y laboral de inicios del siglo XX (una inquietud siempre presente en London, autor de múltiples obras maestras y admirado por revolucionarios de la talla de Lenin, Trotsky y el Che Guevara).


Harrison Ford es quien encarna a John Thornton, el curtido buscador de piedras preciosas con un fuerte vínculo con un perro San Bernardo. La diferencia de la versión de Sanders con las anteriores estriba en la utilización de las novedades tecnológicas para provocar un alto grado de realismo, creando tomas donde hombre, perro y naturaleza salvaje se unen. Un excelente trabajo de fotografía logra que el frío intenso del Yukon (Alaska), los grandes caudales acuíferos, se vuelvan palpables, como si no existiese distancia, como si no hubiese pantalla que intermedie entre los personajes y los espectadores. En numerosas escenas que tematizan las relaciones entre los perros y otros animales, o entre estos y los hombres, la película pareciera querer plasmar la crudeza de una “supervivencia del más apto” al estilo darwiniano.


A lo largo de su vida, antes de encontrarse con Thornton, el perro de la trama ha sido robado a una familia de clase alta -la del abogado del pueblo- para ser explotado en la tracción de trineos, luego para el reparto de correspondencias, y finalmente, con la llegada del Telégrafo, abandonado. Toda una metáfora de los trabajadores explotados y fácilmente descartados por las patronales de tanto en tanto (y, de manera menos metafórica, un recordatorio de que al día de hoy, 120 años después, continúa existiendo la tracción a sangre, tanto animal como humana).


Pese a que la obra cinematográfica se centra en las aventuras de Thornton -la búsqueda del oro, y su campaña individual por recuperar unas piedras preciosas robadas- el mensaje de la soledad humana en estas latitudes inhóspitas queda marcado sin necesidad de explicaciones, con imágenes que -como se suele decir- valen mucho más que mil palabras.


Del mismo modo, pueden observarse en el film las precarias condiciones de vida y trabajo de estos buscadores, donde lo salvaje se hace carne, y se confunde lo animal y lo humano. Como rezaba un pasaje del texto original, “un hombre con un garrote era el que dictaba la ley, un amo a quien se obedece, aunque no necesariamente se acepte”. Pero, junto a ello, esta trama pone en valor el coraje y la firmeza del animal, que incluso en las peores condiciones, no pierde nunca su sentido de libertad y de rebelión,.

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