Cultura
12/6/2026
Elegía del poeta de los marginadxs
Por favor que el adiós no se alargue.
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El Indio.
La muerte del Indio Solari ocurrió hace una semana, pero este duelo popular acaba de empezar. Todavía habrá mucho para decir y compartir sobre lo que significaron y significan el Indio y Los Redondos en nuestras vidas; y como en todo duelo habrá recuerdos, resignificaciones, tristezas y alegrías que se necesitan expresar para hacer un poco más atravesable la angustia. Porque sí, para desgracia de los Majul, los Trebucq, los Feinmann hace una semana estamos angustiadxs. Cada unx sabrá por qué, pero creo que la mayor razón es que la muerte del Indio trajo los recuerdos de la adolescencia y la juventud de -por lo menos- dos generaciones al presente, un presente que no dista mucho de lo que fue el final de la década del 80’ y toda la década de los 90’ en la que vivimos muchxs de nosotrxs, mientras de fondo sonaban Los Redondos.
Veámoslo un poco con tus ojos
Algo muy repetido en testimonios, charlas y recuerdos compartidos estos días es que algo que nos unía muy fuerte al Indio y su música es que nunca nos subestimó. Los Redondos le hablaban al pueblo, al bajo fondo; quizás no tanto al principio, cuando sus actuaciones eran en la escena under total, en sótanos y antros que visitaban sobre todo estudiantes, artistas bohemios, intelectuales que hoy llamaríamos “progres”, pero sí seguro a partir de su masificación a fines de los 80´. La banda de Carlos Solari empalmó con una necesidad que teníamos lxs que estábamos en los márgenes de que alguien hablará de lo que nos pasaba. Sus canciones hablaban de experiencias y sentimientos muy concretos, reales y de la vida cotidiana. Sin embargo era la forma de hablar de todo ello lo verdaderamente atrayente: mezclaba palabras del lunfardo, del barrio, incluso malas palabras o palabras “vulgares” con palabras hermosas, conceptos complejos, incluso palabras en latín o algunas inventadas directamente. La parabellum del buen psicópata, Scaramanzia, la muy difícil de pronunciar Ñam fi frufi fali fru o Nuotatori professionisti son solo algunos ejemplos. En Gualicho hace directamente magia cuando dice “El Zumba se colgó del bondi a Finisterre” y combina la palabra bondi del lunfardo con finisterre, el fin del mundo o de la tierra en latín. Esto que puede parecer una pavada fue muy importante para la generación de hijxs de trabajadores que crecimos entre los 90’ y la primera década de los 2000, los bien llamados “hijos del Argentinazo”. Porque en hogares donde asolaba el desempleo, la pobreza, la miseria y donde -salvo excepciones- no había lugar para bibliotecas ni tiempo para leer, Los Redondos nos trajeron poesía, versos, palabras que buscar en diccionarios y preguntas para hacerle a algún profe copado. Sus canciones nos hacían pensar no solo en la realidad que nos rodeaba sino que también estimulaban la curiosidad y la imaginación. El Indio acercó el arte a una generación a la cual ese derecho le estaba vedado, porque era un privilegio, porque no lo merecíamos. Y no solo me refiero a la música, también fue el dibujo, la pintura y la literatura. Los prólogos crípticos de los discos La mosca y la sopa (donde está la famosa frase “Ciertos fuegos no se encienden frotando dos palitos”), Lobo suelto/Cordero atado, Luzbelito o Ultimo bondi también fueron objeto de lectura voraz y análisis obsesivo. Vislumbramos en esos textos por primera vez a Cortázar, Roberto Arlt y Borges. Lejos de querer ser pretenciosos, el Indio nos invitaba a nosotrxs -lxs hijxs de la desindustrialización y los ticket canasta- a acercarnos al fueguito de los cuentos y las novelas.
Las tapas de Rocambole aportaron lo suyo a esa apropiación del arte por parte de los olvidados del sistema. Este artista solía decir que no le preocupaban las reproducciones populares de sus obras, que prefería que estén por ahí en miles de remeras, tatuajes y banderas que en un museo donde las disfrutaran solo unos pocos. Y eso eran Los Redondos, arte que se desparramaba en la esquina del barrio.
Por un corazón que no puede cumplir más promesas ya
De toda la obra del Indio, son las canciones de amor las que más me llamaron la atención siempre. Parece una paradoja hablar de canciones de amor y Los Redondos, pero eso solo puede decirlo alguien que no haya escuchado Mi genio amor, La reina Momo, Semen-up. Ella debe estar tan linda, Tarea fina, Esa estrella era mi lujo, Un poco de amor francés, La hija del fletero, Caña seca, Perdiendo el tiempo, Mariposa pontiac, Ella baila con todos, Gualicho, La pequeña novia del Carioca o Una piba con la remera de Greenpeace. Y es una lista muy injusta. Por supuesto que no es el amor romántico y trillado de las telenovelas. Es el amor que sale mal, el amor que nos da miedo, donde nos mandamos metidas de pata, lastimamos a quien queremos y nos lastiman, donde mentimos y cometemos errores. Pero que aun así es bello vivir y vale la pena, un gran remedio para un gran mal nada más y nada menos. Es el amor que está atravesado también por la situación social, por el hartazgo y el cansancio de laburar 8, 10 o 12 horas y no saber bien para qué, si ni llegamos a fin de mes. El amor de escrachar en paredones culeando a nuestra estrella. Una vez el Indio dijo que “la poesía, como toda ciencia, es nada más que una interpretación del mundo”. Siempre le estaremos agradecidxs por ayudarnos a ponerle palabras a mucho de lo que sentíamos y aun sentimos y, sobre todo, a poder interpretarlo desde la belleza de una canción que suena aun cuando todo se va al carajo.

El rock como todo llanto
Quizás algo de todo esto ayude a entender la tristeza de estos días, la cola de 75 cuadras para decirle adiós y el aluvión de palabras que leímos estos días en las redes y que espero que sigamos leyendo. Un testimonio muy viralizado estos días es el de Agustina, una chica que habló del Indio como “el dios de los rotos”. Y no podemos estar más de acuerdo.
Pero una cosa que es importante aclarar es que estamos lejos de querer romantizar la marginalidad, la miseria, la delincuencia, o incluso la falopa, el alcohol u otras expresiones de descomposición social a las que Los Redondos hacen múltiples referencias en sus canciones. Lo que pasa es que en medio de todo ese horror el Indio y Los Redonditos hicieron florecer la poesía y trajeron música. Nos hablaron a esxs a lxs que nadie nos hablaba. Les dijeron a aquellos que estaban en cualquiera que podían salir, que el asunto estaba ahora y para siempre en sus manos. Nos dijeron que a pesar de nuestras penas y la soledad, todavía podíamos bailar. Y por supuesto que la pifiaron varias veces: ahí están para siempre Walter y Olavarría para recordárnoslo. Y están las peleas de cartel y -en definitiva- por la puta guita por las que se separaron. Aunque vayamos a sus misas muchos seguimos siendo ateos y sabemos que los dioses no existen y que son simples hombres los que toman las decisiones. Pero aun así no podemos negar que el domingo algo pasó, nuevamente la magia sucedió. Nos juntamos, tomamos la calle y a pesar de las diferencias de edad, de experiencias, de ideologías estuvimos otra vez todxs juntxs en el pogo mas grande del mundo. Ojalá sea el principio de la historia en la cual se termina la noche más oscura y se viene el día en nuestros corazones.




