20/12/2021

La casa de Gucci, uno de los costados oscuros de la moda

El último film de Ridley Scott generó controversias en “la familia de la moda”, a pesar que la peor parte de la historia no fue contada.
Por Beita De

“La casa de Gucci” (House of Gucci) es posiblemente una de las películas más esperadas del 2021. Protagonizada por un elenco estelar y basada en hechos reales, cuenta la historia del asesinato de Maurizio Gucci (Adam Driver) el 27 de marzo de 1995, en manos de un sicario enviado por su exesposa Patrizia Reggiani (Lady Gaga). Al Pacino, Salma Hayek y Jared Leto son otros de los que dan vida a este glamoroso drama. A pesar de la buena aceptación del público y de la crítica mundial, los herederos de la casa de moda vienen poniendo el grito en el cielo sobre cómo se retrata a su familia en el largometraje y hasta lo consideran “un insulto al legado de la marca”.

De hecho, esa no es la única mala publicidad que está recibiendo el film. Hace algunas semanas, su protagonista, Lady Gaga contó que durante el final del rodaje debió ser acompañada por un psiquiatra, ya que utilizó técnicas del sentido de la memoria para poder conectar sus traumas personales con los de su personaje, incluyendo la violación que sufrió a los 19 años de parte de un productor musical. “Estaba derrumbándome mientras Patrizia se derrumbaba”, confesó Gaga y hasta el mismo Scott debió intervenir cuando se dio cuenta de lo insalubre que estaba resultando esa técnica para la actriz.

Una sátira de amores, traición y venganza sobre las pasarelas

“La historia, en cierto modo divertida, es una sátira, y usar esa palabra es una forma elegante de decir que es una comedia”, explicó su director Ridley Scott recientemente en un podcast cuando fue consultado por las quejas de la familia Gucci. Y es que el film si bien cuenta sobre un asesinato, la realidad es que sus personajes y el guión desdramatizan este relato repleto de lujos, moda y extravagancias.

Quizás en esto residen principalmente las quejas de parte de los herederos que en su descargo público amenazan con demandarlos: “Los miembros de la familia Gucci se reservan el derecho de iniciar acciones con el fin de proteger el nombre, la imagen y la dignidad propia y de sus seres queridos”. Sin embargo, el lado más oscuro de la historia de Gucci no está reflejado en esta película.

La alfombra roja de la esclavitud y la precarización laboral

Escapa al argumento que narra este film dar cuenta de lo que ocurre detrás del glamour de las lujosas pasarelas. Según el Banco Mundial, la industria de la moda cuenta con más de 60 millones de trabajadores en todo el mundo. Y a pesar que el 97% de las marcas, presentan “estándares de responsabilidad social corporativa”, lo cierto es que se benefician de la producción en países pobres donde someten a sus trabajadores a la precarización laboral, con jornadas laborales largas, extenuantes y esclavizantes.

Asia, África y América Latina son el reino de la subcontratación y la producción de entrega rápida a bajo costo de la que se valen las grandes marcas como Gucci, Mango, Dolce&Gabanna o Burberry para superexplotar trabajadores. Exigen continuamente tiempos de producción cortos y precios muy bajos, lo que repercute en la competencia entre las fábricas de proveedores. Esto se ha potenciado en los últimos dos años, ya que con la excusa de minimizar las pérdidas de su márgenes de ganancia durante la pandemia las grandes marcas cancelaron abruptamente los pedidos a sus fábricas proveedoras, lo cual provocó despidos masivos, empujando a muchos trabajadores a la pobreza extrema. Un ejemplo fue lo sucedido en Bangladesh, el segundo país con mayor cantidad de trabajadores dedicados a la confección (más de un millón), en su mayoría mujeres, que fueron despedidos o suspendidos sin goce de sueldo durante el 2020. Incluso tanto en India como en Myanmar miles de obreras textiles realizaron piquetes y movilizaciones en protesta para exigir el pago de sus salarios adeudados.

Claro que esta realidad no es marca registrada solo de las pasarelas de moda, las marcas deportivas como Adidas o Nike hacen lo propio. De hecho es muy común que la industria de la ropa y el calzado se nutra de las y los trabajadores migrantes, quienes en muchos casos por falta de documentación son más vulnerables a la explotación laboral y a acuerdos informales. También a nivel local son populares las marcas explotadoras como Cheeky, de Juliana Awada, que cuenta con varias denuncias por talleres clandestinos y explotación.

Incluso, en abril de este año, investigadores del Conicet publicaron el libro “¿Quién hace tu ropa?”. Se trata de un trabajo de 10 años de investigación que expone lo que sucede en Argentina con respecto a la explotación laboral en la industria textil. Si bien el estudio se centra en lo que sucede en Buenos Aires y Capital Federal, el libro cuenta con infografías que incluyen la situación de Córdoba y Rosario, entre otras. Hasta el momento en nuestro país hay más de 120 marcas denunciadas por subcontratación de talleres de costura donde se reportaron prácticas de explotación laboral.

A ninguna de estas condiciones escapa el modo de producción que emplea Gucci, pero nada de esto parece sonrojar a los herederos ni representarles “un insulto al legado de la marca”, como lo hace esta película que ya lleva casi un mes en la cartelera argentina y que se encamina a ser multi nominada por la industria.

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