06/09/2012 | 1238

La lucha del Museo de Arte Moderno

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En la avenida San Juan al 300 hay una puerta de madera y hierro, como si fuese un castillo medieval. Pertenece al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Mamba, edificio que tiene 3.000 m2 de superficie… y un presupuesto anual de 15.000 pesos.


Durante julio el Mamba convocó a una muestra denominada Ultimas Tendencias II, que pretendía dar cuenta de la producción más relevante en el arte contemporáneo de los últimos diez años. La participación condicionaba a los artistas a donar su obra. Esta extorsión generó malestar en muchos de los convocados: se cambiaba la donación de su trabajo por la posibilidad de ser reconocidos y legitimados por una institución pública.


Frente a esto los artistas comenzaron un proceso asambleario y se agruparon bajo el nombre de Artistas Organizados (AO). Las primeras medidas fueron dejar las donaciones en suspenso y hacer conocer la situación del museo mediante una solicitada que firmaron 700 personas de la comunidad artística.


El domingo 26 de agosto la puerta estaba cerrada, custodiada por la Policía Federal. En el interior del museo se estaba desarrollando una mesa-debate donde se ponía en cuestión el modelo de museo público. La mesa fue convocada por Artistas Organizados. En el exterior decenas de personas querían y no podían entrar.


El Mamba se encuentra cerrado hace años por una supuesta remodelación del edificio. A finales de 2011 se reabrió, sin baños, con sólo dos salas precariamente habilitadas, y un presupuesto anual para gastos de 15.000 pesos. El acervo de 7.000 obras del Museo fue conseguido de manera integral mediante el sistema de donaciones. Y lo dirige la misma funcionaria hace 16 años.


El caso del Mamba no tiene nada de particular. Es el resultado del abandono sistemático y la asfixia presupuestaria que sufren la educación y la actividad cultural por parte del gobierno, tanto en la Ciudad como a nivel nacional.


El Fondo Nacional de las Artes (10.000 pesos en tres cuotas) no cubre los gastos básicos de realización. Casi no existen espacios públicos para exponer, las posibilidades de exhibir quedan relegadas al ámbito del mercado privado y a las experiencias autogestivas. El abandono se expresa también en la absoluta precariedad y tercerización de los artistas, inexistencia de obra social, jubilación… ni siquiera categoría en el monotributo.


AO no es un caso aislado. En las últimas semanas se llevaron a cabo encuentros de más de cien artistas, nucleados en la SAAP, para conseguir una Ley de Jubilación para artistas visuales. Al mismo tiempo, y mediante un proceso asambleario, los trabajadores dibujantes, ilustradores e historietistas, votaron la reestructuración de la vieja Asociación de Dibujantes Argentinos, ADA, para transformarla en una herramienta gremial en defensa de sus derechos. En el ámbito del teatro numerosas agrupaciones se movilizaron este mes para reclamar por subsidios impagos que adeudan Proteatro -Ciudad- y el INT -Nación.


Todas estas son manifestaciones que deben dar forma a una toma de conciencia, de que el régimen social está agotado y de que la conquista de la libertad para la creación, depende de superarlo.


El entusiasmo masivo que despertó AO se debe no solamente a la cuestión del Mamba, sino a la urgencia que tenemos los artistas de realizar una experiencia de organización, de agruparnos para luchar por nuestros derechos y reivindicaciones. Es un desafío que definirá el futuro de AO y su conformación como un verdadero instrumento de lucha para los artistas.


El museo debe quedar bajo control de quienes hoy realmente están llevando y defendiendo su actividad, los artistas y trabajadores del museo, nucleados en asamblea.


Debemos condensar estas distintas experiencias y avanzar hacia la construcción de una organización de los artistas, independiente del Estado y el negocio privado.

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