Cultura

14/7/2005|908

La política cultural de Alperovich y Guzmán

La Secretaría de Cultura de la provincia es una cueva de Chabanes. El secretario de Cultura, Mauricio Guzmán, es el representante de una camarilla de empresarios y productores que utilizan los presupuestos públicos para sus negocios.


Mientras la gran mayoría de artistas independientes, grupos de teatro, bandas, salas culturales, etc., se desloman día a día por sostener su actividad a la espera de leyes de fomento y subsidios que nunca llegan, con el tiempo se ven obligados a abandonar parcial o totalmente su vocación para poder vivir trabajando de otra cosa...


Los trabajadores administrativos, técnicos y cuerpos artísticos de la Secretaría de Cultura son duramente explotados a través de salarios por debajo del límite de la pobreza, en negro, con contratos temporales que no garantizan la estabilidad inclusive con contraprestación de planes jefes por 150 miserables pesos, flexibilizados, porque no existen las horas extra sino ‘compensatorios’ de descanso o por unas cuantas monedas más la ‘libre disponibilidad’ de tiempo de trabajo. Todo con el visto bueno de ATE y sus delegados que nadie eligió...


Cada espectáculo que llega a Tucumán, ya sean producciones porteñas o directores que se contratan para montajes locales, demanda el gasto de miles de pesos al presupuesto cultural en ‘cachets’, anticipos, comisiones, sobreprecios, etc., que aseguran los negocios de los ‘amigos’ del gobierno al extremo de maximizar sus ganancias a costa de la seguridad de los artistas y trabajadores, como del público que asiste a las funciones...


Esto es lo que denunció ante los medios un grupo de técnicos al dar a conocer los “graves signos de deterioro” del Teatro San Martín. Techos con filtraciones de agua en el escenario y desde los baños; humedad y caída de revoque en las paredes; talleres inundados y la caldera con “cañerías que pierden por todos lados”, con peligro de explosión, y que se sigue encendiendo en cada función, como en la noche de gala del 24 de mayo. Dipasa y Defensa Civil emplazaron al secretario de Cultura a refaccionar en 60 días (¡¡ya vencidos!!) las instalaciones y a respetar la capacidad del teatro, excedida permanentemente en cada función. Lo único que hizo la Secretaría es iniciar sumarios a los trabajadores por haber hablado.


Mientras la cultura siga en manos de empresarios y capitalistas y de sus funcionarios de turno, la búsqueda del mayor beneficio para éstos al menor costo seguirá siendo la regla general, provocando desde la enorme desocupación del sector artístico, pasando por la explotación sin límite, hasta las más terribles masacres sociales.