Cultura

24/8/2020

Las pandemias en la historia del arte: obras emblemáticas

Una mirada para pensar el arte en tiempos de Covid-19.

"Naturaleza muerta" (2020), obra de Dave Pollot Art @davepollotart

El arte le ha servido a la humanidad para entenderse a sí misma a través de distintas percepciones históricas de la realidad. En los registros artísticos podemos descubrir las creencias y costumbres de las civilizaciones, el desarrollo de la tecnología y la manipulación de la naturaleza: una expresión del mundo acorde al desarrollo de las fuerzas productivas del hombre. Las obras que vamos a ver en este artículo constituyen una fuente interesante para aproximarse a la interpretación del estudio humano sobre la técnica, transformando en materia sus ideas que, indudablemente, están arraigadas a las necesidades o aspiraciones de una época.

El sentimiento mágico por siglos ha movido la necesidad de la expresión artística, en la búsqueda de respuestas a lo que sucede. Antiguamente, era común sostener que las enfermedades y plagas que se desprendían en el mundo tenían un carácter divino; en este punto, el origen de las epidemias era el pecado, y la solución a las mismas también corría por cuenta de la carga moral.

(Vale apuntar que aun hoy día, habiéndose ampliado enormemente el conocimiento científico, vemos teorías oscurantistas sobre el Covid-19 con un asidero no despreciable, agitados por sectores que se han desarrollado al amparo de los Estados y las iglesias e incluso desde la cumbre del poder político como en Brasil y Estados Unidos).

San Sebastián intercede en una epidemia de peste (1499)

de Josse Lieferinxe (Walters Art Gallery, Baltimore, EE.UU)

La escena tiene lugar durante una epidemia de la peste bubónica, como deja ver el artista en la figura agonizante del margen inferior. En ella podemos notar una de las características distintivas de la enfermedad, que es el abultamiento en la base derecha del cuello.

Esta obra se divide en tres partes. En la parte alta, el cielo, vemos a la figura de la divinidad y a San Sebastián, un oficial romano que fuera condenado a morir asaeteado por su fe cristiana pero sobrevivió a este martirio, enfrentándose nuevamente al emperador y siendo decapitado. Durante una epidemia del siglo VI, sus restos fueron hallados y trasladados a un templo que se construyó bajo su devoción. Milagrosamente para ese momento, la epidemia empezó a disminuir y desde ese entonces el santo fue muy popular en Italia, extendiéndose por toda Europa. De este modo se afirmaba la idea de la devoción, la plegaria como solución a los sucesos hasta entonces inexplicables por la humanidad. Podemos ver al santo, entonces, representado en su primer martirio rogando el fin de la epidemia.

Debajo de ellos, podemos ver la pelea entre un ángel y un demonio, en una puja por el bien y el mal, un sentimiento muy típico en aquella época en la línea de las epidemias como castigos divinos. Pero la obra se presta a una lectura a contrapelo, por la cual observamos la opresión social del período, y cómo la epidemia afecta de manera diversa a explotadores y explotados. Vemos en el centro el trabajo de los hombres que trasladan cadáveres y, finalmente, nos encontramos con dos partes: por un lado tenemos al pueblo que sufre, cuyas figuras están dispuestas de manera que nos presentan movimiento, y espanto, mientras que los representantes de la Iglesia se encuentran frente a ellos como columnas inamovibles, rectos y firmes en el otro margen del cuadro.

El triunfo de la muerte (1562 – 1563)

de Pieter Brueghel “el Viejo”. Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

En esta obra del siglo XVI también vemos esta iconografía de la época.

Por una parte, la pintura retrata una escena apocalíptica de la peste negra, protagonizada por la muerte, representada por esqueletos, quienes destruyen el mundo de los vivos sin distinguir entre ricos y pobres. Esto remite a un concepto cristiano sumergido en los horrores del siglo XIV como las hambrunas, la guerra de los cien años en Francia y sobre todo la peste negra, que terminó asimilando toda Europa: “La Danza de la Muerte” constituye todo un género artístico, que resulta de las reflexiones traumáticas de la época sobre la presencia de la muerte en la cotidianeidad.

En este cuadro vemos como los esqueletos matan de diversas maneras, llevando a la humanidad al ataúd gigante. Un auténtico caos en todas los lugares de la pintura, en el cielo, en el mar, en la tierra; la epidemia arrasa en todos los planos, mientras un tribunal presidido por el símbolo de la cruz contempla en tranquilidad esta escena. A su vez, también vemos representada la idea de los siete pecados capitales. La composición y la selección de las figuras es la identidad del artista, que logra interpretar la ferocidad ubicándonos, también con el uso de los colores, en el drama y el terror de una época.

Fragilidad humana (1657)

de Salvator Rosa (Fitzwilliam Museum, Cambridge, Inglaterra)

En esta pintura lúgubre el artista nos presenta lo efímero de la vida en una triste escena marcada por una plaga en Nápoles, donde encontramos a una mujer que sostiene un bebé recién nacido que pacta un acuerdo con un esqueleto alado, típica representación de la muerte.

Escena de la peste de 1720 en la Tourette (Marsella)

de Michel Apriete (Museo Atger, Montpellier).

Francia, siglo XVI. El Mediterráneo era un mar de comercio. Para este momento, si bien no se sabía cómo era que se transmitía la peste, sí existían conocimientos de cómo evitarla; incluso se habían tomado estrictas medidas de seguridad -como la cuarentena de pasajeros y mercancías- para evitar contagios, ya que en el pasado la peste había entrado a Europa por los puertos procedentes del Medio Oriente, específicamente por el puerto de Marsella.

A pesar de este avance sobre el estudio de métodos que sirvieran contra la propagación de la enfermedad, el valor del cargamento de las sedas y fardos de algodón que llevaba el cargamento del barco Saint Antoine fue más importante que la notificación de que ese barco provenía del Líbano, muy cerca de Damasco, una ciudad donde la peste ya estaba haciendo estragos. La presión comercial, por encima de las condiciones sanitarias, viola la cuarentena, extendiendo la plaga por la ciudad y cobrándose la vida de miles de personas.

En este sentido, podemos encontrar a las figuras humanas en el inferior de la composición; son incluso pequeñas. El artista retrata al hombre como insignificante frente a la enfermedad. Quedan plasmados los cientos de cadáveres en las calles, y el hecho de que se los enterraba donde se podía. Sin embargo, vemos a la autoridad a caballo, sana, iluminada, pareciera poder salvar a la población.

Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires (1871)

de Juan Manuel Blanes (Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay)

Ya en Argentina, nos encontramos con esta imagen devastadora. Tras abrir una puerta, dos hombres se encuentran con el cuerpo descompuesto de una mujer en el suelo y un bebé tratando de alimentarse de ella, sin percatarse aún que tras la puerta en la semipenumbra de la habitación hay un hombre que también está sin vida. En esta obra, el artista nos muestra un trágico hecho en Buenos Aires, cuando la fiebre amarilla (una infección viral que es transmitida por mosquitos) se cobraba vidas a mansalva, especialmente de los barrios populares -una diferencia social que notamos en las vestimentas que utilizan los personajes en la obra. La de 1871 fue la última y más letal de  una serie de epidemias de la enfermedad, con más de 13.000 muertes. Los cadáveres se apilaban en las esquinas y el tren locomotora “La Porteña” se ocupaba de trasladarlos al recientemente inaugurado cementerio de la Chacarita.

Recordar ese período tétrico es recordar también que estuvo marcado por la organización popular, que culminó en una movilización de 8.000 personas a Plaza de Mayo para designar una Comisión Popular presidida por Roque Pérez -quien se ocupó junto con otros profesionales que dejaron su vida en atender las demandas de la población, mientras el presidente Sarmiento y su vice Alsina abandonaban la ciudad. Luego de la tragedia comenzaron a ser debatidos proyectos para el acceso al agua potable y a las cloacas.

Presente y futuro

En la obra de Dave Pollot que ilustra esta nota, que lleva el crudo título de “Naturaleza muerta”, observamos nuevamente un ejemplo de cómo el arte hace frente a las pestes, en este caso a la pandemia de Covid-19.

Los artistas a través de la técnica, el uso de la composición y el estudio de las herramientas de su entorno, han mostrado con una intensa sensibilidad los períodos más devastadores de la historia, muchas veces denunciando -de manera más abierta o más sutil- a los responsables.

Este artículo intenta aportar un recorrido de la historia del arte para abordar las distintas prioridades de los regímenes frente a las epidemias y, también, aportar una reflexión respecto a cómo nos encuentra este período de la historia. En la actualidad, la corrosión indiscriminada del régimen capitalista sobre los recursos del planeta, constituye un punto clave en el crecimiento de las pandemias mundiales (como se ha denunciado en relación a la avanzada sobre la frontera agrícola), en confluencia con el vaciamiento y la privatización de los sistemas sanitarios. La anarquía en el modo de organizar la producción es el caldo de cultivo para el avance de enfermedades devastadoras, en particular para la clase trabajadora, ya que las crisis caen sobre nuestras espaldas.

Las imágenes de la pandemia actual son, en este marco, las de un mundo colmado por enormes convulsiones: las rebeliones se multiplican por el acceso a la salud, contra la represión, el hambre y la discriminación en todos los planos.

Un tiempo de enormes desafíos. Como se mencionaba al comienzo de este artículo, en el estudio de arte del pasado encontramos elementos valiosos para entender la historia de nuestra humanidad y a partir de ello de transformarla -lo que destaca la importancia de que las masas puedan tener acceso a la cultura. La lucha por ello, y porque existan cada vez más creadores que puedan atravesar la experiencia humana a través del arte, aparece ligada a la que está planteada para frenar la catástrofe sanitaria: una pelea histórica contra el capitalismo, un sistema en descomposición que debe ser superado por los pueblos del mundo.

Manos a la obra.

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