Cultura

8/2/2022

Luis Alberto Spinetta, un artista clave

A diez años de su muerte.

Hace diez años fallecía Luis Alberto Spinetta. El artículo que compartimos a continuación fue publicado en Prensa Obrera N°1211 (16/2/12), pocos días después de su deceso.

Sin Twitter, Facebook o cualquier otra red social, a través de un comunicado donde confesaba tener cáncer, Luis Alberto Spinetta se despidió prematuramente (en diciembre de 2011) del año -y, por qué no, del mundo. Casi como esos elefantes que silenciosamente vuelven a su tierra natal para morir, el “flaco” lo hizo entre los suyos el último 8 de febrero.

Automáticamente, periodistas, la farándula y hasta funcionarios públicos hicieron cola con sus pésames de ocasión’, apelando a “Muchacha ojos de papel”, “Barro tal vez”, “El anillo del capitán Beto”, “Maribel” y “Seguir viviendo sin tu amor”. Algo poco común para un artista que siempre tuvo una complicada relación con la prensa y la exposición de su vida privada.

A nadie le ha sido ajena su obra, que tiene una lírica influenciada por artistas y pensadores como Rimbaud, Nietzche, Van Gogh, Foucault y Artaud, y que transita por una variedad de géneros como el blues, el folk, el hard rock, el rock sinfónico, el jazz y la new wave. Pocos músicos han podido trabajar con diferentes sonidos (como aquí también lo hizo Charly García y, en el plano internacional, David Bowie) sin caer en la artificialidad a la que el mercado discográfico y sus modas condenan a los músicos.

Spinetta fue protagonista de la generación de artistas que le dieron identidad propia al rock & roll en Argentina y Latinoamérica, alejándolo por completo del arquetipo “teen-pop” que gente como Palito Ortega, el Club del Clan o los Shakers moldeaban para el género y para la juventud misma. Ocurre que la inocencia, las historias de amor naif y la ingenuidad desentonaban por completo con el Mayo Francés y el Cordobazo. La generación que  protagonizó estos grandes virajes de la historia se nutrió con la poesía y la música revulsivas que Spinetta y otros comenzaron a desgranar a fines de los ’60.

Con Almendra, Spinetta inauguró una tradición que se terminó transformando en un deber para cualquier rockero de aquí: la necesidad de un alto bagaje y creatividad en las letras. Algo que sería cuestionado tiempo después por bandas de los ’80 como Los Violadores -los cuales no se privaron de “dedicarle” temas como ‘Viejos patéticos” en 1983.

La letra de “Muchacha ojos de papel” fue la expresión de toda una generación de jóvenes argentinos conmocionados por la “Revolución Sexual” de los años ‘60, en una sociedad inmersa en el conservadurismo fogoneado y promovido por la dictadura de Onganía. La necesidad de unir la sexualidad a la pareja chocaba con el oscurantismo imperante, que sólo toleraba que la juventud satisfaciera su “hombría” con prostitutas.

Pescado Rabioso fue la síntesis que Spinetta hizo sobre la Argentina de 1973: sonido duro al mejor estilo Led Zeppelin, con una lírica similar a la de Almendra, pero ya alejada de la calle Arribeños en Belgrano, de la escuela secundaria y las frustraciones de la pubertad, y más cercana a la realidad política y social -convirtiendo así a su poesía en casi una catarsis nihilista. Como él definió a la banda en una entrevista “[…] es la guitarra eléctrica como espada de fuego contra los reaccionarios, contra la muerte, contra Vietnam, contra el Vietnam de acá, contra el exterminio, contra la bomba atómica, contra los que intoxican la tierra y los mares […] Es el fin de la infancia, el fin de la familia, el fin de la dialéctica psicoutilitarista, el fin del socialismo y el capitalismo como traducciones bastardas del lenguaje de la evolución, ideologías para destruir el brillo creativo de los hombres y someter la vida a mecanismos estadísticos”.

Invisible es la síntesis de las dos primeras bandas: la aspereza de Pescado Rabioso y el estigma etéreo de Almendra convivían con la experimentación sonora, una hermética lírica surrealista, vuelos climáticos e instrumentales similares a bandas como Pink Floyd, King Crimson o la escena del rock sinfónico alemán (Krautrock) con el acompañamiento de virtuosas dosis de jazz. Sería ésta una etapa de maduración artística, que representa un cenit en lo lírico y musical -en una época muy creativa del rock en el mundo, como lo fue la primera mitad de los ’70.

Otra de sus virtudes es haber sido un vanguardista, un artista preocupado en conocer y ensayar las nuevas tendencias -algo que no lo dejó ajeno en los ’80 a la frescura de la New Wave, los sintetizadores y el sonido al estilo de “The Police”, dándole más simpleza a sus letras y consagrándose, finalmente, como un icono de la cultura popular argentina.

Los ’90 lo encontrarán eclipsado por la nueva escena en el rock nacional, donde ni Foucault ni Artaud, ni Deleuze satisfarían el varío existencial de miles de jóvenes desocupados, que eligieron géneros más directos como el metal, el punk, el sonido Stone y el hardcore frente a la frivolidad musical de la época menemista. Con un trabajo prolijo como “Pelusón of Milk”, Spinetta se llamará al silencio, para volver a finales de la década a sus raíces rockeras, con su nueva banda “Spinetta y los socios del desierto” -trayendo un sonido cercano al de Pescado Rabioso para la congoja de los setentistas del momento.

Será su hijo Dante (junto a Emanuel Horvilleur) quien repetirá, en 1992, la epopeya que su padre hizo veinticinco años antes, innovando con el hip-hop y el funk de Illya Kuryaky & the Valderramas en la movida que, en esos años, se dio en llamar “el nuevo rock argentino”.

Después de varias iniciativas solistas, en diciembre de 2009 haría un recorrido por toda su carrera en lo que fue “Spinetta y las bandas eternas” -un inolvidable festival realizado en el estadio Vélez Sarfield, donde tocó con todas sus bandas.

La política no le fue ajena a Spinetta. En 1989, tiempo después de tocar en el festival de Amnesty Internacional, la revista El Porteño lo definió como un militante “yogurt”, concepto con el cual buscaba caracterizar su mirada errática o bohemia de la política.

En 1982 tocó en el “Festival de la Solidaridad Latinoamericana”, de lo cual -tiempo después- se arrepentiría, debido a la manipulación que hizo la dictadura del mismo. Fue parte también del “boom cultural” de los años posteriores, componiendo temas como “Maribel” (que hacía referencia a los desaparecidos), y simpatizando con el alfonsinismo en sus primeros años.

Apoyó a Tato Bores cuando este fue censurado por la jueza Servini de Cubría; a la lucha docente -dando recitales en la carpa blanca de Ctera-, y rechazó desde siempre al gobierno de Menem.

En los últimos años, sostuvo opiniones controvertidas, que lo llevaron a rechazar los piquetes en pleno 2001, y a buscar responsables de la masacre de Cromañón entre las propias víctimas. A la par de esto, su activismo se centró en la conciencia vial al conducir, así como a un nada despreciable mensaje de rechazo hacia la minería contaminante.

Desde ya que entrelazar arte y convicciones políticas ha sido, en muchas oportunidades, una labor que genera desazones. La obra de Spinetta ha transcurrido en un período de grandes fracturas históricas, crisis y revoluciones, y la genialidad de su poesía y su música siempre va a ser asociada a esas transformaciones.

Sin duda alguna -con su música, su creatividad lírica y sus contradicciones-, no hay mejor manera de recordar a Spinetta que como “el Borges del Rock Nacional”.