10/09/2020

“M. El hijo del siglo”: la historia de una derrota de la clase obrera

La exitosa “novela-documental” de Antonio Scurati expone de manera vívida la llegada de Mussolini al poder y los grandes dilemas de la lucha política de esos años.

Con 12 ediciones en menos de un año y más de 250.000 ejemplares vendidos, M. El hijo del siglo de Antonio Scurati se ha convertido en el fenómeno literario italiano del último año.

La biografía novelada (en palabras del autor una “novela-documental”) sobre el ascenso del fascismo y la llegada al poder de Benito Mussolini tiene en este trabajo de casi 900 páginas un desarrollo literario y documental minucioso que acerca a la comprensión de algunos de los grandes dilemas de la lucha política y revolucionaria.

Al encabezar cada capítulo con una fecha y un personaje, y finalizarlo con el testimonio de uno o más documentos históricos (notas periodísticas, informes policiales, cartas, telegramas, diarios íntimos) que lo fundamentan, la novela adquiere la fuerza de la veracidad de los acontecimientos, explica minuciosamente las derivas que llevaron a una de las más penosas derrotas históricas de la clase obrera.

Mussolini, retratado como un representante directo de los sectores populares, hijo de herrero, sacudido por la miseria imperante y la polarización social creciente de principios de siglo pasado, expresa en sus comienzos el inconformismo y la desazón de una generación. Esto explica su joven militancia en la izquierda, su destacado paso por el Partido Socialista, así como también su expulsión (renuncia) del mismo a partir de su exaltada campaña a favor de la participación en la Gran Guerra -lo que lo llevará a fundar el periódico Il Popolo d’Italia, bastión desde el que lanzará sus proclamas y definirá sus oscilantes orientaciones políticas. La capacidad de Mussolini para empalmar, a través de sus discursos y artículos polémicos y directos, con ese odio generado en la pauperización de las masas desencantadas con sus históricos líderes de su clase, llevarán a Scurati a plantear en el dictador un adelantado a los modernos tuiteros.

La crisis en la Italia se hunde tras la guerra; a pesar de estar entre los vencedores, resulta el telón de fondo de esta tragedia histórica. Miles de inválidos y ex veteranos sin la posibilidad de reinsertarse en una economía quebrada, de acceder a la tierra prometida en una reforma agraria nunca realizada; desamparados ante las continuas dilaciones de los partidos de izquierda de una lucha directa por la toma del poder político, en numerosas ocasiones al alcance de la mano. En palabras de Mussolini, “un pueblo de veteranos, una humanidad de sobrevivientes, de sobras”. Con este material lúmpen, y sobre esta desazón, se construirá el núcleo duro del fascismo.

La contracara: la resistencia a pesar de sus direcciones, la lucha a muerte contra los escuadrones fascistas en los barrios y ciudades obreras, en los campos, lugares donde se expresaba sin ambages la unidad entre la barbarie fascista y los terratenientes y burgueses que financiaban las carnicerías humanas desatadas contra las organizaciones sindicales, los activistas, revolucionarios y sus familias.

La virtud de mantener la tensión dramática, a pesar de saber de antemano el dramático final de la historia, no solo es un gran mérito del autor. Pone de manifiesto de manera brutal las ventajas que durante todo el período narrado tuvo la clase obrera sobre las fuerzas de la reacción, increíblemente dilapidadas por las direcciones vacilantes.

Es la heroica clase obrera de la gran huelga de septiembre de 1920, cuando ante un llamado de la CGT quinientos mil trabajadores ocupan seiscientas fábricas en toda Italia, con obreros improvisando comandos armados con cuerpos de guardia, garitas, centinelas, cascos y fusiles. La producción puesta en manos de los trabajadores, una clase preparada para la guerra civil, organizada, que durante 30 días pone de manifiesto que “merece su revolución”, pospuesta como siempre, irremediablemente, por los dirigentes socialistas. Los mismos que en las elecciones de 1919, apenas unos meses atrás, habían conquistado en las urnas 1.834.792 votos (156 parlamentarios electos) contra unos 270.000 de los fascistas.

El fascismo aprovechará cada oportunidad, cada nueva desmoralización de la clase obrera con sus partidos y dirigentes, desatando una violencia sistemática contra todo lo que se oponía a su desarrollo. Será esa barbarie la excusa que irónicamente justificará el llamado al orden de los representantes liberales, considerando la única manera de garantizarlo darle el poder a Mussolini, el principal promotor del caos, lo que se plasmará definitivamente con su llegada al gobierno luego de la simbólica marcha sobre Roma en 1922.

Este primer libro de una proyectada trilogía culmina con el reconocimiento de Mussolini de la responsabilidad política del asesinato de Giacomo Matteotti. Este líder del Partido Socialista cargaba sobre sus espaldas haberle recomendado en 1921 a los agricultores del valle de Po, que estaban siendo masacrados por las hordas fascistas, “quedaos en casa; no respondáis a las provocaciones. Incluso el silencio, incluso la cobardía, a veces son heroicos”; convertido posteriormente, ante la derrota de la perspectiva revolucionaria y el avance de la reacción, en el principal de los parlamentarios opositores al nuevo régimen. Matteotti, consciente del significado de la victoria del fascismo, culminará su última denuncia en la cámara diciéndoles a sus timoratos compañeros de bancada: “hice mi discurso. Ahora ustedes preparen la oración fúnebre”.

Decenas de destacados personajes y protagonistas acompañan la historia central, entre los que vale la pena destacar el rol del poeta y escritor Gabriele D’Annunzio y el del reconocido fundador del futurismo Filippo Tommaso Marinetti, quien proclamará un movimiento capaz de destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo; asesinar el claro de luna y cantar a las grandes multitudes sacudidas por el trabajo, el placer o las revueltas; y que glorifique la guerra (“única higiene del mundo”), el militarismo, el patriotismo, el gesto destructivo de los libertadores, las “ideas hermosas por las que se muere” y el desprecio por la mujer.

Aunque este no resulte exactamente un caso -como suele suceder con las biografías históricas, centradas demasiado en los aspectos personales por sobre los sociales-, se desarrolló sobre la novela una polémica sobre la posibilidad de que la misma termine siendo una justificación, y hasta cierto punto, una reivindicación de Mussolini (algo en el título nos puede predisponer a eso). En una entrevista reciente Scurati dice estar “convencido de que, al concluir la lectura, el antifascismo de los lectores saldrá reforzado”.

Las conclusiones políticas no siempre se nos presentan de manera directa.

Sin la necesidad de leer entre líneas, la devastadora puesta en escena que describe Scurati de lo que significa una derrota histórica de la clase obrera, la terrible lección de la falta de una dirección revolucionaria, la barbarie del capital en su fase más descompuesta, reafirma para los revolucionarios la certeza de aquella sabia advertencia de Rosa Luxemburgo, “socialismo o barbarie”.

En esta nota

También te puede interesar:

En la novela de Constanza Ternicier, reeditada en 2018, las fracturas sociales del presente confeccionan el trasfondo de un pesimismo que corroe cualquier esperanza.
Este jueves 22, a las 23 h, el film de Andrés Di Tella será transmitido por la página del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.
Sobre los anuncios del capitalista tecnológico Elon Musk y dos libros argentinos: “Hombres amables” de Marcelo Cohen y “Los cuerpos del verano” de Martín Felipe Castagnet.
En el drama coral del escritor cubano, predominan las visiones desencantadas y críticas, cuando no reaccionarias, de un grupo de amigos exiliados.
Un manifiesto metalero y barrial. Una oda a la amistad. Una reivindicación de la docencia y la militancia; de la docencia como militancia, también.
Escrita en 1990, se publicó en septiembre de este año por Blatt y Ríos.