12/04/2020

Madame C. J. Walker y una historia más del sueño americano

La serie de Netflix se basa en la vida de quien sería la primera afroamericana en convertirse en millonaria.

Madame C. J. Walker fue una empresaria afroamericana de la industria de cosmética para el cabello. Netflix retoma su historia en Madame C. J. Walker: una mujer hecha a sí misma (Self Made), una miniserie de 4 capítulos donde recorre parte de su vida y de cómo logra convertirse de una lavandera por centavos en una magnate. El título “hecha a sí misma” es el mismo que le otorga el récord Guinnes.


Con muchas omisiones y licencias creativas, la serie habla de una mujer emprendedora y muy inteligente. De familia de esclavos, Sarah Breedlove (Madame CJ Walker) es la primera en nacer en libertad. Madre de Leila, su única hija, producto del primero de sus tres matrimonios. La historia ficcional inicia en 1908 y cuenta cómo su problema con la caída del cabello la lleva a conocer a una peluquera, Annie Malone, quien le hace tratamientos capilares a cambio de lavarle la ropa. En un antagonismo propio de telenovelas, Netflix elige contar a Annie como su archienemiga en el mundo de la cosmética capilar, aunque en la vida real esta rivalidad fue mucho más sutil.


La tenacidad de Sarah Breedlove será la que le permitirá, según Netflix, alcanzar la cima del éxito, a pesar de que esto la convierte en una “workaholic” (adicta al trabajo), lo cual redundará en una enfermedad de riñones y una hipertensión que le producirán finalmente la muerte. Este será un constante de reproche de su tercer marido, con quien fundó la fábrica y de quien tomó el nombre C.J. Walker y lo que culminará con su matrimonio.



Detrás de escena, ¿quién fue realmente Madame C.J. Walker?


Pero más allá de ser una empresaria adicta al trabajo, Sarah Breedlove fue una activista política por los derechos de las y los afroamericanos. En 1917 cuando una mafia de blancos asesinó a 39 negros en East St. Loius, ella participó del grupo de líderes de Harlem que presentaron una petición en Casa Blanca en defensa de la legislación federal contra los linchamientos.


Netflix elige contar poco sobre el trasfondo racial en el que vivió esta magnate. Si bien existen comentarios sobre las rivalidades entre blancos y negros e incluso hay un episodio de un ahorcamiento por cuestiones de raza. La plataforma omite contar todo el entramado social de un Estados Unidos previo a la Primera Guerra Mundial. La segregación racial, la xenofobia, el Ku Klux Klan, resultan así una importante omisión, cuando se trata de contar justamente la historia de una mujer afroamericana, de familia de esclavos que logra hacerse un lugar en el mundo de los hombres y los negocios.


Sarah Breedlove impulsaba a las trabajadoras de su marca a empoderarse y alentaba a que intervengan políticamente. Algunas escenas de la serie retoman esta idea. De hecho en 1917 (un año antes de su muerte) realizó una convención que debió de tratarse de una de las primeras reuniones de mujeres empresarias de Estados Unidos. "Este es el país más grande bajo el sol", les dijo, “pero no debemos dejar que nuestro amor por el país, nuestra lealtad patriótica nos haga disminuir un poco en nuestra protesta contra el mal y la injusticia. Deberíamos protestar hasta que el sentido estadounidense de la justicia esté tan excitado que asuntos como los disturbios de East St. Louis sean por siempre imposibles ”, fue parte de su discurso en la vida real, según cuenta su página oficial.


En su testamento Sarah estableció que dos tercios de sus futuras ganancias se sigan destinando a obras de caridad y a la NAAP (Asociación Nacional para el Progreso de las personas de Color), esta última se proponía “promover la igualdad de derechos y para erradicar los prejuicios de casta y raza entre los ciudadanos de Estados Unidos. Para avanzar el interés de los ciudadanos de color, para asegurarles un sufragio imparcial, y aumentar sus oportunidades para asegurar la justicia en los tribunales, educación para los niños, empleo según su capacidad y completa igualdad ante la ley”.


C.J. Walker, la empresa y la empresaria


Hacia 1910 la compañía Walker contaba con 950 agentes trabajando en todo el país y miles de clientas en sus salones.


Si bien el discurso de la empresa era el de “elevar la raza” y “elevar a las mujeres de la raza”, desde la belleza hasta la independencia económica, la serie deja notar que esta “elevación” no es igualitaria. Mientras la señora Walker vive en millonarias mansiones, sus trabajadoras viven el día a día con sus salarios, por ello se opondrán a un negociado que la empresa quiere cerrar con farmacéuticas para la venta de sus productos. Pero lo que debería entenderse como un límite del sistema capitalista, donde los empresarios deciden los destinos de las empresas, sus inversiones y desarrollo, en la serie esta situación es embellecida en la decisión de acompañar a sus trabajadoras para que sigan “llevando el plato de comida a la casa”. Una especie de buen capitalista.


La cuestión de clase se oculta en la cuestión racial. La serie invita a celebrar el ascenso social de un grupo de empresarios afroamericanos e incluso a empoderar a sus ilustradas compañeras, basado en esta idea de “elevar la comunidad negra” a través de la asimilación. Así venderá también sus productos la empresa Walker, “si una de nosotras (mujer negra) se ve respetable, todas nos vemos respetables. Todo lo que hacemos como negros se refleja en nosotros”. Esta sería la idea progresista: que la comunidad afroamericana sea respetada gracias al éxito de unos pocos.

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