22/07/2020

«Mrs América»: la lucha de las estadounidenses por la Enmienda de Igualdad de Derechos

Con aciertos y omisiones, la serie protagonizada por Cate Blanchett cuenta la historia de una lucha de hace 40 años, de enorme actualidad.
Por Beita De

En 1971, con el auge del movimiento de mujeres en Estados Unidos, se logró volver a introducir un tema que aún sigue estando pendiente en su Constitución: la Enmienda por la Igualdad de Derechos (ERA, por sus siglas en inglés), que fuera propuesta originalmente en 1923 y que continúa sin aprobación un siglo después. La compone un solo artículo dividido en tres secciones, la primera de las cuales establecería que «La igualdad de derechos ante la ley no será negada o coartada por los Estados Unidos ni por ningún Estado por razón de sexo».

La agitación alrededor del punto durante los ’70 es el centro de Mrs América, la miniserie de FX lanzada en mayo y basada en hechos reales, que combina imágenes de archivo con una muy lograda puesta en escena de la década.

Sin duda, es un acierto del guion la representación caricaturizada de los argumentos conservadores en boca de figuras como la ultraconservadora y carismática Phyllis Shchafly, interpretada por Cate Blanchett. Shchafly es la republicana que liderará y organizará a las amas de casa contra la amenaza que representaría, según ellas, la implementación de la enmienda. Las Infamias y falsedades sobre lo que significaría se cuelan una y otra vez en los discursos, dejándolas en más de una ocasión expuestas ante la prensa. Su motor es el cuidado del statu quo de la familia americana y religiosa. Es imposible no establecer un paralelo de sus discursos con los argumentos que hoy esgrimen los sectores “pro vida” y clericales, respecto de cuestiones como el aborto o la comunidad LGBTI. En realidad la propia Shchafly utilizó la controversia que genera el tema de la ERA para intentar conseguir su verdadero anhelo: ser funcionaria del gobierno de Ronald Reagan exponiendo sus ideas sobre armamento nuclear y la política exterior que había llevado adelante Nixon. Los “asuntos de mujeres”, como ella los consideraba, serían la llave que encontró para intentar hacerse de ese lugar, para ser tomada en serio por los hombres en el poder.

A las demócratas no les va mucho mejor en la representación de esta ficción. Si bien para las conservadoras ellas serían un grupo de ultra izquierdistas y comunistas, con el clásico temor yanqui al demonio rojo soviético, la serie muestra que estas referentes son más bien conciliadoras. La unidad de estas líderes demócratas, entre las que se destacarán Gloria Steinem, Bella Abzug  y Betty Friedan, irá mostrando las diferencias y fisuras entre los intereses de los distintos sectores del partido. Y si bien sus discursos tendrán asideros más realistas y el guion es un poco más benevolente con ellas, las disputas entre las distintas camarillas demócratas muestran a ese partido las más de las veces como un rejunte meramente oportunista.

¿Y las clases?

La cuestión de clase está desdibujada en la lucha que narra esta miniserie. Aunque quienes encabezan la disputa contra la ERA son los sectores de clase media y más pudientes y las PRO ERA serían las trabajadoras, los intereses por los que se organizan más tienen que ver con distintas cuestiones de género que por las desigualdades sociales. Asimismo, según el guion, lo que motiva a cada una es tan particular que cada quien defiende de alguna manera la bandera propia por sobre la lucha general de la equidad. Quien abortó piensa que el aborto es el derecho esencial, las afroamericanas que la lucha principal es por los derechos de la comunidad negra, las lesbianas la libertad sexual, etc. Y así, quienes mueven los hilos de las negociaciones con los legisladores, irán siendo presionadas para dejar de lado alguna de las cuestiones en búsqueda de consensuar.

De uno y otro bando, se mostrarán movimientos pluriclasistas de mujeres que no entran en contradicción de clase durante la trama de la historia. En todo caso, encontrarán en sus aliadas, en distintos momentos, una falta de perspectiva de género en su accionar, y eso será lo contradictorio.

Los hombres y la opresión en Mrs América están presentes y, aunque juegan un rol secundario, influyen en los vínculos con las mujeres. Aparece la contradicción de quienes luchan por sostener un statu quo que la ERA vendría a romper, esa “ventaja” de ser amas de casa mantenidas por sus maridos, que al mismo tiempo no se libran de vivir esas mismas situaciones con incomodidad: al ser obligadas a tener relaciones, a mentir para organizarse en la defensa de la familia, a tolerar abusos por los políticos de sus propios colores, a soportar el sexismo.

En ese sentido, las “liberales” Pro ERA mantienen relaciones con sus pares (amigos y parejas), en la visión de la serie, mucho más equitativas. Los opresores son otros miembros del Partido Demócrata, los poderosos políticos.

La miniserie opta por no hacer eje en las movilizaciones de masas características de los ’70. Su centro está en el lobby que ejercían los partidos alrededor de la enmienda, guiñando siempre un ojo a los demócratas.

La situación de la enmienda, hoy

Ya puede decirse que son un signo de esta época las producciones culturales que representan el rol de las mujeres. Al parecer, desde el #Metoo a esta parte la industria cultural ha descubierto que las mujeres no son solo aquellas que ocupan a veces lugares de poder, sino también quienes nos empoderamos, luchamos y nos organizamos, y que contar esas historias vende.

40 años han pasado desde los hechos que trata la serie. En este período, la enmienda por la igualdad de derechos no ha logrado aprobarse en los 38 estados necesarios para convertirse en ley. Cuando lo consiguió, en 2020, quedó sin embargo en un limbo legal, ya que el tiempo que se había propuesto para su implementación había expirado, y la cámara que presiden los republicanos considera que no es posible ampliar el plazo.

Mrs América cuenta, en síntesis, la lucha de la ultraconservadora Phillys Shchafly contra la rebelión del movimiento de mujeres, y cómo en la «tierra de la libertad y las posibilidades” y del «sueño americano», ni siquiera se ha garantizado algo tan básico como un sello de igualdad en la carta magna. Y menos que menos, claro, la emancipación de las mujeres, a la que solo un giro radical de la historia podría abrirle camino.

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