22/07/2004 | 860

Pastas húmedas

En la foto van a salir hombres de frac delante de un cartel enorme que dice “Sasetru de los Trabajadores”. Con violines, bien peinados, con director y batuta incluidos bajo el tinglado de un galpón que –no se verá en la foto– tiene el piso negro de brea. En la foto quizá no salgan las lágrimas, pero lo de la orquesta de tango Juan de Dios Filiberto, en una fábrica de comida que los piqueteros reabrieron, era para llorar.


La fábrica fue cerrada hace veinte años y desde entonces, nada. Hasta que el año pasado, unos 160 ex trabajadores y el Polo Obrero la tomaron, la Legislatura bonaerense convalidó y se formó una cooperativa. En estos días sacaron sus primeros fideos “La Sabrosa”. Eso, y la inauguración del tinglado como centro cultural, se celebraba el sábado en Sarandí.


“Tengo 50 años de Sasetru ¿puedo pasar?”, dice en la entrada un jubilado grandote que hace una punta de años no anda por acá. “Vengo a ver si encuentro a los muchachos”.


Si lugares como este fueron entendidos alguna vez como espacios de alienación –véanse Fritz Lang y Charles Chaplin–, su vaciamiento los convirtió en objetos de deseo. Orgullosos de la gesta, amos de sus fideos, se pasean los trabajadores, a punto de que empiece a tocar esta orquesta de la Secretaría de Cultura. Hay otras fotos orgullosas: el día de la toma, subidos al techo. Y el éxtasis: las manos en la máquina.


Silencio reverente, por aquí y allá alguna pechera, pero casi todos endomingados. Un tango, otro tango y en eso el diablo enreda la cola en un cable, y zás el apagose. No hay luz, no hay sonido, no andan los parlantes pero sí el bandoneón, sí los violines, sí las voces, claro.


Y es entonces cuando se ven los pingos: son las 5 y 20, el galpón está en penumbras, Hugo Marcel baja del escenario, la orquesta toca y Marcel: “acaricia mi ensueño…”.


Shhhh…. el galpón en vilo, como colgado del aire. Hasta que llega el estribillo y Marcel le da la entrada al público y los músicos y los piqueteros cantan “El Día que me Quieras” y al final todos se aplauden con una alegría que es la de los nuevos fideos pero más, la de la música, pero más. Y lloran. Y es para llorar.


 

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