30/10/2016

Por qué la crisis de Twitter podría provocar su cierre

Despidos, pérdidas y amenazas de clausura de la popular red social.


El temor del cierre de Twitter, la red social caracterizada por el pajarito celeste, se expandió en las publicaciones de sus usuarios luego de que se diera a conocer el estado crítico de la compañía que posee la marca. Ese miedo estuvo circundado por el humor sarcástico que caracteriza a la red social, cuyo santo y seña  es la brevedad de sus 140 caracteres por “tweet” y la inmediatez de su circulación.


 


La empresa que controla la red social fundada en 2006 (hace una década) anunció que despedirá al diez por ciento de su personal a nivel mundial y, al mismo tiempo, dio por fracasadas las negociaciones para su venta a empresas que habían manifestado interés, tales como Disney o Google.


 


Mientras tanto, los mercados dieron cuenta de cómo las acciones de la empresa perdieron un 27,1% de su valor desde comienzos de año, y señalaron que un 59,3% de su valor se esfumó desde que la compañía saliera a bolsa el 15 de noviembre de 2013. En términos generales, las pérdidas de la compañía alcanzan a los 400 millones de dólares cada año.


 


Twitter, además, acaba de anunciar que dejará de desarrollar Vine, su plataforma de alojamiento de videos cortos, que había comprado en 2013.


 


Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo


 


La crisis se produce a pesar de que Twitter es una de las redes sociales más populares en la actualidad (con alrededor de 400 millones de usuarios activos en todo el mundo), y su valor de mercado se estima en 12.000 millones de dólares.


 


A pesar de que Twitter se convirtió en un medio esencial para transmitir información de manera inmediata (por lo que es una herramienta insoslayable para el periodismo), de que es usado a diario por centenares de millones de personas y de que toda persona o institución relevante posee una cuenta a través de la cual expresar sus novedades y sus propios puntos de vista sobre todas las cosas del mundo, la red social no logra convertirse en un canalizador del flujo comercial que producen las publicidades en otras redes rentables, tales como Facebook, Instagram o los avisos que recaba el buscador Google.


 


A diferencia de tales compañías, que obtienen por entradas publicitarias balances favorables anuales por centenares de millones de dólares, los tweets auspiciados no proporcionan la rentabilidad requerida. Las virtudes comunicacionales y sociales de Twitter no se toman en cuenta a la hora de establecer su cotización en la bolsa de Wall Street.


 


Se trata de un fenómeno contradictorio, pero con numerosos antecedentes. Como ha sucedido con otros desarrollos informáticos, el desarrollo y perspectivas de Twitter, en tanto fenómeno masivo (de hecho, buena parte de los 12.000 millones es fruto de una burbuja especulativa erigida sobre la potencialidad de sus alcances), choca con el carácter empresarial del emprendimiento, que se rige por el lucro y que de ese modo entra en choque con su rol social.


 


Una postal viva del capitalismo.


 


No arranca


 


La sombría situación provocó que en 2014 Jack Dorsey, el fundador de la empresa que había abandonado su cargo como CEO para dedicarse a una vida de ocio y disfrute de la vida burguesa, regrese a las lides empresariales. Pero de nada sirvió, al menos por ahora. El equipo ejecutivo de Twitter abandonó en masa a la compañía: renunciaron a sus puestos el jefe de producto, Kevin Weil; la jefa de medios, Katie Jacobs Stanton; el jefe de ingeniería, Alex Roetter, y Brian "Skip" Schipper, responsable de recursos humanos.


 


A su turno, una tras otra de las innovaciones que se incorporan al sistema terminan en fracasos. Así sucedió con Vine -cuyo próximo cierre fue anunciado en las últimas horas-, como con la sección “Momentos” de Twitter, que no tuvo la trascendencia esperada por los capitostes de la compañía.


 


Por otro lado, la principal razón del rechazo de Disney a la compra de Twitter estriba en la imposibilidad de control de sus contenidos, que muchas veces están atravesados por la mordacidad y cierto espíritu de ironía con el que los usuarios de la red social describen al mundo en el que viven.


 


Aprendiz de brujo


 


Tal vez habría que remitirse a aquella caracterización realizada tan tempranamente por Karl Marx y Frederic Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, donde afirman que “Toda esa sociedad burguesa que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”: los límites del desarrollo de Twitter bajo el capitalismo -y su supervivencia, en última instancia- dependen de su capacidad de lucro más allá de la pertinencia de su rol social, es decir, de su propia potencia.


 


La imagen del mago en el Manifiesto se inspiró en “El aprendiz de brujo”, una balada escrita por Johann Wolfgang von Goethe. Esa fue la misma inspiración del cortometraje Fantasía, en el que un estudiante de magia (el ratón Mickey) no puede contener las fuerzas desatadas por sus hechizos, una de las obras más famosas de Walt Disney.


 


Paradojalmente, el emporio que fundó el mismo Disney se niega ahora a adquirir Twitter; la red social que surgió hace diez años con un tweet de un aprendiz de brujo contemporáneo llamado @jack que rezaba: “Configurando mi twitter” (“Just setting up my twttr”), que trazó un camino de ascenso exponencial insospechado, y que hoy amenaza con desaparecer.

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