22/08/2020

Ray Bradbury, el escritor marciano

Se cumplen 100 años del nacimiento del autor norteamericano, uno de los más influyentes en la cultura y la ciencia ficción moderna

El 22 de agosto Ray Bradbury cumpliría 100 años, un número que probablemente le sacaría una sonrisa al cumplir una de sus metas. Con motivo del centenario, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y de Los Angeles organizará una lectura pública de Fahrenheit 451, en la que participarán personalidades de la ficción especulativa como el actor icónico de Star Trek William Shatner, el aclamado escritor Neil Gaiman, el novelista Marlon James, historietista Marjorie Liu, entre otros. El Read-a-Thon será transmitido en simultáneo via streaming por Facebook, Instagram y Youtube, estando en disponible para verlo hasta el 5 de septiembre

Un autodidacta, o un «educado en bibliotecas» como solía decir ya que nunca pudo acceder a la universidad, la carrera de Bradbury es muy prolífica: más de 600 historias cortas, diferentes guiones para cine y televisión, poemas, ensayos y libros para niños. La calidad de sus escritos levantaron la vara de la ciencia ficción para toda una generación de escritores. A pesar de esto nunca se consideró así mismo un escritor de este género. «Soy un mago que escribe sobre ideas» afirmó en entrevistas. Aun así él también definió al género como «la ficción de las ideas (…) Siempre el arte de lo posible, nunca de lo imposible».

La influencia que tiene Ray Bradbury en la cultura popular contemporánea es difícil de negar. Sus escritos han inspirado la imaginación de innumerables personas en todo el mundo. Aunque no podamos preguntarle a Oesterheld, existen varios puntos en común entre sus obras y no es difícil imaginarse a Juan Salvo, el Eternauta, atravesando el desolado campo nuclear al leer «Vendrán lluvias suaves». Así también, los radioaficionados de los ochentas tal vez recuerden a Hugo Guerrero Marthineitz leyendo «Crónicas marcianas» en su programa de radio. Incluso Borges, que escribió el prólogo para la edición en español del mismo libro, se mostró asombrado por el «¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías; y de una manera tan íntima?».

Sus escritos también fueron publicados en plena era de exploración del espacio, lo que nutrió a generaciones de astronautas y científicos. En la Luna, los viajeros del Apolo 15 bautizaron un cráter lunar con el nombre Dandelion, en honor a la novela el «Vino del Estío» (Dandelion Wine). Un asteroide en órbita con el Sol descubierto en los noventa lleva su nombre. En Marte, uno de los cañones más profundos del planeta lleva el nombre extraoficialmente de Abismo de Bradbury. La misión sonda Phoenix que aterrizó en el planeta rojo tiene una copia de «Crónicas Marcianas», sobre lo que el escritor solía bromear sobre la reacción que causaría en los marcianos leer su descripción especulativa (y posiblemente errada) de ellos.

En lo personal, Bradbury fue un tanto excéntrico, un tanto tecnófobo. No fue hasta 2011, un año antes de su muerte, en que accedió a que uno de sus libros, Fahrenheit 451, fuera publicado oficialmente en Ebook. Nunca aprendió a conducir y no demostró nunca ningún interés en la internet o las redes sociales. «Tenemos demasiados teléfonos móviles. Tenemos demasiadas redes. Tenemos que deshacernos de esas máquinas, tenemos demasiadas», afirmó en una entrevista con Los Angeles Times en 2010. No es un dato menor considerando que gran parte de su literatura se ha adelantado a la aparición de muchos de los artefactos tecnológicos que hoy nos son cotidianos. En una entrevista en Book Magazine en 1998 contó cómo, mientras trabajaba en un corto en Japón, una persona se acercó con un Walkman y señalándolo le dijo ¡Fahrenheit 451! Indicándole que el joven creador del dispositivo se inspiró en su historia.

Esta dualidad también se ve en el mensaje de su obra. Inspirado en las quemas de libros del nazismo, Fahrenheit 451, presenta una sociedad totalitaria donde los libros son incendiados y prohibidos con cajas electrónicas informan el quehacer a la población. Publicado en la auge del macartismo y la Guerra Fría, este libro se ha transformado en inspiración e insignia de muchos movimientos democráticos. A pesar de esto, el mensaje anticensura no fue intencional. Bradbury señaló varias veces que en realidad su objetivo era una crítica hacia la televisión y los medios de comunicación. Esta ambivalencia también podría decirse está presente en «Crónicas marcianas». En la historia «El camino en medio del cielo», un grupo de afroamericanos, perseguidos por el racismo, viaja al espacio escapando de la tierra. Esta historia, que primero fue publicada en Amazings Stories en 1950, fue todo un pronunciamiento político en la era previa a la conformación de los movimientos por los derechos civiles. Es interesante como luego, Bradbury apuntaría como un problema los intentos de la «corrección política» de las minorías en los discursos y en los medios.

Bradbury fue, finalmente un liberal conservador. Fue defensor de las políticas de Reagan, de la familia tradicional y votante de Rudolph Giuliani durante sus últimos años. También, en sus últimas declaraciones, mencionaba la necesidad de la reducción del estado, apoyando, aunque solapadamente, los planteos de ajustes. Algo que entraba en contradicción con su defensa férrea del sistema publica de bibliotecas.

Aun así caratular a Bradbury como un escritor de «la derecha», como muchos representantes de ese sector han intentado, sería un error. Los escritos de Bradbury abordan desde un humanismo propio, las preocupaciones de una época. La incertidumbre del avance tecnológico, el racismo, la amenaza de un conflicto nuclear, los medios de comunicación y el papel del Estado. Esta volatilidad, entre el conservadurismo y su mirada más crítica, quizás se entienda, luego de ser testigo de los grandes horrores del fascismo, la bomba atómica y situarse en el escenario de la Guerra Fría, frente a una búsqueda hacia el pasado de una forma de hacer frente a la ansiedad del futuro pos Segunda Guerra.

Bradbury falleció el 5 de junio de 2012, descansa en Westwood Village Memorial Park en Los Ángeles, aunque le gustaría haber sido enterrado en Marte. Su lápida, por petición propia, dice «autor de Fahrenheit 451«, aunque como él decía: «si algunos muchachos visitan mi tumba dentro de cien años y sobre el mármol escriben, con lápiz, ‘él fue narrador de cuentos’, yo seré feliz».  El escritor que soñaba vivir para siempre y ser un mago dejó un enorme legado que, si se cumplen sus predicciones de colonización marciana, quizás también se cumplan sus deseos de que los jóvenes colonos del planeta rojo sigan leyendo sus cuentos.

 

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