30/03/2021

Sky Rojo: debates progresivos y límites claves de la serie furor de Netflix

La trama aborda la realidad de las mujeres en situación de prostitución.

La nueva serie publicada en Netflix en los últimos días ha causado un revuelo dentro del movimiento de mujeres por su trama respecto a la prostitución. La historia se centra en tres mujeres que son prostituidas y sometidas a atrocidades de todo tipo por parte de proxenetas y clientes. Retrata casos de mujeres en situación de prostitución que llegan a esas circunstancias luego de ser engañadas, vendidas e inmersas en una red de trata, a excepción de una de ellas, que llega a la prostitución por medio de «su libre elección». A partir de aquí, la serie polemiza con la idea de que una mujer elige libremente la explotación sexual de su propio cuerpo, desarrollando las circunstancias que llevaron a cada una a terminar siendo víctimas de una red de trata internacional.

Si bien la trama contiene situaciones irrisorias, absurdas, dignas de la ficción, el eje importante para debatir es aquel que demuestra que no tiene nada de romántico y bello la prostitución como trabajo. Es una serie de impronta feminista, y como tal, contiene elementos progresivos para el ámbito y el público al que tiene llegada, pero también, importantes limitaciones para señalar.

Las protagonistas terminan dentro del sistema prostibulario producto de la pobreza, la desocupación y las condiciones de vida de sus países de origen (entre ellos, Colombia, Argentina y Cuba). Aquella que llega por sus propios medios (la única no inmigrante del grupo) lo hace huyendo de una situación de violencia de género. El problema aquí es que para la serie la situación de pobreza, las condiciones de vida de las mujeres en países donde inunda la miseria, el hambre y la desocupación son problemas abstractos, estructurales pero sin actores, instituciones o clases sociales responsables. Está ausente el rol del Estado, de las fuerzas de seguridad, y de los gobiernos de turno.

Estas mujeres, como otras miles de mujeres en la misma condición, son empujadas a la prostitución fruto de un sistema capitalista expulsivo, que mercantiliza los cuerpos de las mujeres, extirpándoles el deseo y el placer sexual, logrando así, ganancias millonarias para unos cuantos que se llenan los bolsillos.

 

El problema de la libertad y los debates con el regulacionismo

En la serie, las protagonistas se encuentran sin documentación, debiéndole dinero a los proxenetas que las mantienen encarceladas dentro del club, sin contacto con el exterior y sometidas a las más aberrantes solicitudes de los clientes. No existe la posibilidad de elección ni poder sobre el propio cuerpo. Lo que existe es la constante amenaza de muerte y el mensaje concreto de que ni sus vidas ni sus cuerpos valen por fuera de ese circuito comercial.

¿Es esto algo ficcional? Claro que no. En ese sentido, es interesante poder debatir con la juventud (quienes probablemente lleguen a ver la serie por su gran difusión y por la participación de Lali Espósito), sobre los debates desplegados por sectores regulacionistas. Es una realidad que entre les jóvenes crecen los argumentos embellecedores de la explotación sexual y proliferan los argumentos desplegados por AMMAR y su líder Georgina Orellano, quien describe a la prostitución como un estadío superior a “lavar la tanga de la patrona”, y que inclusive, ha tenido el consentimiento estatal para militar este planteo en escuelas secundarias donde la pobreza abunda, mostrando a la prostitución como una solución laboral rápida.

Los argumentos de AMMAR respecto a los beneficios de la prostitución son similares a aquellos que se usaban en la antigüedad: la mujer solo es un objeto carnal capaz de satisfacer deseos cuasi animales de los hombres, sin tener decisión sobre su placer, su goce, sus ganas, su erotismo.

Debemos combatir la mirada que apunta a juzgar y penalizar a las mujeres en situación de prostitución porque es innegable que es la realidad de cientos de miles de mujeres que en este contexto social no han encontrado otra salida. Pero debemos luchar contra el trabajo sistemático de este régimen por mercantilizar los cuerpos de las mujeres y promover una cultura de la violencia y el sometimiento. Denunciar que es el Estado, sus instituciones y gobiernos quienes garantizan las condiciones que dan lugar a la pauperización de las condiciones de vida de las mujeres. Son sus políticas de hambre y saqueo las que imposibilitan el acceso a trabajos bien remunerados, beneficios sociales y derechos laborales. Y es el Estado, a su vez, el principal garante del negocio millonario alrededor de la trata de mujeres y niñas.

Esta orientación surge de las entrañas de la sociedad capitalista: desde 1998 la OIT recomendó a los gobiernos legalizar la prostitución para ayudar a las economías regionales, Holanda, Alemania y Nueva Zelanda fueron los pioneros.

Hoy, la prostitución en Alemania involucra diariamente a 400.000 mujeres y 1,2 millones de compradores, con un valor anual de 6 mil millones de euros. Se calculan ganancias anuales en Estados Unidos de 28.700 millones de dólares e incluso el estado y las empresas multinacionales llegan a tal nivel de organización que se cotiza la prostitucion en la bolsa de Australia (prostíbulo Daily Planet).

El diario El País de España llegó a ganar más de 5 millones de euros en publicidad sobre prostitución. Vale aclarar que esto solo se refiere a la prostitución legal. La ilegal, en España, por ejemplo, mueve cinco millones de euros al día. Estos números chocan de lleno contra los argumentos de tipo: “es una elección personal porque ser puta está bueno y elijo a mi cliente”.

Los discursos regulacionistas como los de AMMAR niegan el problema de la trata de personas. En Alemania, donde la prostitución es legal, la mayoría de las mujeres que lo ejercen son inmigrantes sin ninguna otra posibilidad de contraer otro trabajo superador. Las redes de trata en Argentina chupan mujeres todos los días, y sin embargo, no vemos nunca a AMMAR movilizándose por la aparición de ellas.

Finalmente, los debates que la serie abre alrededor del movimiento de mujeres deben servir para profundizar en algunas conclusiones. Por un lado, el movimiento de mujeres viene luchando contra la injerencia de las iglesias en nuestra educación, nuestros cuerpos y nuestras decisiones, ¿Por qué no lo haríamos entonces contra un Estado que nos expulsa hacia la prostitución como única salida para darle de comer a nuestros hijos, terminar nuestros estudios o llegar a fin de mes? ¿Por qué colocar nuestro deseo como mercancía, en vez de luchar por trabajos y salarios que nos permitan defender mejoras en nuestras condiciones de vida?

Las mujeres socialistas luchamos por la libertad de nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y el deseo. Enfrentamos este régimen que garantiza que desaparezcan pibas todos los días para ser prostituidas con la complicidad de policías, intendentes, gobernadores y jueces de turno.

Luchamos todos los días contra la violencia en el hogar y el aumento de los femicidios, contra el ajuste, el hambre y la desocupación de quienes nos gobiernan y por terminar con un régimen de explotación, sometimiento y violencia.

 

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