19/07/2021

“Un combo crítico tras 15 meses del parate”

Las aperturas anunciadas es algo "limitado" y trae "mayor precarización". Nota originalmente publicada en InfoNews.
Agrupación Actuemos.

A nivel global los datos que informa la Unesco son elocuentes: “La caída estimada de 750.000 millones de dólares en el VAB de las ICC (VAB: Valor Agregado Bruto e ICC: Industrias Culturales y Creativas. Nota del autor) y a nivel mundial corresponde a más de 10 millones de pérdidas de empleo en el sector de las ICC en todo el mundo en 2020” (1).

Este es el contexto en donde después de largos 15 meses y con un breve impasse que no movió el fiel de la balanza durante el verano, vuelve a anunciarse con cierto entusiasmo oficial, la reapertura de salas de teatro, cines y clubes de música.

Lo que para productores del teatro comercial implica un “ir a pérdida” momentáneo en la perspectiva que signifique una inversión a futuro y por ello “girar la rueda” –término que acuñara Carlos Rottemberg justificando la necesidad de abrir para no perder el hábito del público-; para el teatro independiente resulta una quimera: los costos de la ventilación mecánica son elevados, los precios de las entradas no pueden acompañar a la inflación porque ella y la pérdida de poder adquisitivo por la devaluación del peso hicieron estragos en los bolsillos de les habituales espectadores del “off Corrientes”, y los aforos no pueden en general, superar el 30 % de la capacidad de las salas. Han sido más de 22 las que cerraron sus puertas y el horizonte inmediato no se ve mejor: Artei y Escena, que nuclean alrededor de 120 salas en CABA informaban a fines de mayo que “sólo el 22 % había podido pagar el alquiler de abril”. (2)

Todo se profundiza para les artistas de a pie. Son muches quienes debieron abandonar las viviendas que alquilaban y con ellas, abandonar también la disciplina artística para la que se formaron y la decisión de profesionalizarse. Para comer debieron buscar trabajos más precarios aún y descalificados, los pocos que florecieron en pandemia, repartidores de delivery por caso.

Esto crea un inmenso “ejército cultural de reserva” que seduce la avidez de las patronales del sector, que no dudan en exigir una mayor precariedad laboral, la destrucción de los convenios colectivos de trabajo existentes y exenciones impositivas a los Estados. La pasividad de las direcciones sindicales (Actores, Sadem) ante estos embates es proporcional a la ausencia que mostraron durante el período en organizar el reclamo de les artistas. Y las “ayudas” oficiales han sido escasas, insuficientes en cuanto a montos, no llegan a todxs quienes lo necesitan y en general son concursables e implican contraprestación.

El mito de la “gran ayuda” oficial se cae al observar cifras: un estudio de la OIT destacó que el costo fiscal de los recursos movilizados en términos de PBI orientados a asistir hogares para nuestro país ha sido uno de los menores de todos los países de la región, ocupando el noveno lugar entre los 18 de América Latina, por detrás de Brasil, Uruguay, Chile, Perú, El Salvador, Paraguay, Bolivia y Guatemala. La transferencia de recursos para el apoyo a empresas sin embargo ubica a nuestro país en segundo lugar, detrás de Chile. (3)

No todo, claro; han sido pérdidas. Entre “las ganadoras de la pandemia” se encuentras las grandes plataformas digitales que usando en general producciones previas al 2020, es decir, prácticamente sin gastos fueron sumando suscriptores. Y millones… Netflix por ejemplo, cerró el pasado año con 203,7 millones de abonados y “en 2020 ganó USD 24.996 millones, un 24% más medido de forma interanual.” (4)

Definitivamente, la meneada “apertura” resulta la excusa perfecta para el desentendimiento oficial de todo aporte para la cultura. Sin recursos económicos volcados al sector asistiremos a una verdadera devastación. Sin dudas que las consignas que algunas de las organizaciones independientes de artistas levantaron en las asambleas, festivales, concentraciones y movilizaciones tienen total vigencia: compensación salarial (hoy) de $ 45.000, circuitos –virtuales y al aire libre- pagos para les artistas, gratuitos para lxs públicxs y un impuesto a las ganancias de las OTT para constituir un fondo que permita la asistencia a la cultura y a lxs artistas.

(*) Julio Cortés es actor. Integra la agrupación de artistas escéniquxs Actuemos. Es autor de Artistas y pandemia cómo sobrevivir a la peste en tiempos de crisis del capital. Del ASPO al DISPO, de próxima publicación.

(1) Las Industrias Culturales y Creativas frente a la Covid-19 Panorama del Impacto Económico. UNESCO 2021.

(2) Efecto Covid-19 en el espectáculo y la cultura: una crisis devastadora. La Nación, 24/05/2021

(3) Organización Internacional del Trabajo. Panorama Laboral 2020 América Latina y el Caribe. Diciembre 2020.

(4) infobae, 20 de enero 2021.

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