14/10/2010 | 1150

Diez años de El Salmón, de Andrés Calamaro: Un ejemplo de talento urgente

Este octubre se cumplen diez años de la publicación de El Salmón, disco quíntuple editado por Andrés Calamaro en la primavera del año 2000. Luego de los exitosos Alta Suciedad (1997) y Honestidad Brutal (1999), que lo habían consagrado como solista tras la separación de Los Rodríguez, El Salmón fue recibido como un balde de agua fría por la mayor parte de la crítica, el público y los charts. Con la insólita cantidad de 105 canciones, buena parte de ellas grabadas en solitario por Calamaro con un portaestudio doméstico, nunca fue presentado en vivo y su edición precedió a un largo período de virtual desaparición del artista de la escena, que se extendió hasta su regreso en 2005 junto a Bersuit Vergarabat.

De una calidad sonora indudablemente inferior a joyas de estudio como Alta Suciedad, al cual de todas formas no intentaba parecerse, El Salmón sobresale en otro plano, por su capacidad de llevar a la máxima expresión la búsqueda creativa de un Calamaro decidido a romper el formato musical y compositivo que lo había llevado al éxito. Los cinco discos van hasta el límite en el camino iniciado con Honestidad Brutal: una sucesión implacable de letras descarnadamente autoreferenciales, las mejores de toda su carrera. El Salmón es un ejemplo posiblemente único, y por ello revolucionario, de ejercicio de desborde compositivo completo, donde el único método es la falta de método: «aquellas maratones sin parar de escupir canciones», según su propia definición, grabadas una detrás de otra, durante semanas enteras, en el límite de la integridad física de un compositor que posteriormente admitió varias veces que uno de sus mayores logros fue haber logrado recuperarse de ese ritmo autodestructivo.

Pero El Salmón no es solamente el producto de una etapa de crisis personal de su autor y su experimentación extrema con las drogas: es también un disco marcado por el contexto histórico en que fue creado. Las 105 canciones deben incluirse en realidad en un conjunto mucho más amplio de composiciones que se inician con Honestidad Brutal en 1999 y se extienden hasta 2002. No es casual que marquen un giro de un autor que hasta ese momento había excluido casi por completo cualquier referencia política en sus canciones y comenzó en ese periodo marcado por el Argentinazo a profundizar su veta más combativa y radical, que lo llevó a formar, junto a Marcelo Scornik y Jorge Larrosa, un prolífico trío compositivo responsable de numerosas letras de El Salmón y autodefinido por ellos como los «poetas de la zurda».

El Salmón y las centenares de canciones inéditas de la etapa 2000-2001, que fueron difundidas en forma gratuita y precursora por la web (costándole varios conflictos con la industria discográfica) se convirtieron en un producto casi de culto durante varios años, durante los cuales el autor quedó relativamente marginado del centro de la escena artística local e internacional. Cuando, luego de 2005, Calamaro salió al reencuentro del show-business con una serie de giras y recitales que lo llevaron en los últimos años a una nueva luna de miel con la industria del disco, buena parte de la crítica creyó superado el «período oscuro» de El Salmón e interpretó que había vuelto el viejo Calamaro. En realidad, los principales éxitos de sus últimos discos (El Cantante, El Palacio de las Flores, La Lengua Popular, On the Rock) no son sino versiones prolijas de las canciones creadas en la época de desenfreno compositivo que dio origen a El Salmón. La celebrada versión del tema que da nombre al disco, por parte del Indio Solari, marcó posiblemente un hito en la tardía reivindicación del disco quíntuple, que por otro lado ha marcado en términos compositivos a buena parte del rock nacional de la última década, repleto de bandas y solistas que siguen el estilo de Calamaro (desde Viejas Locas hasta los Tipitos, pasando por la Mancha de Rolando, Turf, Estelares o Las Pastillas del Abuelo).

Calamaro nunca abandonó su perfil político, obligado durante el juicio que le realizaron por apología del «porrito» y profundizado en la etapa salmonera: es un permanente generador de polémicas desde su propio sitio web o actualmente desde Twitter. En los últimos meses, no se privó de declarar su «renuncia al progresismo español», que cuestiona las corridas de toros pero apoya a la derecha anticastrista o antichavista en América Latina, ni de llamar a votar a Hernán Cabra, candidato del PO, en las pasadas elecciones legislativas. La «incorrección política» que levanta como bandera lo llevó al exabrupto de la reciente invitación a Aníbal Fernández para participar en su último videoclip, sin duda una forma poco feliz de celebrar el aniversario de un disco que nació «contra la corriente», lleva entre sus genes la marca de todo el periodo previo al Argentinazo de 2001 y permanecerá como una obra enorme y revolucionaria, honesta, radical y desbordante de creatividad.

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