Cultura
19/6/2026
Vera Land: “El Indio concebía a la contracultura y al rock como herramientas de combate ideológico”
Entrevista realizada por Guillermo Kane para Prensa Obrera.

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Vera Land. Foto: Sebastián Molina ig: sebastianmolinafotos
Los cruces del Indio Solari con la literatura y la vanguardia en el under de los años ochenta.
Entrevistamos a Andrea Alvarez, alias Vera Land -escritora, periodista, editora, fundadora de la editorial Hormigas Negras, jefa de redacción de la histórica revista Cerdos y Peces.
Las vanguardias de los ochentas
GK: ¿Cómo era ver a Los Redondos antes de que sacaran su primer disco? ¿Qué movida se estaba armando alrededor de ellos, o de qué movida eran parte? ¿Cómo se insertaron en el mundillo musical que se estaba armando luego de la dictadura?
Andrea Álvarez: Yo creo que en ese momento los visualizábamos como una banda que ya tenía una historia detrás. Si bien uno llegaba tarde -esa era la sensación-, ya había un relato de lo que habían sido antes y de gente que había formado parte de la movida y que ya no estaba. Eso es interesante, porque quizás visto desde ahora, el año 85 es como el comienzo, una época de iniciación. Sin embargo, en ese momento uno empezaba a ir y había gente que te contaba que ellos antes, en La Plata, formaban parte de una movida universitaria, hacían una especie de varieté, y los Redonditos de Ricota existían y los "cocinaba" un señor que era docente. Había mucha historia de cosas que ya no estaban pasando.
A ellos uno los veía como gente grande -yo era chica-, señores de 38 o 39 años. Y en ese momento todavía no era la época del rock más oscuro de los 80 en Buenos Aires. Era un momento de transición entre lo que había sido el rock nuevo, más festivo, de finales de la dictadura y principios de la democracia -los Abuelos de la Nada, Diana Nylon, Virus, muchas bandas que después no siguieron. Los Redondos eran bien distintos: muy sobrios. Simplemente una banda en el escenario tocando, sin ningún artificio, sin disfraz, sin maquillaje. Lo que estaba en primer plano era la música. El Indio con sus corbatitas, bien vestidos, tranquilos, sobrios, elegantes, sin nada estridente. A diferencia de aquella etapa anterior donde había varieté y otros artistas, lo que se presentaba era fundamentalmente la música y las letras, que siempre fueron algo fundamental de la llegada de Los Redondos.
Ellos se insertan en la movida de lo que era la Esquina del Sol, el Stud Free Pub. Ya Einstein y Zero habían sido clausurados por irregularidades en las habilitaciones. Esos lugares habían sido la cuna de Sumo, y Sumo ya tenía más público, ya había crecido. Los dos, Sumo y Los Redondos, tocaban muy seguido en esa época, casi todos los fines de semana. Yo tengo el recuerdo de ir a verlos todos los fines de semana, generalmente en el Estudio, a veces en la Esquina del Sol, a veces en otros lugares.
GK: ¿Había algún cruce entre las dos bandas? El público, ¿era compartido o iban en paralelo?
Andrea Álvarez: El público era el mismo. Sí, incluso el público era el mismo con Soda en esa época. O sea, después ya se empieza a separar eso. Cuando Soda sale de los bares y empieza a tocar en teatros y empieza a crecer como súper rápido, se crea como una cosa contra Soda. Pero en el momento en el que estamos hablando, digamos, de lo que yo fui parte como público, sí, se compartía la misma movida. Por ejemplo, Sumo y Soda tocaban en Zero. Y el mismo fin de semana, no sé, un día uno, un día otro, y era el mismo público el que iba. No había una diferencia en ese momento.
Siento que bueno, estamos hablando de dos bandas que musicalmente son bastante diferentes. Y en cuanto a la propuesta y a la idea de construcción, también de todo lo que tiene que ver con lo que está alrededor de un grupo: Sumo no te digo que tenía una impronta tan independiente ni tan clara como la que tenían sí Los Redondos desde siempre. Creo que ahí hay una gran diferencia con todos. Y Soda fue una banda que bueno, en cuanto encontró el camino para contratos, etcétera, lo tomó.
A Sumo y a Los Redondos los veía como parecidos en ese sentido, cómo se paraban frente a lo que es el desarrollo de una banda de rock que tiene que insertarse en una determinada industria, mercado, como lo queramos decir. Entonces en ese sentido se los veía parecidos, o sea, como "en contra de". Evidentemente Los Redondos lo tenían mucho más claro, la posición de permanecer independientes, de no ceder. Sumo también, de alguna manera distinta, creo yo. Tampoco tuvo tanto tiempo Sumo para desarrollar, quizás. Fue todo muy rápido. Pero bueno, sabemos que Luca siempre estuvo un poco incómodo cuando salió del circuito de la frecuencia de tocar todo el tiempo y de los lugares chicos, y nunca se terminó de acomodar a lo que vino después.
Bueno, eso me parece que los acerca, a Sumo y Los Redondos. Eran diferentes en cuanto a que Luca era mucho más showman. Hacía mucho show. Además tenía como ese vínculo con el público en aquel momento de confrontación, de pelearse, de contestarle a la gente. Bastante con mala onda, a veces agresivo. Toda esa cosa que tenía Luca, que era divertido si querés.
GK: Como medio punk, digamos, en la postura.
Andrea: Claro, esa vuelta. Además, siempre a Luca le tocó tener como un público, por ejemplo, cuando Einstein empieza a ser como un lugar de moda, le tocó que fuera a verlo gente que no entendía nada de lo que estaba pasando y que le empezaban a gritar cosas, a tirar cosas. Bueno, todo eso, y él respondía y se enojaba, ese tipo de cuestiones.
Y bueno, el Indio siempre es mucho más sobrio. Su figura en el escenario siempre tuvo como una cosa discreta. Filoso, sí, pero discreto.
El mensaje y el imaginario de Los Redondos
GK: ¿Cómo se decodificaba el mensaje de Los Redondos? ¿Qué imaginario se armaba alrededor de la banda en esa época?
Andrea Álvarez: Yo creo que en esa época había, por un lado, una convocatoria a pasarla bien. Pero eso también lo tenían otros. Eso es como algo que es muy del rock también. Estaba la cuestión de lo efímero, que era muy fuerte. El planteo del Indio en cuanto a "esto se va a terminar, esto es hoy, solamente tenemos este momento". Me parece que eso era como algo que estaba mucho en los encuentros, en la cuestión de disfrutar y de vivir y de estar en ese momento, en esa noche, en ese encuentro.
Después, la cuestión del encuentro, que siempre también me parece que funcionó como muy magnética. O sea, la gente encontrarse. Que eso después se expande a través del tiempo y llega hasta el velorio, si querés. Que tenía que ver con esto de ir a ver a Los Redondos donde fuera que tocaran, cambiar si cambiaba el circuito, cambiar e ir a otro lugar para seguirlos a ellos. De un público que en ese momento no habíamos sido tan así, porque éramos más de ir a lugares. O sea, por ejemplo, para mí era: yo iba a Einstein, no me fijaba quién tocaba. Iba a ese bar y siempre tocaba alguien bueno. O iba a Zero y lo mismo. Generalmente estaba Luca, o podía estar Soda, o podía estar Alfonso Se Entrega, o podía estar RH, que es una banda que había en esa época que tocaba mucho en Einstein.
Entonces, de pronto, fue como empezar a seguirlos a ellos y encontrarse ahí con las mismas caras, con las mismas personas. Así que eso está como desde el principio.
Creo que hay algo en las letras. Las letras comunicaban de una forma muy directa, muy cristalina, desde el principio. Y eso está a través del tiempo. Me parece que hay una síntesis que tiene el Indio en la poética. Más allá de que las interpretaciones pudieran ser distintas a las que él quiso que se dieran, o de la forma en la que él lo escribió.
Para mí, el gran ejemplo -que esto es bastante posterior- pero el gran ejemplo de cómo no entendíamos nada lo que decía, es "Todo un palo". Es la gran letra malinterpretada por la juventud del momento. Porque lo que les está diciendo es totalmente opuesto a lo que se celebraba en el encuentro. O sea, se tomaba como "el futuro ya llegó, todo un palo, ya lo ves”, como “llegó el futuro y estamos todos nosotros juntos, está bárbaro". Y él está hablando del futuro como un golpe inesperado. Entonces es una interpretación casi te diría opuesta.
Por eso a veces pienso que él no quería explicar las letras porque era un poco desencantar a la gente. Pero bueno, me parece que comunicaban de cualquier forma. O sea, me refiero a que a veces se entendía bien lo que era lo mismo que él había querido transmitir. Y que otras veces se reinterpretaba algo. Pero que de todas formas había algo… no sé, como que resultaba algo creíble, algo convocante.
Influencias literarias y recursos poéticos del Indio
GK: Está buenísimo, porque aparte vos describís las letras del Indio como directas, cristalinas, con una capacidad de síntesis, y está llena de gente diciendo que son crípticas adrede, y que no se entienden. Que contradictorio. Yo pienso como vos. Que si hay tanta gente que nos ha entusiasmado, que nos ha abierto cosas, es que aún con la ambigüedad -que por ahí el Indio, uno ve que en muchos reportajes aparte lo reivindica explícitamente, de que las cosas puedan tener distintas lecturas y que no sean tan lineales- tenían una carga muy clara. Vos, ¿qué influencias literarias o qué recursos te parece que uno podría destacar de esa manera de construir los textos que fue tan especial del Indio y de las letras de Los Redondos en esa época?
Andrea: Sí. Perfecto. Bueno, la literatura de ciencia ficción me parece clave. En el lenguaje y en las imágenes que él tiene. La literatura y también por ahí el cine. Hay algo súper interesante. Hay un cruce ahí de un lenguaje muy del Río de la Plata, bonaerense, que él tiene. Vos fijate que muchas veces los letristas argentinos tienen como un tono medio español. O sea, en el "tú".
Hay como una raíz en el soneto, incluso con las rimas, como una cosa muy española. Y otros tienen como una especie de traducción del inglés norteamericano, incluso en la forma de pronunciar palabras como si fueran gente que habla inglés y está cantando en español sin ser su idioma. Eso lo vemos mucho en figuras incluso muy interesantes, más allá de este problema.
El Indio tiene una forma muy de acá, muy bonaerense, rioplatense, en su pronunciación, en su lenguaje, y lo cruza con imágenes de la ciencia ficción. Quizás de William Burroughs, podríamos decir. Y otros muchos. Me parece que hay mucho de imágenes que son un poco como si fuera un futuro distópico. Todas esas cosas de la ciencia ficción que es como explicar la sociedad a través de metáforas futuristas distópicas que en cierta forma están ya sucediendo, pero están como tuneadas.
GK: Sí, estamos viviendo un presente distópico, como algo de ese futuro que ya llegó. Y el Indio trabajaba esos temas desde una obsesión con el rol de la tecnología, desde la tele -"Mi TV de Führer"-, los satélites, después Internet. Siempre algo con la comunicación y el control social. También suena un poquito a Philip K. Dick, de ese tipo de ciencia ficción.
Andrea: Sí, completamente. Porque la ciencia ficción, que es un género muy interesante, lo que hace es exagerar el presente para advertir a la humanidad de hacia dónde va, de una manera entretenida, divertida. Pero toda la ciencia ficción, o por lo menos la original, la buena, tiene esa idea. Sociedades de control. La naturaleza que desaparece. O sea, siempre toma como cosas que ya están sucediendo y las exagera como para advertir algo a través de una historia divertida, interesante o atrapante.
Yo creo que incluso sí, con la tecnología. El Indio con la tecnología aparece muchísimo. El tema de la tecnología y de los ciberhumanos y todo ese tipo de cosas aparecen bastante en sus letras.
Y después, para lo que te quería decir de lo que habías dicho sobre lo cristalino de las letras, me voy un cachito para atrás en lo que hablábamos. Por ejemplo, si vos pensás en "Ñam fri fru fri": "Voy a cuidar de mi amorcito que está borracha por demás, otra vez". Es una letra absolutamente transparente. O sea, lo que está contando es clarísimo. Y tiene además una cosa muy que después sigue apareciendo a través del tiempo, que es esto de "cuiden a las chicas". Hay letras de él que son muy directas. O sea, esa letra es muy directa: mi novia está borracha, la tengo que cuidar.
Porque vos fijate que él, a través del tiempo, va como educando a su público, que es muy pasional, muy salvaje, muy desaforado, muy exagerado. Pero él como que tiene esta cosa de que tanto "maestro, maestro" que se le dice, tiene algo de docencia en su forma de vincularse con el público. Y tranquilamente, de a poco: "cada uno se cuida su propio culo". Son frases muy directas. Le cuesta bastante, pero finalmente logra que su público entienda cómo funcionar en la multitud. Y que no pase nada. O sea, no lo logra de entrada, pero lo va logrando. Logra esa especie de conciencia de cómo funcionamos todos juntos y cómo hacemos para que esto sea divertido y que nos salgamos bien, más allá del tema del factor de la policía.
Yo no lo veo tan hermético, como vos decís.
GK: William Burroughs tiene también lo de la escritura automática, el cut-up. Y hay mucho de eso en los textos más de prosa del Indio. Yo veía las cosas que publicó con ustedes en Cerdos y Peces. Hay varios que parecen escritos así, como unos textos a veces de prosa medio complejos, poco lineales.
Andrea: Claro, ya la prosa de él sí, entiendo que es más cerrada. Sí, es como espesa, cerrada. Pero yo creo que en las letras, vos fijate que él tiene muchos conceptos encerrados en dos palabras. Ni siquiera es un verso. Como "Criminal Mambo", como "Vencedores Vencidos", como "Todo un palo". Hay muchas cosas que son como clave de las letras, que son dos palabras, tres, dos palabras y un conector. Y a veces ni siquiera necesita un conector. Por eso a mí me parece que la síntesis es tremenda.
Y habría que analizarlas más, las letras. Yo nunca jamás lo hice, viste. Pero es interesante por ahí sentarse un día a analizar las letras así bien. Porque siempre es algo tan natural que el Indio ha estado dando vueltas en nuestra vida, y siempre lo entendimos, o no lo entendimos, pero creímos entenderlo. Y yo creo que hay mucho para revisar de la obra de Los Redondos y del Indio posterior.
Que después la etapa de él como solista es como más amable y más melancólica. Muy diferente. Y es más autorreferencial. Toda la etapa solista habla mucho más de sus limitaciones, de su enfermedad, de la muerte, de la despedida. Está muy presente. Y la etapa redonda, la poética es mucho más expansiva. Es más para todos, es menos individual. O si está hablando de él, lo hace de una forma en donde queda encubierto siempre. La sensación es que está hablando de nosotros. Me parece que eso se pierde, viste, esa sensación de que siempre pasó con Los Redondos de "está hablando de nosotros, de los que lo vamos a ver, de los que lo escuchamos". Cuando viene la etapa solista, un poco se pierde. Y ya entendemos que es el Indio hablando del Indio, hablando de sus dolores, de su historia, de su vida, de su infancia, de sus padres. O sea, es completamente diferente la poética, la letra, la temática.
GK: Queda un montón de trabajo por hacer, interesante, para explorar eso con tiempo, con herramientas. El otro día hicimos un programa para Prensa Obrera, charlamos entre varios temas. Y junto a la ciencia ficción que vos decías, Burroughs y otros que los comentábamos, aparecía también el tema criminal. Este "Criminal Mambo", justamente el tema policial, el tema de los bajos fondos. Me parece que mucho eso con herramientas de género, también, de la policía desde su mundo, llegando a Pablo Escobar. Pero desde siempre, como esa cosa. Y ahí hay todo un sector social súper golpeado que se identificó desde ahí. Que tenía algo como de género policial, y por ello también de tango. Porque yo pensaba esto como decías: un género bonaerense, de acá, hablando como acá, y que a algunos les suene complicado pero al mismo tiempo súper directo y súper sobre lo que pasa. Y el tango también era una forma de hablar de las cosas muy concreta, pero siempre con su vuelta, con cierto arte de cómo se usa la palabra. Creo que en lo del Indio había algo de ahí, mucho sobre todo en la época de Los Redondos.
Andrea: Completamente. Por algo es un fenómeno que no se expandió fuera de Argentina. Creo que él maneja un código, una serie de códigos, que tiene mucho que ver con la argentinidad. Eso es evidente. Incluso más con esta zona de la Argentina. O sea, más allá de que es una banda federal que ha tocado por todos lados. Por eso me parece que lo del tango tiene bastante que ver como raíz, como impronta. Y sí, hay algo de él que comunica acá, que no… no sé qué pasa, o sea, no pasa mucho afuera. No sé si se entiende. Pero bueno, creo que él se paraba de esa manera, con aquello también de desafiar, que él tenía "el pogo más grande del mundo". Había como una cuestión ahí de la Argentina y de esa cosa, como de exaltar cierta identidad de una manera que no es quizás la más obvia, pero que está presente.
Y bueno, después la cuestión federal también, la cuestión de tocar por todos lados. Eso es un poco también… no sé hasta qué punto elegida, es un poco forzada. Pero resulta más en la etapa solista y la última etapa de Los Redondos. Pero es una banda platense también. Y también está la cosa universitaria platense. Que por lo menos en los comienzos que hablábamos, esa efervescencia de la historia de La Plata, de los estudiantes que van a hacer una carrera y terminan formando una banda de rock. Es como parte. Que no es el caso de ellos, pero digo, están dentro de esa atmósfera.
GK: Las bandas de escuelas de arte, decís vos. Hay unas cuantas.
Andrea: Claro. Algo de banda de escuela de arte también tienen, a través del Mono Cohen y del primer público de ellos, creo yo.
El misterio de la masividad
Andrea: Y después, sí, la cuestión de lo expansivo. Y de cómo en esos años… hoy pensaba, mirá, cuando me estaba por encontrar con vos para esta charla, porque siempre me parece que ya uno dijo todo sobre Los Redondos. Pero te das cuenta de que hay otras cosas que se puede. Pero pensaba, porque entre el 91 y el 94 se da la masividad de ellos. En esos años. O sea, en el 94 están haciendo Huracán. Y en el 91 todavía están tocando en teatros. Entonces ahí se da un salto gigante. Y la verdad es que es un poco un misterio qué pasó en esos años. O sea, si me decís qué recortaría yo como línea de tiempo para tratar de entender el fenómeno de la masividad, está ahí. La clave no está en los 90. Me parece que está ahí, entre el 91 y el 94. Porque hay un misterio, porque es cuando esa, digamos, cómo pasa de esa élite de gente bohemia que iba al Stud, un ambiente absolutamente de élite, a esa popularidad, esas capas de chicos que entienden que él es la figura que les está hablando. Hay un misterio en eso que yo no lo tengo, la respuesta, la verdad.
GK: Entonces, el momento de consolidación del menemismo. Capaz, ¿no? Ellos tienen una lectura muy interesante de eso. “Nueva Roma”, “Esta vieja cultura frita”, todo eso.
Andrea: Claro, y hay qué pasaba con el resto de bandas también. Y cómo cuando todo el mundo estaba como ascendiendo en contratos, en giras internacionales, u otro camino, ellos van por el opuesto. Y llegan más lejos. Es bastante completamente inusual lo que pasa con ellos. Siempre que se paran para no ceder, ganan. Y no es que siempre es así. Cuando vos te parás para no ceder, en general perdés. Te quedás contenta porque hiciste lo que vos querías y no traicionaste, pero no es que eso te lleva a ganar. A veces me parece que es interesante pensar en los misterios que tienen Los Redondos, que por ahí no sé si tenemos las respuestas, pero que es interesante identificar esos misterios.
El Indio y Enrique Symns: el vínculo con Cerdos y Peces
GK: Buenísimo. Y a ver, antes de pasar a la masividad, en ese momento que decías más de élite bohemia, de vanguardias, ¿qué lugar te parece que tenían el Indio y Los Redondos en el proyecto literario-cultural de Cerdos y Peces? ¿Cómo ensambló eso ahí, qué lugar ocupaba?
Andrea: Él era un referente muy importante para Enrique Symns. Era mutuo eso, para los dos. Yo por suerte nunca los vi llevarse mal. O sea, las diferencias de ellos fueron en la distancia. Yo creo que si se veían, desaparecían. Que es algo que pasa mucho con los conflictos entre humanos. Cuando te encontrás cara a cara es distinto. Yo creo que la diferencia fue a partir de que se dejaron de ver. Y entonces bueno, Enrique largó toda su artillería contra él. Y él también contestó a su manera.
Pero antes de eso era muy importante uno para el otro. Como referentes intelectuales, de conversación y de lecturas y de intercambio. Me parece que tiene que ver en ese sentido, más que nada. Y obviamente que la revista, mientras está unida a Los Redondos, es una cosa, y luego cambia un poco.
Por ejemplo, esa entrevista que tanto circuló estos días que le hace Symns, "Los psicópatas son los hombres del siglo XXI", que es súper interesante. Cómo está editada también, porque está ahí la edición de Enrique. Es una entrevista muy Enrique también.
Me parece eso, que había mucho intercambio entre ellos y que cuando se separan me parece que los dos se quedan un poco peor. Y bueno, son esas cosas inevitables, pero era mejor cuando conversaban.
GK: Esa entrevista tiene una cosa muy programática, muy fuerte. También ese texto que creo que publicaron en Cerdos y Peces también, "Cuánto te pagan por izar la bandera". Es un texto muy de combate, una postura de toma ideológica muy fuerte.
Andrea: Sí, es una época del Indio muy brillante también. Su mente, sus lecturas, lo que estaba pensando. Creo que es una época que él también leía mucho. Y que bueno, los dos, porque ahí cuando me llevás a Cerdos tengo que hablar como de ellos, viste. Me parece que los dos tenían ese pasado de los sesentas y setentas que estuvo muy vinculado a la contracultura y el rock como combate. Como combate ideológico y como cuestión de la lectura y la escritura como herramientas de combate. Creo que los dos tenían esa impronta que venía de los 60-70. Que por ahí está medio denostada esa cuestión en la actualidad y sin embargo hay mucho para rescatar de esas décadas.
Y los dos, creo que hacen una entrada en los 80 muy buena. Es muy interesante eso. Siendo gente, digamos… bueno, yo los conocía a los dos con barba todavía. Que quizás la barba hoy tiene otro significado, pero en 1986 la barba era como algo muy de los 70. La gente ya se había sacado la barba. Que era un cosa muy de toda la intelectualidad de las décadas anteriores. Y ellos todavía estaban con sus barbas. Y digo, esas barbas también que tenían significados de lo que habían pasado, de lo que habían leído, de lo que habían pensado, de lo que habían sido parte. Y sin embargo entran en los 80 como dos tipos modernos. Sin necesidad de quitarse la barba.
Y entonces eso es por el pensamiento, por las ideas y por también entender un cambio de época. Y los dos conectan. Bueno, Enrique primero, el Indio después, con la generación siguiente. Enrique conecta muy bien con la generación que tiene 20 años menos que él. Y con su pelo largo y con su barba y con toda su impronta, si querés antigua para la época, que todo el mundo estaba con los pelitos parados y hombreras y ojos pintados. Y conecta muy bien con la nueva generación. El Indio también, quizás un poco después, pero también conecta.
Entonces creo que es interesante lo que ellos traen. Es como que si agarraran algunas de las cosas más interesantes del pasado y las presentan de una manera nueva. Bueno, Cerdos y Peces tiene mucho eso. Como escombros de distintas décadas reformulados.
Y bueno, y esto que decíamos del Indio también. La cuestión política, que me parece que en el Indio siempre está presente. Política no en el sentido partidario, sino en un sentido de cómo utilizás la contracultura en el ámbito en el que la estás desarrollando, de una manera que siempre igual es política.
Los Redondos, una banda de izquierda
GK: Vos el otro día me decías que Los Redondos eran una banda de izquierda, que lo veían así. Claro, de su manera, muy desde la cultura, muy irreverente. Pero se plantaban desde ahí.
Andrea: Sí. También era una épica que había como muchas bandas un poco más de centro-centroderecha, si querés. Y Los Redondos sí, yo los identifiqué siempre como una banda de izquierda, siempre me pareció eso. Una banda que después bueno, obviamente que con Oktubre queda absolutamente desvelado eso. Con "el que prefiere igual", o sea, "con todas las críticas que puedo tener a la izquierda, te prefiero igual". El tema es lo que dice.
No es una oda. Pero sí es como un ponerse en un lugar, ubicarse en un lugar. Pero antes de Oktubre, igual se los identificaba como una banda de izquierda.
Toda la cuestión también de que ahí también creo que hay un puente con Michel Foucault. De entender que los que están en los bordes de la sociedad, o caídos en cárceles, en instituciones, enfermos, todos los que están corridos del centro, son parte de nosotros y somos parte de la misma sociedad.
Sí. Y creo que ahí los dos, tanto Enrique como el Indio, conectan en esa cuestión de la periferia. Como lugares donde también están los humanos. No son monstruos que son otra cosa. Son también humanos y quizás son más humanos. Y quizás tienen algo para decirnos que es más interesante de lo que nos están diciendo los que están en el centro.
Y creo que el Indio y Enrique, los dos, entienden eso de distinta manera y lo comunican de distinta manera. Y quizás ahí llegamos a por qué también es entendido ese mensaje por los pibes en un momento como el comienzo de los 90. Que son, que entienden que están incluidos. Aunque estén rotos, como se suele decir. Aunque estén rotos, aunque estén presos, aunque hayan cometido un delito, aunque no tengan plata, aunque no tengan trabajo. Igual se les puede hablar, igual son personas. Creo que eso está muy presente en el pensamiento de los dos.
Enrique lo explicitaba como la cuestión de la periferia. A él le interesaba lo periférico. Sentía que la verdad estaba ahí. Y bueno, me parece que ahí hay una gran coincidencia de ellos. Y creo que se nutrían con sus conversaciones. Se respetaban mucho.
Masividad desde la independencia
GK: Y en ese salto, la masividad que vos decías, tiene algo de misterio, aunque vos también ahora esbozaste unas lecturas interesantes que puedan ser explicativas de cuál era esa forma de ver que fue un lazo a la masividad. ¿Qué te parece que hay de continuidad y qué hay de ruptura con ese proyecto más inicial de Los Redondos, o se transformó en ese fenómeno tan masivo en los 90?
Andrea: No, yo creo que no rompen nunca. Se mantienen completamente fieles a sus principios. Quizás tienen muchos inconvenientes justamente por eso.
Cuando se vuelve algo que ya no tiene, digamos, el encanto, las ganas de encontrarse, de tocar, de ensayar, bueno, se separan. Así que a mí me parece que se mantuvieron fieles. Yo no siento que hayan cambiado a través del tiempo.
Desde afuera, porque mi cercanía con ellos es en aquellos años 80. Después yo no los vi más a ninguno, más allá de cruzarme en algún lugar. Pero visto desde afuera, la sensación es que se mantuvieron como leales a sus principios. Yo lo siento de esa forma.
La despedida
GK: Y en esta despedida tan masiva, ¿qué viste desde esa parte más vanguardista del proyecto inicial, que habrá entrado en esa marea humana que ha abrazado el arte, la poesía del Indio, de Los Redondos? ¿Cómo lo ves?
Andrea: Yo creo que sí, claro. La despedida fue hermosa. Dentro de la tristeza. Bueno, yo estuve. Y la verdad es que fue muy familiar. También que eso es como un fenómeno ya que va cruzando el tiempo. No es algo propio o exclusivo del Indio y de Los Redondos. O sea, el rock tiene mucho en la actualidad la cuestión de ver familias y distintas generaciones.
Y una sensación de la despedida de mantener ese fuego. Eso es lo que parecía que estaba como dando vueltas. Mantener ese fuego. Y como con mucho cuidado.
Bueno, la policía no estaba. Que algo que está comprobado es que cada vez que no está la policía, las personas están mejor. Y se autorregulan. Así que pasaban esas cosas como gente metiéndose en la fila sin haber estado y nadie decía nada. O sea, la idea era que no se pudriera. Esa sensación de que la gente quería que lo fundamental no fuese opacado por cuestiones secundarias. Que era la idea, era esa: ir a hacer un homenaje.
La verdad es que un poco también la lealtad de la gente, que eso ya no es un mérito del Indio. Porque ir, estar ahí, la lluvia, el viento, el frío, el tiempo, la espera. Es una lealtad de la gente que eso es algo que la verdad que increíble, alucinante. Y obviamente que por algo están ahí y no están en otro lado.
Pero me da como una especie de sensación agradable hacia las personas, hacia la gente que estaba, viste. De ese amor. De ese amor total. Así que eso me quedó de la despedida.
Y después siempre, para mí es esa sorpresa de que ese fenómeno de mi adolescencia sea algo tan gigante. Y que bueno, siempre se trató de explicar y que nunca se termina de explicar del todo.




