18/04/2021

Córdoba: les estudiantes terciarios del Simón Bolívar ante la cursada del 2021

El gobierno y las autoridades siguen sin atender las principales demandas.
Por Majo Mena

En vísperas del inicio del ciclo lectivo 2021 les estudiantes de Nivel Superior de Córdoba estamos afrontando nuevamente una virtualidad signada por la falta de conectividad y dispositivos digitales que posibiliten el acceso a la educación pública. Les estudiantes del Instituto Superior Simón Bolívar de la ciudad de Córdoba padecemos en carne propia estos atropellos, volviendo todo un desafío ingresar, permanecer y finalizar nuestros trayectos de formación.

Un claro ejemplo de esto fue la modalidad de inscripción de este año para ingresar a dicha institución. El pasado diciembre, en un panorama de total incertidumbre, fueron abiertas las inscripciones de manera virtual y se anunció que el límite para hacerlo vencería el 31 de marzo. No obstante el 27 de marzo los directivos convocaron a les ingresantes a presentar la documentación de manera presencial, siendo esto condición para efectivizar la inscripción. En dicho accionar el Instituto no notificó en tiempo y forma ni contempló lo dispuesto por DGES (Dirección de Nivel) de prescindir de presentación física de los documentos, dejando fuera a les ingresantes que aún no habían efectuado su inscripción virtual, teniendo en cuenta que aún estaban a tiempo, como a los que no pudieron asistir al turno asignado para la entrega personal, o no se les otorgó turno.

Por otra parte quedó evidenciada la falta de organización y desinformación en la inscripción a exámenes. Estas iniciaron el mismo día en que fueron anunciadas y se dejaron solo tres días para poder hacerlo. A su vez, no se tuvo en cuenta que durante estos plazos de inscripción, las materias del ciclo 2020 aún no habían cerrado su dictado y por lo tanto les estudiantes aún aguardaban la entrega de notas de coloquios y parciales, teniendo absoluta incertidumbre de su condición para acceder o no a un examen final. De esta manera, muches perdieron el turno de examen. Del mismo modo, estudiantes en condición de libres no accedieron a los criterios de examen y por lo tanto, fueron desaprobados al no presentar el escrito previo al oral.

Ni siquiera las inscripciones al cursado 2021 fueron de manera regular, ya que no fueron notificadas con tiempo y finalizarán el mismo día que comienzan las clases, cuestión que aún no se informó oficialmente pero se sabe porque varios docentes ya están anunciando por aula virtual, fechas de clases y materiales de estudio.

Sumado a estas irregularidades existen otras que son preexistentes. Antes de la pandemia ya existían dificultades para poder estudiar, como las lógicas sistemáticas de maltrato que ejercen muches docentes con cierto grado de estabilidad y respaldo de la institución, las cuales casi siempre se convierten en trabas para poder continuar y en razones para abandonar. Les estudiantes deben esperar a que diches docentes se jubilen o tomen licencias para lograr aprobar “sus” materias.

Otros tantos anuncian y seleccionan quienes llegarán y quienes no, promoviendo “modelos” de estudiantes a criterio o discreción personal, siendo esto puro ejemplo de abuso de poder. El Simón está atravesada por múltiples formas de discriminación y si bien no todes les docentes llevan a cabo estas prácticas y se manifiestan en contra de las mismas, se hace necesario una serie de decisiones que terminen de una vez y para siempre con estas injusticias y se trabaje para generar ámbitos más empáticos y justos para todes les involucrades.

Poco se habla de esta realidad de los terciarios en la actualidad y se naturalizan todo tipo de atropellos al tratarse de educación “no obligatoria”, incluso por parte de los mismos actores que conforman este ámbito estudiantil, como directivos y docentes. Como una premisa neoliberal que viene avanzando y profundizando desigualdades e injusticias desde hace décadas, la educación cada vez es menos un derecho y más un privilegio. Muy pocos pueden acceder y en un contexto como el actual, solo se salva el que puede o cuenta con los recursos económicos para lograrlo.

La deliberación del claustro educativo en asambleas y a través del Consejo Institucional, así como instancias de organización estudiantil en un centro de estudiantes real, se presentan como una necesidad. Frente a este panorama es necesario una vez más poner en cuestión y luchar por plata para la educación no para el FMI, y contra la imposición capitalista de valores vinculados a la meritocracia y a la romantización de los esfuerzos sobrehumanos a los que la clase trabajadora es sometida para cumplir los sueños de poder estudiar y acceder a títulos superiores.