04/08/2021

Crisis educativa: ¿qué hay detrás del caso Toyota?

Sobre los dichos del titular en Argentina.

Las declaraciones del titular de Toyota en Argentina sobre las supuestas dificultades para conseguir 200 trabajadores con el secundario completo tuvieron un lugar destacado en los principales diarios del país. Es habitual que las personas magnifiquen los hechos que convalidad sus propias precepciones y se aferren a ellos para redoblar su apuesta. Así, columnistas como Braginski de Clarín se apresuraron a proclamar que lo que hasta ahora eran “teoría y elucubraciones” se confirmaron con el caso Toyota (Clarín, 2/8). Braginski y otros quieren ver en este episodio el impacto del cierre de las escuelas, pero sobre todo, “el ‘desajuste’ entre los contenidos que da la escuela y las habilidades que demanda mercado de trabajo”. Su conclusión es que llegó el momento de pensar en una secundaria que “forme decididamente para el trabajo” (ídem).

Educación y empleo

Seamos claros: la crisis educativa existe y en el marco de la pandemia se ha agravado. Al menos un millón de niños, niñas y adolescentes quedaron fuera del sistema educativo en el último año y medio y muchísimos más mantienen apenas el vínculo. Es un retroceso civilizatorio y sus responsables son los gobiernos que nos forzaron a una virtualidad improvisada y sin recursos primero y a una presencialidad improvisada y sin recursos después.

Ahora bien, afirmar que Toyota no puede conseguir 200 trabajadores con título secundario porque las escuelas estuvieron cerradas el último año y medio es, como mínimo, poco serio. Ni qué hablar, de pretender concluir de este episodio que la base de la desocupación es la poca calificación de los trabajadores argentinos. Según el informe sobre el mercado de trabajo del INDEC publicado en junio, el 64,7% de la población desocupada tiene secundario completo. En números absolutos son más de 840.000 trabajadores desocupados que están buscando trabajo y tienen título secundario. Casi la mitad de estos además tienen algún grado de educación superior. La conclusión es exactamente la contraria a la que pretenden Toyota y sus voceros, la mano de obra argentina está relativamente sobrecalificada en relación a los puestos de trabajo que existen. Basta tomar un Uber o pedir un Rappi para comprobarlo.

Disparen contra la escuela

¿Cuál es el sentido político de este falso diagnóstico? En primer lugar, exculpar a la clase capitalista que en lugar de invertir y generar puestos de trabajo calificados fuga sus capitales y precariza a sus trabajadores. La burguesía pretende así culpar a la escuela de su propio fracaso en desarrollar al país. Pero centralmente, esta tesis sirve como un ariete para reconvertir la escuela en una formadora de recursos humanos. “Una escuela que forme para el trabajo” dice Braginski que tampoco inventó nada. Es el libreto del capital financiero que en Argentina se hizo carne en la Secundaria del Futuro de Larreta y antes en la Ley de Educación Nacional del kirchnerismo.

A la burguesía no le interesa la formación científica de sus trabajadores, sino la adquisición de “habilidades blandas”, la posibilidad de “adaptarse” a un mundo cada vez más precarizado. Este es el sentido último de todas las reformas educativas de las últimas décadas que con la excusa de que el conocimiento “está ahí disponible”, han ido degradando a la escuela como herramienta de universalización del conocimiento acumulado por la humanidad.

Si en la Argentina este proceso de degradación educativa no ha avanzado tanto se debe exclusivamente a la resistencia del movimiento estudiantil y docente. Por eso quienes impulsan estas reformas señala a los sindicatos docentes como el mal mayor. No es raro que vean el descalabro generado por la pandemia como una oportunidad para avanzar en esta agenda antieducativa.

Qué buscan Toyota y las patronales

El intendente de Zárate, el peronista Osvaldo Cáffaro, anunció a propósito de las repercusiones por los dichos del presidente de Toyota Argentina, una serie de planes de formación para el mundo del trabajo, destacando el buen vínculo que tiene con Toyota. Se trata, según anunció Cáffaro, de un plan para que los jóvenes accedan a “un módulo de introducción al mundo del trabajo”, un curso de nivelación en dos o tres meses, “para que no suceda esto que hay 200 jóvenes entre Zárate y Campana que terminaron el secundario y no tienen la capacidad -según dice Toyota- para integrar su plantel”.

No se trata entonces de una preocupación por la deserción escolar de los jóvenes que aún no finalizaron el nivel medio, ni su formación integral -tanto científico-técnica como humanista, artística y social-, sino de la adaptación de la educación a los requerimientos del mercado laboral.

El reclamo de las patronales hacia el estado es que éste se haga cargo de la formación de los jóvenes particularmente en aquellas “habilidades” que requieren los puestos de trabajo: una descalificación de la formación de la futura mano de obra permite la desvalorización de la fuerza laboral y la adaptación a la precarización del empleo y a convivir con la “incertideumbre”.

Por el derecho a la educación

Quienes se lamentan sobre los “desajustes” entre la escuela y el mundo del trabajo no tienen como horizonte el derecho a la educación, sino uno mucho más banal: el derecho a ser explotado. ¿Por qué la educación habría de ajustarse a un mundo del trabajo cada vez más degradado? Nuestro enfoque es el opuesto, defendemos el derecho a la educación científica y universal, contra un régimen social y político que niega ese derecho.

En este plano, la verdadera novedad que está emergido como respuesta a la crisis educativa es la irrupción de los y las jóvenes más empobrecidos que con la Juventud del Polo Obrero a la cabeza han salido a pelear por su derecho a educarse. Una alianza de la docencia combativa con esta juventud piquetera puede trazar una salida positiva para la crisis actual.

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