Educación

5/6/2026

NEUQUÉN

Cutral-Co: graves hechos de violencia en el CPEM 51

Por asambleas para organizarnos ante este flagelo.

CPEM 51.

Los graves hechos de violencia ocurridos en el CPEM 51 de Cutral Co, que dejaron docentes lesionadas, obligaron a suspender las clases y volvieron a poner sobre la mesa una problemática que atraviesa a numerosas escuelas de Neuquén: el deterioro de las condiciones sociales y educativas en las que estudian y trabajan miles de jóvenes y docentes. Según trascendió, el conflicto se originó en una disputa previa entre estudiantes y derivó en agresiones físicas dentro del establecimiento, afectando incluso a docentes y familiares que intentaron intervenir.

La violencia escolar no puede analizarse aislada del contexto social. Los recortes presupuestarios, el crecimiento de la pobreza, la falta de equipos interdisciplinarios permanentes, la ausencia de gabinetes necesarios y la sobrecarga laboral que enfrentan docentes y directivos generan condiciones cada vez más difíciles para sostener las trayectorias educativas. Cuando un conflicto llega a este nivel, no estamos frente a un problema individual sino ante el fracaso de políticas públicas que deberían garantizar acompañamiento integral a estudiantes y familias.

En este cuadro, las declaraciones de la secretaria general Aten Ccó-PH, quien sostuvo que los estudiantes "ya tenían problemas en el barrio" y que ahora se realizará un "abordaje en red", resultan preocupantes porque desplazan la responsabilidad del Estado hacia los propios jóvenes y sus entornos sociales. Es evidente que las situaciones de violencia no nacen en la escuela, pero justamente por eso resulta insuficiente señalar que los conflictos vienen de afuera. La pregunta es qué políticas preventivas implementó el gobierno provincial para intervenir antes de que la situación explotara dentro de una institución educativa.

El planteo que realiza la secretaria general, Apablaza, de realizar un "abordaje en red", aparece además como una respuesta tardía. Los equipos de orientación, trabajadores sociales, psicólogos y dispositivos comunitarios deberían actuar de manera preventiva y permanente, no recién después de que docentes terminan heridas y las clases deben suspenderse. La experiencia demuestra que las jornadas de reflexión o las intervenciones ocasionales difícilmente resuelvan conflictos que tienen raíces sociales más profundas.

Desde una perspectiva de defensa de la educación pública, es necesario reclamar medidas concretas: equipos interdisciplinarios estables en todas las escuelas, más cargos de acompañamiento, infraestructura adecuada, programas de prevención de violencias, condiciones laborales seguras para docentes y presupuesto suficiente para abordar integralmente las problemáticas sociales que atraviesan a la juventud.

Para ello es necesario poner en pie las asambleas de Aten, para poder debatir sobre nuestras actuales condiciones laborales como docentes, que van desde lo salarial hasta hechos de violencia.

Las comunidades educativas necesitan respuestas reales y no explicaciones que terminan responsabilizando a los propios estudiantes o incluso a la docencia. Cuando la violencia irrumpe en las escuelas, la tarea del Estado no debe ser la de señalar que el problema venía de otro lado, sino garantizar los recursos necesarios para prevenirla y enfrentarla. Porque la escuela no puede convertirse en el lugar donde estallan todas las consecuencias de la crisis social.

La defensa de la educación pública exige que estos hechos no sean naturalizados. Es necesario que docentes, estudiantes, familias y organizaciones se movilicen para exigir condiciones dignas de enseñanza y aprendizaje, y para que ningún trabajador de la educación vuelva a sufrir agresiones por la ausencia de políticas preventivas efectivas.

Para organizar este y el resto de los reclamos de la comunidad educativa de forma colectiva necesitamos asambleas ya.