18/06/2020

El protocolo de Larreta para retomar las clases en CABA

Por Amanda Martín Secretaria gremial Ademys

Durante los últimos días se ha filtrado a través de los medios la información sobre un protocolo que estaría armando el gobierno de la Ciudad para el regreso de las clases escolares, mientras se registra el crecimiento de casos de Covid- 19 positivo en toda el área del Amba. La flexibilización de la cuarentena tiene que ver con las presiones de empresas y capitalistas, exponiendo a los trabajadores al contagio, sin que se hayan orientado recursos para combatir el virus de frente. Docentes y familias rechazan estas presiones contra la educación, las/os niñas/os y las trabajadoras y trabajadores.


Tempranamente, antes de la aplicación de la cuarentena, la docencia expuso en forma de denuncia al gobierno las condiciones de estudio y trabajo en las escuelas porteñas. Sin jabón ni agua era imposible combatir un virus que, aún en los primeros días de marzo, no se conocía bien cómo evitar su propagación.


El tema se reedita una vez más. El supuesto protocolo de CABA sería con reducción de matrícula, con propuesta mixta virtual y presencial, sin especificar los recursos que van a destinar para acondicionar aulas ni mobiliario, ni personal a cargo, con recomendaciones imposibles de cumplir sin medidas de higiene y seguridad -como comer en el aula, no viajar en transporte público y tomando temperatura a cargo de docentes al ingreso escolar- sin tener en cuenta lo fundamental: no se han destinado recursos económicos, aumento de presupuestos para combatir en serio la pandemia: testeos masivos, aumento de profesionales de la salud, servicios en las villas, subsidios económicos para asistencia alimentaria.


El supuesto protocolo, aún no formalizado, da cuenta de una enorme irresponsabilidad y que, de formalizarse, debe ser rechazado por toda la docencia y los sindicatos.


Para respetar esta “nueva normalidad” en materia educativa, no se han refaccionado las escuelas y tenemos una infraestructura escolar en ruinas. Actualmente no hay materiales de prevención de higiene en cantidad, ni siquiera cuando se reparte la comida en las escuelas, por lo que ya tenemos auxiliares y docentes contagiados, ni se ha contratado personal especializado en la manipulación de alimentos para las entregas quincenales de canastas, de por sí insuficientes.


Un gobierno que no ha destinado presupuesto para entregar masivamente computadoras y conectividad gratuita para llevar adelante el acompañamiento pedagógico, ahora estaría armando un protocolo sin garantías ni aval de la docencia.


Señalado este estado de situación es importante reflexionar respecto a una cuestión central: el retorno al ámbito laboral presencial por parte de varios rubros, que han sido flexibilizados y que sus trabajadores están yendo a cumplir horarios laborales casi “normales”, ejerce una presión por reabrir las clases presenciales, no con una preocupación en los aprendizajes, sino como una suerte de espacio de cuidado. Esto fue mostrado oportunamente por los docentes franceses, que denunciaron a Macron por convertir a la escuela en una “guardería nacional”. Y, dicho sea de paso, en más de 70 escuelas tuvieron que volver atrás con la apertura debido a los contagios masivos.


¿De qué hablamos cuando nos referimos a condiciones de bioseguridad?


Veamos en concreto qué debería tener en cuenta un protocolo básico de bioseguridad, controlado por los trabajadores.


Para el regreso de docentes a las escuelas, primero debe darse una situación prolongada durante varios días que indiquen que la tasa de duplicación de casos supere los 30 días, tal como establecen los profesionales, sino cualquier protocolo puede ser un enorme riesgo de consecuencias impredecibles.  Esto solo para que el personal docente pueda ser convocado para llevar a cabo instancias de trabajo administrativo, pedagógico o de capacitación. No con presencia de alumnos/as. Con presencia plena de alumnos/as las “clases normales” la recomendación de los especialistas es que solo se proceda cuando no haya circulación del virus o la población ya esté vacunada.


Cualquier protocolo serio pone en primer lugar: mamparas, pantallas o cortinas adecuadas para separar entre sí a los trabajadores que en nuestro caso sería con espacio suficiente entre estudiantes; provisión de elementos y tiempo para lavado de manos con agua y jabón en forma frecuente; provisión de alcohol en gel para manos; ventilación de lugar de trabajo; desinfección de superficies (pisos, escritorios, mesas, mostradores);  así como de objetos de manipulación común, como picaportes, puertas; desinfección para personal de trabajo; garantizando el distanciamiento social y toma de temperatura corporal al ingreso a sede, testeos a cargo de personal de salud para abordar rápidamente a quien se encuentre con síntomas para que no tome contacto con otras y disponer de la asistencia inmediata con las licencias correspondientes y el acompañamiento adecuado.


Ante un eventual retorno a las escuelas del personal docente, ya sea con clases presenciales o sin alumnos/as, se debe constituir  formalmente en el ámbito de una reunión de personal y con designación que quede asentada en actas una comisión de higiene y bioseguridad por escuela, con potestad de elevar informes a la supervisión escolar y dirección de área, y suspender la presencialidad en las escuelas ante faltas graves en las condiciones mínimas.


En relación a todo el personal de riesgo, debe ser ampliada a enfermedades que como la hipertensión no están contempladas, y para quienes tienen niños/as a cargo y a quienes conviven con personas en grupo de riesgo a la justificación de ausencia al lugar de trabajo.


Ni en la ciudad, ni el Amba e incluso en provincias del país hay condiciones materiales para un regreso “normal”. Lo sabe el ministro Trotta, que sigue el libreto del gobierno nacional, que también es responsable de no destinar recursos para centralizar el sistema de salud en un comando único, avanzar con un impuesto a grandes fortunas y capitalistas para crear un fondo de acción para atender a las emergencias derivadas de la pandemia y, ni hablar, de seguir pagando la deuda externa con concesiones cada vez más extremas al capital financiero y el FMI.


Las presiones del gobierno de CABA para que igual concurran los docentes a las escuelas siempre fueron motivo de denuncia de los sindicatos y cuerpos de delegados. Podemos decir, en particular de la docencia agrupada en las seccionales independientes de la dirección celeste de Ctera, ya que esta central en general justifica todo lo que baja del gobierno, incluso del propio Larreta.


Estas condiciones de exigencia son las cuestiones que debemos poner en consideración frente al “protocolo” temerario del gobierno, para defender la salud, el trabajo y la educación pública de las garras de Larreta y de todos los gobiernos capitalistas.




 

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