23/11/2020
VUELTA A CLASES

La apertura de escuelas durante la pandemia es un gran experimento sin control

Un reciente artículo de la publicación especializada Science afirma que no existe respaldo científico para esta medida.

Esta semana, la prestigiosa revista científica Science publicó un artículo donde cataloga la apertura de escuelas en el mundo durante esta segunda ola de la pandemia como «un gran experimento sin control».

La publicación menciona que muchos países como India, México e Indonesia tienen la mayoría de sus escuelas cerradas; en cambio, en los Estados Unidos los estudiantes de escuelas públicas urbanas (desde Los Ángeles hasta Chicago) siguen con clases con online, ya que ni siquiera en tiempos normales les pueden garantizar jabón ni papel higiénico, mientras las escuelas privadas han instalado carpas al aire libre y contratado más personal docente para atender grupo reducidos.

Los expertos advierten sobre el peligro de transmitir la ilusión de que las escuelas abiertas no pueden incrementar la propagación del virus. Se menciona que existen pocos datos para establecer que los brotes escolares son menos comunes de lo que se temía inicialmente, poniendo en duda la consistencia de los registros de los funcionarios de salud y la transparencia en las investigaciones de brotes. Además, establece que la percepción del peligro de la pandemia por parte de la población disminuye al mantener las escuelas abiertas, llevando a una relajación en las medidas de prevención que podría incrementar los contagios.

Con respecto a las aulas, en la nota se preguntan cuánto aire fresco es necesario para evitar la circulación del virus en espacios cerrados y mencionan estudios e iniciativas para que la concentración de CO2 no pase de 700 ppm (medida considerada como aceptable para iniciar una ventilación del ambiente). Estas incluyen desde costosos filtros de aire hasta abrir y cerrar las ventanas cada cierta cantidad de tiempo en Alemania en época invernal, pero llegan a la conclusión de que es poco práctico y que estudiantes congelados no tendrán una buena experiencia de aprendizaje.

Otro punto que destaca es la falta de datos relevantes en los estudios sobre la transmisión del virus SARS-CoV-2 en las escuelas por infectados asintomáticos. Los estudios iniciales sugirieron que los niños menores de 10 años tenían menos probabilidades que los mayores y los adultos de contraer y transmitir el virus, pero los datos más recientes han modificado el panorama. En septiembre, un estudio de familias de trabajadores de la salud del Reino Unido no encontró diferencias en la susceptibilidad por edad; los estudios de anticuerpos en Brasil y el sur de Alemania informaron resultados similares. También se menciona el caso de un jardín infantil en Polonia donde cinco niños pequeños, ninguno con síntomas, aparentemente infectaron a nueve miembros de sus familias.

Mientras los medios de comunicación avanzan en instalar la idea de que la reapertura de escuelas en Argentina no puede realizarse debido a la oposición sindical y que la misma es necesaria para evitar la pérdida de contenidos educativos por la falta de presencialidad, insistiendo que es fundamental para la salud mental infantil y que en el resto del mundo ya no se toman estas medidas, en realidad ocultan que es una clara exigencia de la clase capitalista para que las escuelas cumplan su función de guardería y liberen a las familias para ir a trabajar sin importarles el devenir de la pandemia marcándole al gobierno su agenda.

Ante este panorama queda claro que la decisión de abrir las instituciones educativas para clases presenciales es meramente política, mostrando que en la barbarie capitalista prefieren arriesgar vidas humanas en vez de garantizar el acceso a la educación gratuita liberando la conexión a internet y otorgando dispositivos a los estudiantes que los necesiten, menos aún realizar las reformas edilicias y sanitarias necesarias para adecuar las escuelas a esta nueva realidad.

 

 

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