27/08/2021
Polémica

La clase de LR en La Matanza y el ataque a la educación pública

Adoctrinamiento o libertad de cátedra.

La exhibición de la clase de la docente LR en una escuela secundaria de La Matanza, en la cual defiende a los gobiernos kirchneristas en una discusión con los alumnos, ha sido tomado como punto de partida de un enorme operativo de ataque contra la educación pública. La campaña consiste en sostener que se trata de una muestra de adoctrinamiento, y rechazarlo en nombre de una escuela “neutral” u “objetiva”, desconociendo que el principal motor de adoctrinamiento en el sistema educativo es la educación privada y concretamente la que está en manos religiosas.

El video fue difundido por estudiantes, y filmado en forma clandestina. Se ve a la docente atacando al gobierno de Macri y defendiendo al kirchnerismo, mientras algunos en la clase rechazan sus posiciones cuestionando al peronismo o manifestando otros puntos de vista. Ella recurre a apelaciones personales hacia los alumnos con aspereza; sostuvo que fue interpelada a propósito de sus posiciones políticas. Luego el propio estudiante y su madre declararon a los medios que se trató solamente de una discusión, bajando el tono ante la insistencia periodística en reclamar que se sancione a la educadora.

Contra la mayoría de las posiciones vertidas en medios de comunicación, e incluso contra lo que señaló el Ministro Trotta, no es un adoctrinamiento, sino un choque de posiciones entre la docente y una cantidad de estudiantes. De hecho, ese clima de contraposición de posiciones lleva a que, por un lado, los estudiantes recurran a una grabación clandestina y a que la docente eleve el tono y los interpele en forma cuestionable. En el video hay un quiebre en el aula y una situación de agresión, donde la docente tiene una posición jerárquica. Estas situaciones ocurren en la vida escolar, que no permanece aislada de la crisis social y deben ser objeto de un tratamiento colectivo entre docentes, autoridades y estudiantes.

La filmación llevó a voceros de los medios de comunicación y a diferentes sectores políticos a denunciar que la política debe dejarse por fuera de los establecimientos escolares. Esta objeción no tiene fundamento, cuando incluso desde los diseños curriculares se sostiene que se deben formar ciudadanos para la vida democrática. Proclamar la despolitización de los adolescentes cuando rige el voto a los 16 años carece de sustento. ¿Cómo enseñar el peronismo, la dictadura, la Revolución Cubana, el alfonisinismo o el menemismo? ¿Cómo enseñar la Revolución Rusa? Está claro que la crítica apunta a confinar la enseñanza de la historia o las ciencias sociales al medioevo; pero incluso tratar la época medieval es “político”: cualquier lectura del rol de la iglesia entonces va a tener implicancias en debates actuales. Inevitablemente, todos estos tópicos producirán debates en las aulas.

El reclamo imposible de clases neutrales se basa en una confusión deliberada. Una cosa es reclamar neutralidad, algo imposible, otra cosa es decir, correctamente, que la escuela debe basarse en una enseñanza científica. No es lo mismo que neutral. Los debates en las ciencias tienen siempre implicancias políticas. Es tarea de los docentes desarrollar, a partir de una comprensión integral de estos debates, el pensamiento crítico y el conocimiento científico entre los estudiantes.

Contra este rol científico de la enseñanza, todos los gobiernos intentan controlar los contenidos del sistema educativo a través de diseños curriculares, de manuales oficiales, de las jornadas institucionales, manipulando la orientación de la formación docente, y otras múltiples formas. El intento de manipular los contenidos educativos en función de conveniencias políticas es una constante de todos los gobiernos.

Frente a esta situación la libertad de cátedra es la única forma de asegurar una enseñanza científica y plural, porque establece un mecanismo para defenderse de frente a la arbitrariedad del Estado. Es la única manera de asegurar que el Estado no pueda imponer su propia visión en materia social, política y científica por sobre las concepciones de los docentes. Asegura que los estudiantes tengan acceso a puntos de vista plurales. Justamente por eso corresponde rechazar las amenazas de sanciones contra la docente. Finalmente una sanción por afirmar opiniones es una imposición del Estado sobre la libertad de cátedra.

Que la docente, en este caso, defienda políticamente al gobierno provincial y nacional no cambia lo sustancial de este asunto. El antecedente de sanciones por delito de opinión en una clase, si se desarrolla en este caso, sería el punto de partida para sancionar a los “díscolos” respecto de las posiciones sentadas por los gobiernos y sus ministerios.

El operativo de ataque a la escuela pública montado en torno a la difusión de la clase de LR busca colocar a la escuela pública como la escuela que adoctrina cuando ocurre justo lo contrario: el principal canal de “adoctrinamiento” es la educación privada. En primer lugar, porque está controlada, en general, por la iglesia, que ha sido históricamente contraria al desarrollo científico cuando cuestiona sus dogmas. En segundo lugar, y muy importante, porque en la educación privada no existe libertad de cátedra: el despido es frecuente cuando las posiciones de los docentes no coinciden con las de la patronal. Por último, LR estaba defendiendo sus posiciones políticas, no siguiendo un manual oficial.

La ofensiva montada a partir de la difusión del video busca promover un enorme retroceso educativo. Las causas de la crisis de la educación pública no hay que buscarlas en afirmaciones políticas de tal o cual docentes. Las reformas educativas degradando contenidos, la falta de recursos presupuestarios, el ataque proveniente del Estado y de los medios a la escuela pública promoviendo una línea privatista, son los verdaderos factores del deterioro educativo. Por último, la escuela está inserta en una crisis social que todos los gobiernos de las últimas décadas han agravado.

En esta situación de crisis de la educación pública, la campaña contra el “adoctrinamiento”, persigue un nuevo retroceso: destruir la ya condicionada libertad de cátedra para avanzar en una escuela realmente “adoctrinada”.