18/11/2020
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La fracasada es la ministra Acuña, y se tiene que ir

Clase pública y paro de actividades el miércoles 18 en la puerta del Ministerio de Educación de CABA.
Por Amanda Martín Secretaria gremial de Ademys

Tras las violentas declaraciones de la ministra de Educación Soledad Acuña contra la docencia, los estudiantes y la comunidad educativa de los 29 institutos de formación docente, en el marco de una charla con el diputado Fernando Iglesias, las repercusiones no se hicieron esperar y el reclamo para que se vaya Acuña es cada vez más fuerte.

La exposición que dio vuelta las redes sociales suscitó mucha bronca entre la docencia y las y los estudiantes que venimos sosteniendo el acompañamiento pedagógico sin recursos, resistiendo una prematura apertura de escuelas sin condiciones epidemiológica y de infraestructura escolar, con miles de reclamos postergados.

La acusación de “fracasados”, “viejos”, “pobres”, de “izquierda” y, siguiendo el razonamiento de la ministra, ignorantes nada tiene que envidiarles a los ministros de educación de Bolsonaro, Vélez Rodríguez y su sucesor, quienes fueron los que emprendieron en su momento el ataque más virulento contra el movimiento educativo en Brasil.

La ministra no se ha retractado y, por estas horas, ya se están organizando clases públicas en la puerta del ministerio de Educación de la Ciudad para el día miércoles, promovida por el sindicato docente Ademys.

El balance de su política educativa, ya lo hemos dicho, es un fracaso total en sus propios términos. Ningún dato educativo, menos aún el de salario docente que la ministra se encargó de destacar en su conversación, muestra una mejora real.

Durante la pandemia se ha expuesto con total crudeza las desigualdades sociales preexistentes, la falta de computadoras, la lucha por garantizar una mínima alimentación para estudiantes, la falta de un plan pedagógico, el despido de docentes que tenían a cargo tareas en las escuelas y el avance de una reforma antieducativa que generó gran preocupación en los profesorados de la Ciudad.

La persecución política en las escuelas

En el 2012, tan solo para tomar un recorte reciente, el ministerio de educación habilitó un número telefónico 0800 para denunciar estudiantes frente a las tomas de escuelas, que protagonizaban luchas debido al estado edilicio y en reclamo de obras de infraestructura escolar.

Se dio en el mismo momento que se intentaba regimentar la organización de los centros de estudiantes, con una ley nacional promovida por la Cámpora en ese entonces, que regulaba la vida interna de los centros que históricamente fueron una herramienta de libre organización de los y las estudiantes secundarias.

Luego vino un suceso que marcó fuertemente a la docencia de Capital por defender a dos maestras de nivel inicial de la persecución del gobierno, que las acusaba de no haber atendido a las “señales” de violencia doméstica que sufría un niño en su hogar al que poco habían llegado a ver en el jardín de Flores y que, lamentablemente, fue asesinado.

En un contexto de fuerte vaciamiento educativo de profesionales de gabinetes en todas las escuelas de CABA las maestras fueron responsabilizadas y sumariadas. Fue la propia ministra Acuña- en ese momento a cargo del área socioeducativa- la que en persona que fue a acusarlas y promover la separación del cargo, provocando uno de los paros más sentidos de toda la docencia por años, que concurrió llorando a las puertas de la escuela y que hizo hasta tambalear a Larreta en la semana previa al ballotage que casi perdió a manos de Losteau.

Más recientemente Acuña sumarió a una treintena de docentes y dirigentes gremiales de UTE y Ademys por defender la transparencia de los concursos de acceso al cargo, que el gobierno pretendía avasallar. Sumario que se concretó el mismo día que se realizaba en todo el país un paro en Chubut contra la brutal represión a docentes que estaban luchando contra el gobierno pejotista de Arcioni.

¿Por qué el #FueraAcuña?

El ataque a la educación pública en todo el país de forma sistemática de parte de todos los gobiernos es la razón por la cual una y otra vez docentes, estudiantes y hasta familias han protagonizado movimientos en defensa de lo que consideran una conquista histórica.

Es que el capitalismo en su etapa de decadencia no necesita robustecer los sistemas educativos, crear escuelas, extender la oferta de ramas que empalmen con la necesidad de industrias o sectores de la economía, es decir, formar mínimamente mano de obra calificada. Eso ya fue.

Por lo tanto, al menos desde fines de la década del 50` del siglo pasado al presente, las principales luchas de las y los trabajadores fueron para defender el acceso a la educación, a la universidad, el financiamiento educativo, las condiciones de trabajo.

El hecho de pelear para que no se mueran por explosión de una garrafa en la escuela los docentes, o que no le cierren escuelas a los trabajadores que deben estudiar en escuelas nocturnas, o que no recorten materias de arte, cultura general, indica en qué punto estamos.

En ese sentido, han sido varias las luchas que se han llevado puestos a ministros que encarnaron mejor que otros una orientación de toda la clase capitalista y llevaron a fondo estas políticas de reducir al mínimo la educación pública. Por estos días se juntan los Milei, Espert con López Murphy quien fue rajado en el 2001 por una impresionante toma de universidades en todo el país, por intentar recortar el presupuesto universitario.

Reclamar con una lucha consciente que se vaya un ministro empalmando con ese sentir popular de repudio que existe en toda la docencia, es golpear objetivamente contra toda una política. Sería, posiblemente, un paso en avanzar en cuestionar a todo un régimen social que es responsable de la crisis educativa y que invierte los términos omitiendo la propia responsabilidad que tiene en el fracaso educativo como clase social.

Solo los trabajadores, como parte de una transformación social y revolucionaria de la sociedad, podrán tomar en sus manos las tareas para poner la educación al servicio de los intereses históricos de la clase obrera.

Levantarse contra Acuña, reclamar que se vaya, movilizar por el #FueraAcuña, nos coloca en la senda de sacarnos de encima a todos los que nos gobernaron década, tras década y nos llevaron al hambre y la miseria y que destruyen la educación día a día.

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