20/07/2021

Larreta anuncia la presencialidad total en las escuelas, sin inversión ni protocolo

Organicemos la respuesta de la docencia.

En el primer día del receso de invierno, después de un cuatrimestre marcado por una improvisación permanente que torpedeó el proceso educativo y enloqueció a docentes, estudiantes y familias, Horacio Rodríguez Larreta anunció para después de las vacaciones un cronograma de regreso masivo a las aulas de acá al 23 de agosto.

En un cuadro dominado a nivel mundial por la imprevisibilidad y cuando su propio ministro de Salud alertó sobre la tercera ola, llama la atención la confianza del jefe de gobierno sobre la situación sanitaria de acá a un mes. Tanta anticipación podría explicarse porque hay un plan de inversión, de construcción de aulas, de readecuación de espacios, etc. Pero no. El “plan” de Larreta y Acuña es un plan de $0. O sea que no es ningún plan, solo una serie de fechas donde no se sabe cómo, los distintos niveles se irían normalizando. ¿Entonces por qué el apuro? Evidentemente hay una especulación electoral. Larreta considera que la defensa de la presencialidad escolar es uno de sus puntos fuertes y quiso primerear al gobierno nacional que más tímidamente estaba enfilado en la misma dirección.

Chau protocolo

Vale marcar que, con este anuncio, el gobierno porteño reconoce lo que ya todos sabíamos pero que su relato negaba, la presencialidad de “todos los chicos, todos los días” nunca existió. ¿Por qué? Porque el protocolo que aprobó la ciudad establece que dentro del aula se tiene que mantener una relación de 2,25 m2 por persona en función de sostener el distanciamiento social. Y no hay en la ciudad la cantidad necesaria de m2 destinados a la educación para que 700.000 estudiantes asistan a clases al mismo tiempo. E igual que ahora, ese protocolo no fue acompañado de ninguna inversión en infraestructura. Por eso, cada escuela tuvo que arreglarse como pudo para garantizar el distanciamiento. En algunas escuelas de jornada completa pudieron separar grados en burbuja de la mañana y burbuja de la tarde y en la gran mayoría tuvieron que dividir a los alumnos en burbujas que van día por medio o semana por medio. Surge entonces una pregunta elemental: ¿si no va a haber más espacio, cómo unificar burbujas? La respuesta es obvia: eliminando el distanciamiento de 1,5 metros que establece el protocolo.

El anuncio entonces, en lo esencial, significa anular el protocolo que el gobierno había sancionado en febrero para el regreso a las clases presenciales. Sin embargo, no hay justificación científica para esta flexibilización del protocolo. Hoy tenemos más casos que en febrero y la incidencia (cantidad de casos cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días) está arriba de 400, cuando países como EE.UU. establecieron que con una incidencia por encima de 200 la presencialidad escolar es de muy alto riesgo. Además la variante Delta está provocando un nuevo pico de casos en el mundo y países con porcentajes de vacunación mucho más alto que el nuestro están dando marcha atrás con las reaperturas.

Digamos también que Larreta no innova respecto a la forma de actuar de los gobiernos nacional y provinciales. Todos los avances que hubo hacia la presencialidad se hicieron sin inversión alguna y desconociendo los semáforos y protocolos que se habían establecido. Así fue en febrero, cuando el Consejo Federal de Educación anuló el semáforo epidemiológico y así fue el regreso a las aulas en Provincia de Buenos Aires, cuando Kicillof manipuló la forma de calcular la incidencia para que dé por debajo de 500.

Nuestro programa

Es evidente que existe una necesidad social (incluyendo a la docencia) de dejar atrás la pandemia con todas sus secuelas negativas sobre la vida cotidiana. Esto en un cuadro de miseria sin precedentes, de destrucción salarial y de despidos masivos que aparecen naturalmente asociados en la conciencia de las y los trabajadores a las restricciones sanitarias. Existe también una ilusión, fogoneada fuertemente desde el gobierno y los grandes medios, de que un regreso a la presencialidad total revertería la catástrofe educativa que estamos viviendo con al menos un millón y medio de niñas, niños y adolescentes que dejaron la escuela y una perdida significativa de aprendizajes para la grandísima mayoría.

Pero no podemos engañarnos. Ni la pandemia se termina porque así lo queramos, ni el retroceso y la desigualdad educativa se resuelven con una presencialidad sin condiciones. Tenemos que discutir una salida real. En primer lugar, garantizar la vacunación completa para el conjunto de la población. La experiencia del mundo está mostrando que está es la única forma de evitar que las nuevas variantes se conviertan en un nuevo pico de muertes. En segundo lugar, jerarquizar verdaderamente la educación no es posible sin jerarquizar el presupuesto educativo y los salarios docentes que se encuentran debajo de la línea de pobreza. Hoy un docente tiene que trabajar 60 horas por semana para llegar a la verdadera canasta familiar que está en $100.000. Es una realidad que favorece la circulación viral y atenta violentamente contra la dedicación a cada estudiante.

Urge la creación de cargos docentes para atender a los estudiantes exceptuados, para buscar a quienes quedaron fuera de la escuela y para recuperar los contenidos perdidos. Es necesaria la construcción y acondicionamiento de escuelas y de aulas para tener una “presencialidad cuidada”, incluso más allá de la pandemia. Lo mismo vale para la conectividad y la entrega de dispositivos.

El gobierno sigue hablando de Secundaria del Futuro, pero no es capaz de garantizarle a los estudiantes los recursos materiales mínimos para acceder a la “sociedad de la información”. Y en última instancia, una salida para el drama educativo no es posible sin atacar el drama social. No hay presencialidad que salve al 60% de niñas y niños que viven en la pobreza. La conclusión es que la defensa de la educación implica una lucha a fondo contra los gobiernos responsables del hundimiento nacional y por una salida de los trabajadores.

Es en nombre de este programa que rechazamos el aventurerismo electorero e irresponsable de Larreta y que llamamos a organizar el paro del lunes 2 de agosto que resolvió la asamblea de Ademys.

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