12/07/2020

Intercambio y conclusiones del primer taller de ESI en zona norte bonaerense

El pasado lunes 3 se lanzó el primer encuentro de los talleres de Educación Sexual Integral (ESI) de la UJS-Partido Obrero en la zona norte bonaerense.

Participaron más de 50 estudiantes secundaries, universitaries y docentes de toda la zona, con una especial asistencia (30 personas) desde la Universidad Nacional de San Martín.

La gran convocatoria de los talleres tiene dos motivos. En principio, la lucha por la educación sexual, científica y laica es una de las principales banderas del movimiento de mujeres y diversidades sexuales y de género, principalmente llevada adelante por les estudiantes. Por otro lado, la falta de ESI en las instituciones educativas lleva a que las personas que quieren informarse o lo crean necesario para su formación profesional tengan que hacerlo a través de cursos y talleres que exceden el ámbito educativo curricular.

A lo largo del primer encuentro se problematizaron una serie de cuestiones como: ¿hay ESI en las escuelas? ¿Qué tipo de ESI hay cuando nos encontramos con ella? ¿De qué forma se da? ¿Quienes son los responsables de que no haya formación científica en el tema?

La educación sexual que queremos

La lucha por la ESI a lo largo de estos años dejó una conclusión de relieve, como se pudo recoger en el taller: les estudiantes y docentes no nos contentamos con lo que se nos enseña alrededor de esta temática. El descontento parte no solo de su ausencia en la mayor parte de las instituciones sino también que esa misma ausencia o hasta las implementaciones devaluadas, con contenidos biologicistas en las materias de “Salud y adolescencia” o “Biología”, dejan lugar a una desinformación peligrosa.

Sin una educación sexual que nos permita cuestionar los roles de género impuestos, las relaciones entre ellos, su función social, que nos permita incorporar la existencia de las diversidades sexuales y de género, cuestionando la cisheteronorma capitalista, lo que queda en el imaginario social es una ideología de prejuicios que es impuesta por el Estado, sus instituciones y por las grandes industrias de los medios de comunicación y, en particular, la pornografía.

Una educación sexual donde se pueda ir a la raíz de los problemas es sumamente peligrosa para el propio Estado, que para defender los intereses de la clase dominante (la burguesía), debe dividir a la clase social oprimida (les trabajadores), educando en el odio de los varones hacia las mujeres y manteniéndolas a ellas subordinadas y aceptando su “destino incorrompible”. Esto no solo se expresa ideológicamente, sino a través de lo material: la brecha salarial y los mayores índices de pobreza entre las mujeres por los trabajos precarizados (mayormente, los trabajos “feminizados”) a los que pueden acceder y la casi nula falta de acceso a un trabajo registrado por parte de la población Lgbt+.

La educación sexual que tenemos

La familia obrera debe mantenerse como una unidad de producción y reproducción de las lógicas capitalistas: el hombre saliendo a trabajar y poniendo el pan sobre la mesa y las mujeres como cuidadoras, que deben realizar las labores del hogar gratuitamente y si es necesario, salir a trabajar pero recibir un salario que nunca le sea suficiente para poder funcionar sin el aporte extra de su marido.

Es así que, desde lo material hacia lo cultural, el Estado construye roles bien definidos entre las mujeres y los varones para que cumplan una función social determinada. Las personas que decidan romper con esos roles, principalmente las diversidades sexuales y de género que cuestionan en su propia existencia la familia patriarcal capitalista, pero también las madres solteras, las mujeres que deciden terminar con un embarazo, las que ponen sus oficios “por sobre la familia”, deben ser hostigadas, imposibilitadas de llevarlo adelante y hasta perseguidas por el propio Estado.

Este contexto es un caldo de cultivo para ser objeto de todo tipo de violencias: la sexualización de los cuerpos de les niñes, la violencia psicológica, los abusos y los femicidios, entre otras. Todas formas de subordinación y violencias que tienen el visto bueno desde el Estado. Como vimos en el taller, educación sexual por parte del Estado también es la justicia fallando a favor de los violentos, culpabilizando a las víctimas, en fallos aberrantes como el del fiscal Fernando Rivarola que catalogó de “desahogo sexual” una violación en manada; es un colegio persiguiendo a las estudiantes por vestirse “provocativamente”; es la detención de las personas Lgbt+ por expresar sus identidades y sexualidades, como Marian Gómez, procesada por besarse con su pareja en la Estación de Constitución.

Conclusiones

Esto fue colocado en el primer encuentro de los talleres de ESI, con gran participación de sus asistentes. La primera conclusión arrojada fue que de la mano de la lucha por una ESI laica, científica y que contemple a las diversidades sexuales y de género, debemos pelear por un cambio en profundidad en la organización social, para revertir la situación barbárica en la que nos encontramos las mujeres y el colectivo Lgbt+ en particular, y les trabajadores en general.

Invitamos a todes les estudiantes a participar en los próximos talleres que tratarán las temáticas de violencias, trata,  prostitución y aborto.

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