03/09/2018

Falsificaciones contrarrevolucionarias neostalinistas

En su labor contrarrevolucionaria de destrucción del bolchevismo, Stalin se empeñó no sólo en aniquilar-asesinar a la vanguardia revolucionaria, sino en desprestigiar su ideario falsificando la historia y creando infamias, incluso ridículas, contra los dirigentes de la Revolución de Octubre y cualquier liderazgo revolucionario. Falsificó documentos, trucó fotografías, inventó historias donde muchos revolucionarios aparecían como agentes secretos de Hitler, Mussolini o el Mikado (emperador japonés). Esta práctica repudiada por los revolucionarios del mundo entero, sin embargo, no ha desaparecido. Sigue asociada a algunas corrientes que reclamándose de izquierda se empeñan en enfrentar la lucha por la independencia política de la clase obrera y la reconstrucción de una internacional revolucionaria. Dos ejemplos recientes: uno internacional; el otro, lamentablemente, nacional.


I


El 19 de julio de este año (aniversario del inicio de la guerra civil española), la nieta de Juan Negrín –presidente de España entre 1937 y 1945– hizo un anuncio espectacular. En los sótanos de una antigua morada de su abuelo encontró cofres con documentación importante. Entre ellos, estaba toda la biblioteca requisada ilegalmente al POUM y en particular a Andrés Nin. Según Carmen Negrín, entre los libros “hay una cantidad de propaganda nazi impresionante” y uno “con una dedicatoria manuscrita del propio Joseph Goebbels”, ministro de propaganda de Hitler. Lo que ‘verificaría’ –según la nieta de Negrin– la mentira infame sobre la colaboración entre el POUM y el nazismo alemán y, por lo tanto, la justeza de la represión stalinista de 1937 contra la izquierda en el marco de la guerra civil española.


El 16 de junio de 1937, el local central del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en Barcelona fue allanado y detenida gran parte de su dirección. El POUM era un partido centrista que había coqueteado con la Oposición de Izquierda internacional, dirigida por León Trotski, pero se había negado a construir la IV Internacional. Trotski criticó fuertemente a Andrés Nin, principal dirigente del POUM por integrar el gobierno de Frente Popular en Cataluña, dado el carácter frenador y contrarrevolucionario que jugaban estos frentes de colaboración de clases. La persecución del POUM fue decretada por el nuevo gobierno de la República, encabezado por el presidente Juan Negrín, que había desplazado en un golpe interno, con participación protagónica del PC español y presión directa de los servicios secretos de Stalin (NKVD), a Largo Caballero. Estábamos en medio de la guerra civil originada por el levantamiento de Franco contra la República en julio de 1936. El nuevo gobierno se dedicó como una de sus tareas fundamentales a perseguir a la oposición de izquierda (trotskistas, poumistas anarquistas, etc.), colocándoles el mote de ‘quintacolumnistas’ del fascismo. Para justificar este ataque el stalinismo hizo circular una supuesta carta escrita por Nin dirigida a Franco, respaldando un plan de sublevación de la ‘quinta columna’ madrileña. Se trataba de una falsificación realizada por el NKVD, la policía política de Stalin.


En esa jornada Nin fue separado del resto de los dirigentes poumistas que fueron a prisión. ‘Desaparecido’, fue encerrado en una cárcel clandestina del stalinismo español y ferozmente torturado por agentes del NKVD tratando de que firmara una confesión de que era un agente de Franco. Los agentes de Stalin reproducían así los métodos de los ‘Procesos de Moscú’ de 1936 en adelante, donde principales dirigentes de la revolución de 1917 fueron juzgados por espías fascistas y ejecutados. Ante su negativa a ‘confesar’, Nin fue asesinado. “Presidente Negrín, donde esta Nin” fue pintado en las paredes de Barcelona, como parte de la campaña por la aparición y libertad del líder poumista.


La versión semioficial que se hizo circular fue que Nin había sido liberado de los servicios de seguridad stalino-republicanos que lo detuvieron, por «sus amigos de la Gestapo». ​ Así lo sostuvo el presidente Negrín.​ Los círculos stalinistas empezaron a responder «En Salamanca (donde había triunfado el golpe falangista) o Berlín (con Hitler)». No fue un hecho aislado: 4.000 militantes antifascistas opuestos al stalinismo fueron asesinados o detenidos.


El escándalo por Nin fue mayor: el propio Negrín en memorias escritas en el exilio, relata que tuvo una entrevista con Orlov, jefe de la NKVD en España quién le presento estas pruebas truchas -sobre que Nin era un fascista infiltrado- y las deshecho por completo. Pero nada hizo como Presidente para detener este trabajo contrarrevolucionario. (Importante: en este accionar estuvo directamente implicado Victorio Codovilla, que luego sería secretario general del PC de Argentina).


II


El Partido Comunista Revolucionario (PCR) de Argentina, que se reclama maoísta, publicó en su periódico 1712, de este año, un recuadro destacado con una falsificación directa para ensuciar a Trotski. La transcribimos directamente:


“Trotski (2): “A partir de 1920 sostuvo una encarnizada lucha de fracción contra la línea leninista del Partido, línea cuya meta era la edificación del socialismo en la URSS. En 1926 se puso al frente del ‘bloque oposicionista’ (Zinoviev, Kamenev, Trotski) contra la dirección del PC (b) y la Internacional Comunista. Fue expulsado del partido en 1927 por su actividad antipartido y contrarrevolucionaria. Exiliado en 1929, continuó la lucha en el extranjero contra la Unión Soviética y los partidos comunistas”. John Reed: 10 días que conmovieron al mundo. Ed. Nueva Senda, pág. 28”.


Se trata de una burda falsificación. Porque se pretende inducir al lector que ese texto fue la opinión de John Reed, dirigente revolucionario norteamericano que adhirió a la III Internacional. Pero no es así. El famoso libro, prologado especialmente por Lenin, fue escrito en 1919 y John Reed falleció en octubre de 1920. Por lo tanto, mal podía hablar de la política ‘contrarrevolucionaria’ de Trotski en 1926 y a partir de 1929. Es solo la rememoración de una patraña stalinista para hundir la figura y los planteos revolucionarios de León Trotski. El PCR tiene el ‘mérito’ de autoproclamarse stalinista, y efectivamente reproduce sus métodos contrarrevolucionarios de difamación y su política contraria a la independencia de clase y la revolución proletaria (hoy aliado directo del papa Bergoglio).


Pero John Reed en su libro nombra elogiosamente 52 veces a Lenin y otras 52 veces a Trotski. Pero solo una vez a Stalin: al transcribir la nómina del gobierno revolucionario.


El PCR nunca se ha pronunciado contra los procesos de Moscú, ni contra el asesinato de Trotski, menos sobre el secuestro, tortura y asesinato de Andrés Nín. A pesar de haber roto en 1968 con el PC argentino, dirigido por Codovilla, nunca criticó el rol de verdugo contrarrevolucionario jugado por este en España.


Las infamias contrarrevolucionarias del stalinismo serán enterradas por la revolución proletaria.

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