22/11/2020
INTERNACIONALES

Abajo la avanzada sionista en Cisjordania

El gobierno sionista ha autorizado la construcción de 1.313 nuevas residencias en Cisjordania. Además, ha dado aprobación parcial a otras 853, de las cuales medio centenar se edificarían en el asentamiento de Har Guiló, que se halla entre Jerusalén y Belén, y cuya consumación terminaría por bloquear el acceso de los habitantes cisjordanos al pueblo de Al Walaja. Las edificaciones restantes quedarán distribuidas en más de 10 colonias.

Estamos ante un nuevo episodio de la anexión sionista del territorio palestino. Si bien el llamado “Acuerdo del Siglo”, promovido en sus albores por el tándem Netanyahu-Trump, ha sido suspendido como consecuencia directa de la crisis política en Israel, el desmadre sanitario del Covid-19 y el insuficiente apoyo internacional, la tentativa colonizadora del Estado sionista se sigue desarrollando sin pausa.

La expoliación de Cisjordania

La acometida anunciada por el sionismo tiene como propósito continuar transitando la hoja de ruta de un proceso histórico de expropiación del territorio palestino que se ha intensificado de manera muy aguda con apoyo del gobierno estadounidense de Donald Trump.

El año 2020 culminaría con el gobierno de Benjamín Netanyahu consagrándose como el máximo usurpador de tierra palestina. Las autoridades militares que intervienen en la ocupación de Cisjordania han autorizado, en lo que va del año, la construcción de 12.159 nuevas viviendas para colonos, lo que constituye un récord. Estos números superan una marca que en 2012 ascendió a 11.159 viviendas aprobadas, cuando el entonces presidente Barack Obama escoltaba a Netanyahu en el tablero político palestino (El País, 28/10). Actualmente, más de 450.000 israelíes viven en las colonias cisjordanas, mientras que otros 200.000 se encuentran en Jerusalén Este.

En medio de esta avanzada, los Emiratos Arabes, Sudán y Bahréin han suscripto acuerdos diplomáticos y han reconocido al Estado israelí, una puñalada más de las burguesías árabes a la causa palestina.

El nuevo atropello sionista se da en el marco de la reciente, y provocativa, visita del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, a Cisjordania y al Golán, con lo que se convirtió en el primer funcionario de alto rango en visitar asentamientos israelíes.

Nabil Abu Rudeina, portavoz del presidente palestino, Mahmud Abás, ha convocado a la “comunidad internacional” a presionar al premier israelí con el objeto de “detener” su política de construcción de asentamientos. Sin embargo, la Autoridad Nacional Palestina viene de tomar la decisión de reanudar las relaciones con Israel –incluidas las que conciernen a la cooperación en seguridad-, que había suspendido hace seis meses como reacción al “Acuerdo del Siglo”, y de retirar su rechazo a recibir la recaudación impositiva que Israel giraba al gobierno palestino. La falta de estos fondos, que representaran el 60 por ciento del presupuesto de la ANP, se ha traducido en recortes salariales que fueron sufridos por decenas de miles de trabajadores estatales, agudizando un cuadro social ya de por sí aciago (The New York Times, 17/11). El anuncio se produjo dos días después de que Israel diera luz verde a un proceso de licitación para la construcción de 1.257 viviendas en Givat Hamato.

La disposición por parte de la ANP de restablecer los vínculos con Israel estaría fundamentada, entre otros puntos, en las expectativas colocadas en el presidente yanqui electo, Joe Biden. Hamas, por su parte, ha rechazado esta orientación.

Joe Biden, un sionista

Al calor de las elecciones norteamericanas, ha surgido el interrogante sobre el carácter que adquiriría la política exterior de Biden con relación a Palestina. Se trata, pues, de un aspecto fundamental en el devenir de la palestra política mundial.

Desde su lugar como senador por Delawere, el demócrata Biden realizó en 1973 su primer viaje oficial al extranjero para reunirse con la premier israelí Golda Meir. El futuro mandamás yanqui ha catalogado su primeriza aventura como “una de las reuniones más importantes de su vida”, pues allí tuvo lugar lo que sería la génesis de su apoyo incondicional al Estado sionista. “Si no hubiera un Israel, los Estados Unidos de América tendrían que inventar un Israel para proteger sus intereses en la región», dijo a los legisladores en medio de un discurso pronunciado en junio de 1986 (Al Jazeera, 8/11). Al año siguiente, comenzaba la ayuda militar anual de 3 mil millones de dólares que Israel continúa recibiendo de sus aliados norteamericanos.

En una primera aproximación al problema se puede afirmar que Biden mantendrá, en sintonía con la política trumpista, la Embajada en Jerusalén y el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los altos del Golán. El demócrata ha manifestado, a su vez, su disposición a continuar incentivando al conjunto de los países regionales a seguir el camino emprendido por los EAU y compañía, patrocinado por Trump, a fin de normalizar las relaciones con Israel. Por otro lado, se “comprometió” a revertir la retirada del apoyo económico que realizara Trump a los palestinos, y a reabrir la misión de la OLP en Washington, así como un consulado yanqui en Jerusalén. Se “opuso”, asimismo, de palabra, a la anexión de Cisjordania –aunque fue un defensor de esta política desde su lugar como vice de Obama-, y por otra parte ha reivindicado la confiscatoria solución de los dos estados, es decir, el avance hacia un seudoestado palestino, bajo la tutela militar de Israel. Esta salida, de todos modos, es inviabilizada por la propia expansión sionista.

En resumen, Biden buscará recuperar el ascendente político sobre la ANP perdido con Trump, pero manteniendo en todo lo esencial la política de alianza con el sionismo.

Fuera las manos sionistas del territorio palestino

La movilización del pueblo palestino y la movilización solidaria de todos los trabajadores es la clave para quebrar el Acuerdo del Siglo y el avance de los asentamientos, en la perspectiva de terminar con el Estado sionista, lo que va de la mano de la lucha por una Palestina única, laica y socialista como parte de una federación socialista de pueblos de Medio Oriente.