27/03/2003 | 794

Abajo la guerra imperialista y todos los gobiernos que la instigan – Defender Irak contra los invasores anglo-norteamericanos

1. El imperialismo norteamericano, su acólito británico y todos sus cómplices en el mundo capitalista han abierto las compuertas de la barbarie, generada por su sistema social en descomposición, lanzando, finalmente, su campaña militar contra Irak. No es solamente una agresión no provocada contra el pueblo iraquí; es una nueva ola de crímenes contra la Humanidad.


El nuevo loco Nerón en la Casa Blanca, George W. Bush, viendo a Irak en llamas y leyendo la declaración de guerra, cínicamente reconoció que un número desconocido de vidas de civiles inocentes será sacrificado como «daños colaterales» y, además, que la agresión imperialista contra Irak y el «cambio de régimen» en Bagdad eran sólo el paso inicial de una terrorista «guerra contra el terrorismo» de duración indefinida en todo el Medio Oriente y en todo el planeta. Irán, Corea del Norte, Siria, Arabia Saudita, Yemen, una serie de ex repúblicas soviéticas (de acuerdo a una declaración del propio régimen de Putin), otros 60 países colocados como parte del «Eje del Mal» son blancos en la inconclusa lista de agresiones terroristas del imperialismo.


Los objetivos de la guerra del imperialismo norteamericano no son sólo la ocupación militar de un Irak rico en petróleo sino también el rediseño del mapa político de todo el Medio Oriente y la radical reestructuración de todas las relaciones entre los Estados y las clases a escala internacional, de acuerdo con las urgentes necesidades de la ascendente e insoluble crisis capitalista mundial.


Como es bien conocido, los neo-hitlerianos que están al mando en Washington, la banda de los «neo-conservadores» de Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld y Dick Cheney ya en 1997 diseñaron un «Proyecto para un nuevo siglo norteamericano», o PNAC (según la sigla en inglés), en el que llamaban al «derrocamiento del régimen de Saddam Hussein del poder» y a una «reafirmación de la supremacía de Estados Unidos» en esa región estratégica y en todo el mundo. El PNAC fue correctamente caracterizado como «un diseño de la dominación mundial de los Estados Unidos». La tormenta de misiles Cruise y Tomahawk sobre Bagdad desde el 20 de marzo en adelante son el primer acto de implementación de este escenario de pesadilla.


Pero el grandioso «Proyecto para un nuevo siglo norteamericano» llevará más bien a un «Siglo anti-yanqui». Los guerreristas y criminales de guerra han subestimado tanto las reacciones como la resistencia de las masas oprimidas en la región y en el mundo así como también el impacto de la guerra en la crisis que se agudiza de su propio sistema social.


La globalización financiera de las últimas décadas no sólo fue incapaz de contener la crisis o de iniciar una nueva época de capitalismo triunfante en todo el mundo, sino que condujo a catástrofes sociales, cracks financieros internacionales, bancarrotas de países enteros como Argentina y ha degenerado en una serie de guerras cada vez más devastadoras. El imperialismo manifiesta claramente su naturaleza como la etapa histórica de la descomposición capitalista y la barbarie, una época de guerras y revoluciones.


El colapso de la Unión Soviética no regeneró al sistema capitalista, históricamente en decadencia. Una década después, el capital encuentra una vez más su barrera en el propio capital.


2. La reafirmación de la política imperial de los Estados Unidos no es una manifestación de la fortaleza «invencible» de la «única superpotencia del mundo» como afirman los apologistas y los impresionistas. Es la manifestación de la declinación de la fuerza capitalista hegemónica más poderosa, los propios Estados Unidos, en el marco de la declinación histórica y de la crisis del capitalismo mundial. El colapso del sistema de Bretton Woods en 1971 y la histórica victoria de la revolución vietnamita en 1975 marcaron el punto de viraje. A partir de la década de los ‘80, el capitalismo norteamericano se transformó del mayor exportador de capital en el mayor importador, financiando sus déficits comerciales y del presupuesto federal con ingresos de capitales externos. No puede regular sus propias contradicciones internas sin un equilibrio mundial, que colapsó con la erupción y desarrollo de la crisis capitalista mundial. El capitalismo norteamericano, a pesar de su superioridad con relación a los capitalismos europeo y japonés, acumuló en sus fundamentos todas las contradicciones mundiales. El capitalismo norteamericano necesita urgentemente una nueva forma de dominación en el caótico mundo de la posguerra fría.


Este rediseño de las relaciones políticas internacionales y de las relaciones de clase significa el inicio de un período de explosiones políticas y levantamientos sociales. La política exterior de los Estados Unidos se ha transformado en el mayor factor de radicalización política en el mundo al empujar a millones a las calles en acciones contra la guerra y contra el imperialismo, al desestabilizar regímenes y gobiernos, en todos los continentes, al exacerbar todas las contradicciones económicas y políticas del capitalismo mundial.


3. Nacida de la crisis, la guerra está profundizando la crisis en todas sus formas. Las tendencias mundiales a la deflación y a la depresión se acelerarán. La Unión Europea es particularmente vulnerable pero la economía de los Estados Unidos, el centro de la crisis mundial, no escapará al momento de la verdad.


La campaña hacia la guerra exacerbó todos los antagonismos internacionales, escaló dramáticamente el conflicto entre Europa y Estados Unidos, fracturó a la Otan y a la Unión Europea, destruyó las Naciones Unidas como las conocimos después de la Segunda Guerra Mundial. Ha comenzado un período de crisis políticas y convulsiones. Millones de oprimidos, particularmente la juventud, participan en la corriente de manifestaciones de masas y acciones contra la guerra en todos los países, tanto en el centro como en la periferia, en una escala nunca vista desde la guerra de Vietnam. Muchos meses antes de la guerra, millones estaban en las calles. Desde el 20 de marzo, la ola del movimiento de masas contra la guerra continúa creciendo en todo el mundo, desde Nueva York, San Francisco y Londres a Buenos Aires, El Cairo, Atenas, Jerusalén, Roma, Madrid, Bilbao, Amman, París, Berlín, México, Sanaa, Sydney y Tokio. Esta «Tormenta de las Ciudades» de los pueblos superó la imperialista «Operación Tormenta del Desierto» de la Guerra del Golfo de 1991. Las masas se han convertido en un factor integral y poderoso en la política mundial, que afecta las operaciones militares, que debilita todos los preparativos políticos de las clases dominantes, que desestabiliza gobiernos y regímenes. No habrá cambio de régimen sólo en Bagdad. El grito de guerra del pueblo argentino – ¡Que se vayan todos! – está en vías de ser globalizado.


4. Los invasores imperialistas tendrán que enfrentarse no sólo con el heroico pueblo de Irak en el campo de batalla sino también con un movimiento contra la guerra sin precedentes.


Ahora más que nunca, la clase obrera mundial, la juventud y todas las masas oprimidas, todas las organizaciones obreras y los movimientos populares deben desarrollar una incansable campaña contra la guerra con manifestaciones de masas, acciones de huelga y huelgas generales, bloqueos de embajadas y bases militares de los Estados Unidos y Gran Bretaña, interrumpiendo todo transporte de personal o material militar por vías férreas, puertos y aeropuertos. Particularmente en los países que participan en la campaña encabezada por Estados Unidos, deben enfatizarse los reclamos de «ni un soldado ni un centavo para la guerra» y «traigan a las tropas de vuelta». Esta guerra imperialista reaccionaria debe ser parada y derrotada por la acción clasista de masas e Irak y su pueblo deben ser defendidos incondicionalmente hasta la victoria.


Llamamos a los kurdos y a sus luchadores a rechazar toda forma de colaboración con el imperialismo norteamericano y las fuerzas armadas turcas, a bloquear cualquier intento de abrir un Frente Norte por Estados Unidos y/o la ocupación turca de Kirkuk, Mosul, y la región de Kurdistán del Sur. ¡Por el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo kurdo! ¡Por la unidad de los kurdos y el pueblo árabe iraquí para derrotar a los invasores imperialistas!


Los pueblos kurdo y palestino pagarán, junto con los pueblos de toda la región, un enorme precio si esta guerra imperialista gana. ¡Derrotar la expulsión de la población palestina planeada por los perros de guerra sionistas de Bush! ¡ Abajo con la máquina de terror estatal y de ocupación del sionista Sharon! ¡Por el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino! ¡Por la victoria de la Intifada! ¡Por una Palestina laica y socialista en todo su territorio histórico en el marco de una Federación Socialista del Medio Oriente!


Las ilusiones que se difunden en el papel de las Naciones Unidas o del imperialismo europeo, particularmente del francés y del alemán, y toda forma de colaboración de clase con los capitalistas en el propio país en nombre de la «paz» deben ser rechazadas. La independencia política de la clase obrera es crucial para unir a todas las masas populares contra la guerra y el sistema social que la genera. Las fuerzas revolucionarias tienen que intervenir fuertemente en las crisis políticas producidas por la guerra para transformarlas en situaciones revolucionarias y convertir la guerra imperialista en una guerra de liberación del yugo imperialista y la esclavitud capitalista.


El camino hacia un mundo con paz y justicia es el camino de la revolución socialista mundial.


Llamamos a los luchadores de vanguardia en todo el mundo a unirse a la lucha por construir una Internacional revolucionaria de los trabajadores, la lucha por la Refundación de la IV Internacional para conducir esta lucha contra la guerra imperialista y todos sus gobiernos, por el poder para los trabajadores y el socialismo mundial.


 


23 de marzo de 2003

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