Acuerdo Estados Unidos-Irán: un recule de Trump que no cancela la guerra

Trump

El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció que Estados Unidos e Irán alcanzaron un "acuerdo de paz". El paso marítimo de Ormuz volverá a operar a partir del viernes, una vez que se formalice el entendimiento alcanzado entre ambas partes. "¡Dejemos que el petróleo fluya!”, “El acuerdo con la República Islámica de Irán está ahora completo", declaró el presidente estadounidense. Se firmaría un memorándum que contempla un comienzo de tratativas a partir del 19 de junio.

Por más que Trump pretenda disimularlo, estamos en presencia de un revés de Estados Unidos que no logró imponer las condiciones que se había propuesto al iniciar la guerra. En el acuerdo no figura el desmantelamiento del programa nuclear ni la entrega de sus reservas de uranio ni siquiera el desarme de su arsenal misilístico sobre los cuales venían Washington exigiendo insistentemente. Todos estos aspectos quedan reservados para una segunda etapa de la tratativa. El compromiso se circunscribe a la reapertura del estrecho de Ormuz, que venía funcionado con anterioridad al conflicto, o sea, a una vuelta a la condición preexistente antes del inicio de la guerra. La pretensión original de tumbar al régimen de los ayatolás ha quedado en el olvido.

En este contexto, es lógico que en irán, sometido a casi 50 días de una ofensiva brutal por parte de Estados Unidos e Israel, el anuncio haya sido celebrado con beneplácito. El viceministro de Asuntos Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, declaró que “Irán salió vencedor en la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos”. “El enemigo, que atacó para llevar a cabo sus designios malintencionados, ha visto todos sus objetivos reducidos a la nada, y la República Islámica de Irán ha logrado grandes victorias en esta guerra", agregó que en un plazo de 60 días se iniciarán conversaciones para un "acuerdo final” (Infobae, 15/6)

La premura de Trump de cerrar un acuerdo está dictada por el salto que la guerra con Irán ha provocado en la crisis capitalista mundial. Las reservas internacionales para afrontar la escasez de petróleo se están agotando y esto podría terminar de desatar una disparada inflacionaria de proporciones incalculables y un dislocamiento de la economía mundial. El aumento de los precios del petróleo se está sintiendo no sólo en los surtidores de nafta sino en los alimentos, los fertilizantes y en otros insumos básicos, que va aunado a una retracción de la economía. El impacto se está verificando especialmente en Estados Unidos donde el descontento de la población crece. Los índices de reprobación de la gestión de Trump se acercan al 70 % y amenazan con una derrota de los republicamos en las elecciones de medio término que tendrán lugar a final de año.

La conjugación de estos factores de crisis, tanto externos como internos, ha sido determinante para acelerar este compromiso en el que la Casa Blanca salió prácticamente con las manos vacías. Esto dio lugar a una reprobación de alas conservadoras del Partido Republicano que denuncian que este acuerdo es peor que el firmado en su momento por Obama y que el magnate viene repetidamente criticando.

Por otra parte, el acuerdo no se ha sido del agrado de Israel. Viene al caso señalar que el memorándum de entendimiento por el cese de hostilidades incluye al Líbano, pero el régimen sionista ha continuado con sus operaciones militares. El gobierno de Netanyahu ha manifestado su voluntad de no retirarse, ocupar y anexar la parte sur del país vecino. Esto se combina con un nuevo ataque israelí en el sur de Gaza pese al alto el fuego en vigencia. Esta situación constituye un factor mayúsculo.  de crisis que revela hasta qué punto el acuerdo está prendido con alfileres.

Esto vuelve a confirmar que estamos a ante un compromiso habilitante pasajero, que es la antesala de nuevas confrontaciones. La escalada bélica en curso, que ha terminado por envolver prácticamente a todos los países de Medio Oriente, forma parte de los planes de Estados Unidos quienes pretenden un rediseño del planeta a su medida y de acuerdo a su necesidad y por esa vía contrarrestar el declive norteamericano y las tendencias cada vez más marcadas del impasse que sacude a la economía mundial capitalista. El imperialismo no va a renunciar a ese objetivo estratégico

En la medida que no hay nada acordado sobre los temas controvertidos, no hay que descartar que las negociaciones previstas terminen en un fracaso, o tirando nuevamente la pelota para adelante en un cuadro absolutamente endeble que terminen siendo el preludio de una reapertura de hostilidades. Cualquiera sea la variante, Washington va a utilizar esta pausa para aceitar su maquinaria y despliegue bélicos, en vistas a tener todos los dispositivos listos para una continuidad de la guerra.

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