27/02/2014 | 1303

Adónde va Venezuela

Un artículo del escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero, en Tiempo Argentino, el domingo pasado, sirve como punto de partida para analizar la actualidad de Venezuela. Para Guerrero, biógrafo de Hugo Chávez y chavista declarado, lo ocurrido a mediados de mes fue «una aventura insurreccional de la agrupación derechista Voluntad Popular». Esta caracterización demuele el planteo de que el gobierno de Nicolás Maduro hubiera enfrentado en algún momento una amenaza de golpe real. Guerrero descalifica incluso la posibilidad de «aceleración de los tiempos políticos» en términos inequívocos: «Eso no está asegurado -dice-, según las actuales condiciones internacionales. Esta vez -refuerza Guerrero-, los grupos económicos y financieros más importantes del país se retrajeron. Fedecámaras, protagonista en 2002 y 2003, no acompañó en su aventura».

Lo que Guerrero viene a decir, en un lenguaje un poco más “ortodoxo”, es que el imperialismo no quiere un golpe en Venezuela hasta donde alcanza la vista. Es curioso que no cite, en apoyo de su caracterización, el planteo del dirigente opositor Henrique Capriles, para quien la descomposición política y económica del proceso bolivariano todavía no ha alcanzado su punto de madurez y tampoco ha volcado a una masa significativa del chavismo hacia la oposición de derecha. Es probable, decimos nosotros, que este vuelco no ocurra nunca y que el verdadero temor de la derecha es que un golpe de Estado desate una crisis revolucionaria. Guerrero, de nuevo, cita a quien define como «el académico derechista más respetado», quien escribió que «La agenda de López (el jefe derechista detenido) no se corresponde con asuntos de política nacional».

Guerrero no abunda en ejemplos para ilustrar su tesis acerca de «las condiciones internacionales» inadecuadas para un golpe, pero salta a la vista que el chavismo se ha entrelazado fuertemente con importantes capitales petroleros en la explotación conjunta de la cuenca del Orinoco, los cuales no tienen interés en una desestabilización política. Venezuela, por otra parte, es garante decisivo de las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano con las Farc, que cuentan con el apoyo por un lado, de Cuba, y por el otro, de Estados Unidos. La salida al conflicto colombiano ocupa un lugar estratégico en la agenda de Washington. Brasil, asimismo, es un protagonista fundamental en todo el asunto, con fuertes inversiones en infraestructura en Cuba y en Venezuela. Casualmente, en las vísperas de la ‘aventura insurreccional’, la UE (que sabe mucho de esto, como se ve en Ucrania) derogó un embargo comercial que venía aplicando contra Cuba.

Guerrero está seguro de que la mentada ‘aventura’ fue «derrotada». No se entiende por qué habla en su texto de la necesidad de «blindar la democracia bolivariana y su gobierno constitucional». Para Guerrero, al cabo de catorce años de chavismo, «se impone como inmediato (¡!) revolucionar el modelo rentista de control corporativo centralizado», lo cual significa la admisión de que en Venezuela no gobiernan los trabajadores sino camarillas que se apropian de la renta petrolera del país. Este ‘corporativismo centralizado’ -prosigue Guerrero- convirtió en improductiva la producción, en frágil la moneda y ayudó a la oposición a colapsar la distribución. Y lo peor, alejó del gobierno a capas del chavismo».

Guerrero describe un derrumbe político. Si esto es así, la ‘aventura’ no fue ‘derrotada’, sino que se ha constituido en una suerte de ensayo general. Las milicias y militancias de un sector de la derecha han pasado una prueba de confrontación directa con un gobierno gastado. «Revolucionar el modelo de renta petrolera» significa que los parches, las reformas y los ajustes no son salida, sino que la única vía para ello es un cambio de estrategia. Pero hablar de cambio de estrategia es hablar de un cambio en la conducción de clase del proceso histórico. En una columna adyacente del mismo diario, el kirchnerista Tiempo le da espacio a otra propuesta: «Fortalecer el centro y acordar con la oposición moderada de Capriles». Juntando todas estas apreciaciones, emerge que el chavismo se encuentra en una situación histórica terminal.

En los últimos días, Maduro ha recogido, al menos de palabra, la propuesta del «acuerdo nacional», lo que de todos modos es una indicación de línea política general. No existe la menor duda, sin embargo, de que es una vía sin salida para gran parte del chavismo y de sus cúpulas militares. Para volver al principio de esta nota, «en las actuales condiciones internacionales» se cocinan golpes y revoluciones, como ocurre en la mayor parte del mundo. Es la crisis mundial.

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